Viaje Solidario a El Durazno, Provincia de Jujuy

16 de octubre de 2023 – 24 de octubre de 2023

Contexto

En un país revolucionado y agobiado por la situación económica que aprieta el bolsillo de todos, en vísperas de elecciones presidenciales y con un generalizado desánimo en la población, Siete Vueltas, atraviesa a diferencia de este negativo contexto general, el mejor momento desde su nacimiento como Asociación Civil.

Los ingresos que permiten brindar asistencia a este paraje trascienden la ayuda de familiares y amigos. Aquello que alguna vez fuera la limitante para el desarrollo de otros proyectos quedó atrás gracias al acompañamiento de algunas empresas y de otros particulares que supieron valorar la transparencia en las tareas desempeñadas, viendo el responsable cumplimiento de los objetivos y valorando el amor con el que se hacen las cosas.

En esta oportunidad el grupo que visitará a los amigos del norte será reducido. Grubi, el presidente de la asociación aún no está preparado para viajar. Asimismo, afirma que el próximo viaje será de la partida. Rosana, médica de profesión, está complicada laboralmente. Maru, a quien ya conocen por su amor a los quebradeños, le impide viajar la falta de vacaciones y minutos antes del viaje se arrepentirá de no hacerlo. Serhiy, en cambio, fue el amor quien lo llevó a modificar su agenda y disfrutar en pareja de unos merecidos lluviosos días en Río de Janeiro. Para Marcela aún no está en sus planes viajar, pero brinda desde Buenos Aires un inconmensurable apoyo administrativo que es fundamental para una tranquila estadía de los viajeros. Izzy, quien hasta último momento estuvo por subirse al avión, el destino lo llevó a tierras lejanas. La incomprensible India, o Bharat como fuera bautizada actualmente, lo esperaba para acarrear un nuevo proyecto familiar. En conclusión, la dupla viajera la constituyeron Juani y Ale, dos históricos que no pierden oportunidad para volver a los pagos donde respiran felicidad. A ellos, de alguna manera, siempre les parece buena la idea de visitar los valles. No solo los moviliza la necesidad de paliar las carencias del prójimo como acto de amor o por el acto filantrópico en sí mismo, si no también, la consolidada y férrea amistad que los une con cada uno de quienes componen la comunidad de El Durazno.

Pasaron aproximadamente seis meses desde la última visita que Siete vueltas concretara. La ansiedad por viajar es obvia y, sin dudas, está acompañada por la incertidumbre que genera la flamante autoridad de la escuela. La señora directora Violeta Flores parece trabajar con el reglamento sobre el escritorio y, si bien esto no es reprochable, pone límites a costumbres que eran propias de tantísimas visitas en las que Siete Vueltas se sentía local. Días antes del viaje se debieron tramitar los permisos solicitados por ésta. Debían estar firmados por el Ministerio de Educación autorizando el ingreso al establecimiento y ser presentados con antelación al viaje. En literales palabras: “el grupo no entraría bajo ningún concepto si carecía de dicha autorización”. Al parecer,  luego de innumerables visitas, viendo pasar cinco directoras y pese a la ayuda brindada año tras año se sentirían extraños, incómodos y empezando de cero.

María Canevire, exdirectora, ya no está a cargo de la institución, fue trasladada a Vizcarra como maestra de grado. Curiosamente, ésta también es una escuela rural jujeña con los mismos aspectos culturales y problemas que todas las demás, pero con un riesgosísimo condimento. El efecto contaminante de la actividad minera que se encuentra en pleno auge dentro de la provincia puso en jaque mate la potabilidad del agua de consumo. Es por ello, que la asociación dispuso a su favor la entrega de agua mineral envasada evitando el cierre de la escuela a cuarenta y cinco días del final del ciclo lectivo.

A continuación, los sucesos.

Lunes 16 de octubre

Llegó el día. Los vuelos de madrugada siempre complican la tarea logística. A las 3:30 am Juani se hizo presente en casa de Ale para que juntos pongan rumbo al aeroparque de la ciudad de Buenos Aires. Este inhumano horario mezclado con la ansiedad propia de cualquier viaje provoca el desvelo de quien desea descansar un rato antes de partir. Sin dormir, llegan al destino y luego de incomprensibles indicaciones y señalizaciones para estacionar el auto logran despachar las mochilas que se encuentran siempre al filo del pesaje permitido. Una charla de café ayuda a matar el tiempo y se hace la hora para embarcar.

Con 10 minutos de demora en el despegue, el vuelo, fue de lo más placentero. A las ocho los esperaba en una cálida bienvenida el marido de María, Marcelo, para hacerles el traslado desde San Salvador a Tilcara. Subiendo las mochilas al automóvil se percataron que luego de 10 años la obra del aeropuerto estaba concluida, cosa que les pareció inverosímil.

Previa parada técnica en estación de servicio como es costumbre, arribaron a Tilcara alrededor de las 11, sin verse perjudicados por los cortes programados que afectan al paso en la Ruta Nacional Nro. 9 debido a una protesta social. Pasaron primero por el Hostal La Colorada donde Sandra ya los esperaba con su hospitalidad de siempre para hacer entrega de las llaves de la cabaña de la calle Sorpresa.

Marcelo cargó en su vehículo 15 mochilas nuevas con útiles que María, en nombre de Siete Vueltas, entregaría en la Escuela nro. 215 de Vizcarra donde, oportunamente, enviara el agua mineral que evitaría la suspensión de clases a pocos meses de terminar el año.

Acomodados en la cabaña desembalaron bolsos lo más rápido posible y pusieron rumbo al mercado para no perder la costumbre. Les quedaba poco tiempo antes de que cierre. Como cuando la carroza se convierte en calabaza, a las 14, éste se convierte en polideportivo. Es allí donde uno puede encontrar absolutamente todo lo que garantice la vida en la tierra, aunque demás no está aclarar, que todo artículo que allí se consiga terminará siendo de dudosa calidad.

Nunca estuvieron tan organizados como esta vez. La vuelta a la feria duró poco y sirvió para ganar tiempo en el almacén donde compraron alimentos para las viandas de marcha y otras cosas dulces para la estadía en las alturas.

Cerca del mediodía volvieron a pasar por el Hostal para entregarle a Sandra y a Diego unos presentes. Sin ellos parece imposible la logística de las donaciones. El hostal dispone una habitación exclusiva que alberga las cajas hasta el arribo de los viajantes, incluso en época de carnaval donde hay tanta demanda de lugar para dormir que sería lógico si les pidieran que sacaran las cosas. Aunque esto jamás sucedió.

Durante la charla preguntaron por Diego, ya que no se encontraba presente. Un libro de regalo lo aguardaba. Él es fanático de la lectura y de la cultura de la quebrada. Lamentablemente y a su pesar, Sandra cuenta sobre el fin de la relación laboral que la unía con su socio. Desavenencias típicas comunes a todo lugar.

Luego de los abrazos pertinentes, el hambre se hizo notar. Caminaron hasta “El Patio”, lugar que en el que nunca habían comido. En el trayecto vieron a Chuspita, viejo conocido de Siete Vueltas. Éste se presentó a elecciones para intendente de Tilcara recientemente. Su candidatura fue desastrosa y recolectó muy pocos votos, teniendo en cuenta que quien ganara lo hizo apenas con 400 votos.

En el restorán comieron empanadas, tortilla de papines y carne a la plancha bajo una glorieta muy bonita. Para hacer la digestión vinieron bien un par de vueltas a la plaza mirando los puestos archiconocidos de todos los años.

Luego de una reconfortante siesta recibieron a Jésica, la sobrina de Primitivo Pérez. Entre intercambio de papeles y directivas se hizo la tarde noche. Se dirigieron nuevamente al hostal porque las camionetas que debían hacer los traslados de las donaciones hasta el final de camino vehicular estarían disponibles a las 20, y de ese modo ya quedarían cargadas para el día siguiente, ahorrando valiosísimo tiempo de descanso. Lamentablemente, esta oportunidad se vio frustrada por una emergencia a la que debieron acudir tanto la camioneta del hospital como la de los bomberos voluntarios. Pese a ello, aprovecharon a trasladar junto con el hijo de Rulo, Jhonatan Axel Abraham, las cajas desde la habitación asignada hasta el pasillo de entrada acortando unos cuantos metros y tiempo para el otro día. Es increíble ver la predisposición al trabajo de los niños, quienes no dudan en prestar una mano por más arduo que sea el trabajo. Acostumbran a poner el lomo desde pequeños y son felices al sentirse útiles.

Llegó la hora de la cena y luego de una extendida espera se encontraron sentados en la parrilla “Los Puestos”, como para no variar. Los invitados fueron Rulo, Rosi y Jhonny. Por supuesto, los locales pidieron las típicas milanesas napolitanas que comen cada vez que Siete Vueltas los invita. Este elixir lo cenan y lo desayunan como “avio” durante la subida al Durazno sin excepción. En cambio, los foráneos comieron una parrillada que curiosamente no tenía asado de vaca.

Luego de una noche sin dormir, y previo al día intenso que se avecinaba, no había otra opción que terminar de armar las mochilas de marcha e intentar descansar un poco, si la adrenalina lo permitía.

A las 23, y estando los dos acostados, pensaban sobre el desafío del día siguiente, que sería toda una incógnita.

Martes 17 de octubre

Ninguno de los dos durmió bien esa noche pese a las comodidades del lugar. Algo raro tienen esas altitudes que el descanso se ve perturbado, incluso no habiendo peñas encendidas. A las 4:00am sonaron los despertadores. Sin dudas, este es el gran día y no se trata de cuantas veces hayas ido al Durazno, la altura puede darte una sorpresa.

Una ducha reconfortante y quizás la última caliente despabiló a los compañeros que luego de haber cerrado mochilas, y repasar una y mil veces las existencias, caminaron hasta la plaza chica. Allí las camionetas debían recogerlos frente a la iglesia a las 5 de la mañana. Si bien llegaron con un poco de retraso no fue un problema. Lo qué si fue peor es el caso de la familia Gregorio, que debía estar puntualmente a las 5. Los muchachos hicieron hincapié durante la cena anterior conociendo su mal hábito para con la puntualidad. 45 minutos más tarde se hicieron presentes como sí nada. El motivo, una sonsera: se olvidaron las milanesas para el avio. La mala cara de los “clavados” era indisimulable, aunque esta cuestión de las repetidas demoras es un clásico en los viajes al Durazno. Quizás, era buen augurio, quien sabe.

Cargaron rápidamente las donaciones en el hostal para recuperar tiempo perdido. A las 6, se encendieron los motores tanto de la camioneta del hospital y como la de los bomberos. Con las cargas bien sujetas cruzaron el trópico de Capricornio, distinguible por un hito al costado de la ruta, y se adentraron en el pueblo de Huacalera para tomar un camino rural ascendente que llega hasta lo más alto de los cerros. Este camino, que tiene por destino Molulo, es una obra vial complicada por su altura y sinuosidad que viene desarrollándose hace muchos años y que tanto por decisiones de las autoridades de turno o bien por el desacuerdo de las comunidades de pueblos originarios se paraliza recurrentemente haciéndose eterna su culminación.

Con un poco de pánico por la escenografía, por lo cerrado de las curvas y por algunos carteles intimidatorios referentes a los turistas que osan pasar por allí, dejaron atrás la escuela de Alonso para adentrarse en los territorios que comprenden la comunidad de Loma Larga y llegaron hasta “Sobre la Puerta”, o sea el fin del camino a las 8:30.

Todos esperaban allí en medio de una nube que poco dejaba reconocerse. La comunidad no les fallaba una vez más y todos concurrían con sus cargueros, pese a la falta de comida que los tiene flacos y sin fuerzas.

Nueve en punto dejaron atrás la comunidad que cargaba los animales. Primeriaron sabiendo que más temprano que tarde serían alcanzados. Este camino era nuevo para ellos, si bien lo habían tomado al regreso del último viaje no lo recordaban a la perfección por haber sido un día de mucha niebla y lluvia que les impidió tomar referencias geográficas para poderse ubicar.

El pequeño Jhonny de 12 años ofició de guía de alta montaña. Les esperaba una larga bajada que pondría a las articulaciones de las rodillas al rojo vivo. Las nubes fueron ganando el camino, aunque el frío no apretó a esa altitud como otras veces. Sin tiempo para desayunar y con ganas de ganarle al mal tiempo, don Chabelo, el portero de la escuela, los alcanzó con ganas de charlar pese a ser un hombre de pocas palabras. Pasaron por Huayra Huasi (la Casa del Viento) y también por lo de doña Elba, que vende quesos de cabra al borde del precipicio y, también, por Inticancha (Templo del Sol)

A las 13hs se encontraban en el río Chico, lugar donde oportunamente Siete Vueltas construyó un puente. Con pies y rodillas cansados llegaron a las 14:00 al puesto sanitario con el fin de avisar a la familia, a través del internet que brinda la asociación civil, que habían llegado exitosamente, pero les fue imposible. Carlitos Mamaní, el agente sanitario, no sé encontraba en el lugar, dejó apagado el router que da conectividad y no llegaría hasta entrada la noche. Esta información fue provista por don Primitivo que se puso muy feliz al ver llegar a los viajeros sanos y salvos. El internet del puesto sanitario es un servicio suministrado por la asociación y es de uso libre para toda la comunidad sin restricciones y sin condición de que él se encuentre in situ. Este delicado tema preocupó a los compañeros de viaje que lo tomaron como algo a resolver. Decidieron entonces esperar al grupo de cargueros que venían por detrás y que se dirigirían directamente a la escuela con las donaciones para pedirles que avisen a sus familias que todo estaba perfecto hasta el momento.

La Tapera de la finca “2 de abril” sería el lugar de residencia durante la estadía en el Durazno. Las tareas de orden y limpieza fueron agotadoras después de tanta caminata. Desembalar y limpiar cosas que estuvieron guardadas seis meses fue un trabajo duro. Los dos maniáticos por el orden quisieron hacer del lugar un espacio lo más habitable y digno posible. Entre la tierra del camino y la que se les pegó durante la limpieza, era necesario despojarse de ella con una frustrada ducha caliente. El termotanque a leña de la tapera pareciera no calentar, y cuando lo hace, el humo que se junta dentro de la ducha parece ensuciarlos más.

Compartieron unos mates con Rulo y Rosi. Primitivo se encargó del mal funcionamiento de la ducha sin encontrarle una solución. Jhony y Priscila disfrutaron descansando sobre las camas que tan prolijamente habían dispuesto y que celosamente resguardaban hasta no estar limpios. “Cosas que pasan”, pero como negarles la comodidad a quienes habitualmente duermen sobre un catre de tiento.

Las nubes se transformaron en lluvia, y ésta, en una tormenta. El día no daba para más que para seguir haciendo orden. Las precipitaciones trajeron a Carlitos, que les avisaba que encendía el internet para que se puedan comunicar. Luego de comunicarse con la familia fluidamente volvieron a la tapera.

Descansaron un poco y a las 20:00 unos panchos sin condimento y un vinito fueron la cena. Unas partidas de ajedrez, un poco de sobremesa y a la cama. Esa noche, a las 23, jugaba la selección argentina de fútbol contra Perú por las eliminatorias del mundial, por lo que intentaron sintonizar una vieja radio am que les fue imposible. Muy en el fondo se podía oír algo que parecía un partido, pero la interferencia hacía imposible entender quien tenía la pelota. Optaron por apagar la radio y las luces y disfrutar de la buena música para economizar las baterías del panel solar que no se habían cargado a causa de la constante la lluvia.

Nadie recuerda cuanto tardaron en dormirse, pero están seguros de que fue muy poco.

Miércoles 18 de octubre

Con dos días sin dormir estimaron que la noche sería de total descanso e ideal para recobrar fuerzas, pero la historia tenía otros planes. A las 2:00am el insomnio les ganó la pulseada. Será cosa de la altura, del aire o de la adrenalina. Lo cierto es que fue una noche terrible. La lluvia seguía siendo la protagonista y el descanso pasó a segundo plano.

Entre frustrados intentos por dormir se hicieron las 7:00am. Los mates eran el único consuelo para la mala noche, por lo que se levantaron a calentar la pava. Apenas unos minutos pasaron hasta la llegada del primer visitante de la tapera. Al alba, Primi se presentaba a trabajar. Nadie pierde la oportunidad de agarrar algún conchabo en un lugar que hay mucho por hacer. A la media hora, también aparece Rulo y Pedro con el mismo fin. Todos en silencio y haciendo tareas asignadas ven pasar los minutos sin descanso. El segundo grupo se encargó de pircar correctamente para evitar el paso de animales salvajes. Primitivo puso estanterías y cortinas en las ventanas y Juani y Ale siguieron acomodando hasta el momento que debieron partir hacia el puesto sanitario para conectarse y luego continuar hacia la escuela, a la que arribarían a las once.

La nueva directora tardó en salir a saludar, a diferencia de los antiguos maestros, que estaban muy felices de verlos. El equipo lo componen la directora Violeta Flores, el maestro Blas, el profesor de educación física Hugo, Noemí de actividades prácticas, el maestro de huerta David y un maestro recién incorporado de inglés del que no se recuerda el nombre.

La directora repitió incansablemente que solo cumpliría lo que diga el reglamento y que ella se debía a su inmediato superior. Ante la incomodidad que les propinó tan amarga bienvenida y, no entendiendo del todo por qué si es que llevaban donaciones para la escuela el ambiente era tan tenso, optaron por realizar juegos con los niños, que siempre están a la orden para divertirse con los padrinos.

Los padres fueron llegando y almorzaron las clásicas empanadas de doña Felipa. Luego se acomodaron las donaciones en el patio de la escuela y la directora fue cambiando su rígida postura al ver que Siete Vueltas no le teme, ni le esquiva a los reglamentos. Se pudo sentir ese rigor y ese poder que intentan demostrar los que lo tienen. No existía ese clima amistoso entre comunidad, directora y padrinos que supo haber en otros tiempos. Pero la tarde fue cambiando, el clima también. Entre varios intentos de cercanía serían Juani y Ale quienes marcarían la distancia. La directora pudo detectar el aprecio y respeto por los padrinos que tiene la comunidad. También observó la calidad de las donaciones provistas a la comunidad y a la escuela, quienes además de proveerlos de alimentos, productos de higiene, herramientas, útiles escolares, vestimenta, aportó para la escuela artículos de bazar, 150m2 de media sombra, una desmalezadora y otra tanta infinidad de cosas requeridas, previamente, por los docentes de más antigüedad en la institución.

La jornada de entrega de donaciones se manifestó sin inconvenientes y con total alegría. Durante la merienda hubo una amena charla con la comunidad sobre asuntos referentes a los traslados de mercaderías. Mientras comenzaba a lloviznar los padrinos fueron invitados a cenar por la directora, pero sin éxito en su intención. Los amores a primera vista existen y este no era el caso.

Siete Vueltas está acostumbrado al cambio de directivos, sabe que siempre que hay un cambio es volver a empezar. Para la comunidad, los padrinos son referentes y no se deben doblegar ante las intenciones de quienes intentan hacer las cosas más difíciles de lo que ya son para quienes viven en El Durazno con el simple afán de recabar poder y someter a quienes por tradición son más sumisos.

Cansados de tanto juego con los niños, por la jornada de donaciones y por la falta de descanso nocturno retornaron a la tapera donde reemplazaron la cena de la escuela por papas fritas a caballo y unas Oreos de postre.

La noche fue cerrada con partidas de ajedrez que domina Juani y otras de truco donde Ale es el amo.

Jueves 19 de octubre

La lluvia siguió interviniendo la noche. Está antojada de no dejar descansar a nadie. Lo que no se durmió ya no se recupera, por lo que las noches anteriores estaban pedidas si lo que se deseaba era recuperar algo de sueño.

“Mejor que hierva para matar cualquier bicho que tenga” les habían dicho como consejo a los gringos que toman mate todo el día, y eso hicieron. A las 7, el agua bullía y las primeras caras se asomaban por la ventana de la tapera. Mostraban ganas de trabajar, ganarse unos pesos y así arrimar fideos a la olla. Rulo llegó más tarde, con la remera manchada de sangre y un chivo que trajo al hombro un par de horas caminando, que serviría como menú del día.

Pegado a la cocina y a la habitación hay un salón grande de adobe muy derruido, con media puerta y sin ventanas que, Primitivo (exdueño de la finca), solía ocupar con bártulos en desuso que lo convertían en hotel de lujo para roedores y otras plagas. Ale y Juani pusieron manos a la obra en la limpieza y orden de este. La cantidad de deshechos que sacaron es incontable. Décadas de acumulación de mugre impedían respirar libremente. Mientras tanto, Pedro, Santiago y Rulo enlajaban el piso para hacer un poco más limpio los ambientes y ponían tranqueras. Se levantaron pircas y se hizo limpieza general del patio de la tapera.

El viejo molino necesitaba una lavada de cara. El paso del tiempo hizo que los techos de paja se desplomaran y que junto al derruido adobe quedaran sepultados los mecanismos de lo que alguna vez fuera el alma de la finca. Con más de cien años de antigüedad ese molino, movido por la fuerza del río, erosionó los granos de maíz cultivados en esas mismas tierras convirtiéndolos en harina. Esta maravillosa obra de ingeniería se encontraba totalmente deslucida y oculta. Es la intención que en el mediano plazo vuelva a funcionar, pero mientras tanto, luego de cientos de paladas y una exhaustiva limpieza, quedó expuesto por completo. Escondidas por el tiempo se han encontrado una gran cantidad de vasijas utilizadas para la cocción de chicha, antiguos botellones de vidrio y cinceles con los que se le han dado su forma característica a las piedras circulares de molienda.

Un fuego cocinaba el chivo que había traído Rulo. Los Gregorio serían los invitados de la jornada y se sumaron María la exdirectora, e Iván el exmaestro de huerta al almuerzo. Estos últimos viajaron expresamente al Durazno con la intención de visitar la antigua escuela donde ejercieron con mucho amor la docencia. Los niños los adoran pese a no pertenecer más a la escuela. Al día siguiente les darían la grata sorpresa.

Casualmente, no fueron los únicos invitados al almuerzo. Hubo comensales de improviso. Compartieron la mesa con Rulo, Pedro, Santiago, Maria, Ivan, Rosana, Priscila, Jhony, Maria Avalos, Ivana, Vilma, Karen, Celeste, Angel, Kevin y Carlitos Mamaní. Es así, que La tapera se convertía en el nuevo punto de encuentro entre la comunidad, los docentes y los padrinos. Todos dieron cuenta de sentían cierta incomodidad en la escuela desde que tomara el mando la nueva dirección.

Tortafritas para todos y juegos con los niños amenizaron la jornada. Una amenaza de buen tiempo obligó a poner la media sombra sobre el patio. La visita se fue retirando con el correr de las horas quedando solo la familia Gregorio acompañada por Pedro y Santiago. Unos cebados y el juego del Chancho hicieron una tarde a pura carcajada. La inocencia con la que se divierten en envidiable. Pedro, a quien le tocó perder, no pudo con la timidez y no logró pagar la prenda impuesta de coplear delante de todos pese a intentarlo en reiteradas oportunidades.

Por la tarde noche, se recorrió la finca con los Gregorio en busca de un lugar óptimo para la siembre del maíz. Luego de una charla instructiva sobre la correcta selección de los granos al momento de la siembra, el pico empezó a resonar sobre la tierra pedregosa. Ale y Juani se cansaban de solo mirar ese arduo y milenario método de labranza. Algunos charcos albergaban ranas con colores estridentes, dándoles apariencia venenosa, aunque les aseguraron que no lo eran.

Por la noche habiendo despedido a los Gregorio nuevas visitas llegaban a la finca como viendo si había algún fuego encendido. En esta oportunidad eran Felipa, Chabelo, Blas, Hugo, Noemí, Maria Avalos, Karina y Carlos Cachagua con los que compartieron una picada sencilla y lo que quedó del chivo, más una pata de cordero, vino y chocolates. Nótese que quien no estuvo presente, pese a que todos los docentes sí estuvieron, fue la directora. Por supuesto, los chismeríos se adueñaron de la noche y siendo las 12:30 del nuevo día se retiraron todos. Una hora de viaje en un angosto sendero de montaña y sin luz les quedaba, aún, por transitar hasta la escuela que los albergaba.

Viernes 20 de octubre

A las 7:00 estuvieron levantados. Parece que los padrinos padecen intolerancia al descanso. El encargado de hacer bullir el agua ya no lo hace y no lo volverá a hacer en lo que queda del viaje. La ansiedad por el primer mate de la mañana, antes de empezar a trabajar, no puede demorar.

Por los handys se oye un pedido de emergencia que sale de la escuela, donde la directora intenta comunicarse con el agente sanitario. El caso: un maestro con una infección en la pierna que ya no tolera el dolor pide retirarse a Tilcara, donde posteriormente será internado, mas no sin antes recibir medicación que le permita llegar caminando a destino.

Carlitos Mamaní no contesta. Él también ha recibido un pedido de auxilio en Molulo a través de internet, por lo que muy temprano ha salido a hacer su trabajo y, allí, la señal de la radio no llega, por lo que no se enterará hasta unas horas después, en que la cobertura les permitió a los padrinos avisarle de las novedades.

Creyendo haber cumplido con todas las obligaciones sociales, Juani y Ale toman como desafío la vieja cocina de Primitivo. Impenetrable es la definición, da escalofríos pensar que alguien pudiera vivir en esas condiciones. Concluida la tarea y con ganas de tomar aire fresco enfilan para el río donde jugaron a los exploradores y no evitaron darse algún que otro golpe y mojarse en lugares donde el sol no llega. Esta experiencia fue por demás divertida. Con el sol en el cenit se dispusieron a cocinar comida precocinada. Locro para Ale y risotto para Juani.

Con el día libre por delante, las ganas de explorar no se pudieron contener. El clima estaba cambiando para bien y la lluvia ya era un recuerdo. Comieron rápido y aprontaron las mochilas con escasos elementos de supervivencia para hacer distancias cortas.

Con un doble objetivo emprendieron la marcha. El primero de ellos, era vadear el río el Duraznal intentando hallar una posición cómoda de cruce evitando, en la medida de lo posible, mojarse el calzado. El segundo, era visitar una cueva situada sobre una escarpada ladera de un peñón, accediendo a ella desde la playa. Dicha cueva es muy particular porque recoge un poco la historia del lugar. Se pueden encontrar vestigios de las antiguas labores de nuestros pueblos originarios. Guarecidos, los ancestros se reunían, allí, a tejer en comunidad. Desde el rumbo tomado al momento de iniciar la caminata resultaba, al menos para la vista, más sencillo hacer este recorrido, que intentar llegar desde arriba. Evidentemente, a este grupo lo orienta más la búsqueda de aventuras, que la racionalidad.

Se decidió encarar el trayecto faldeando una peña muy elevada. Sin camino definido y con poco lugar de donde agarrarse, se comenzó con el descenso apoyándose en pequeñas piedras que sobresalen como bultos, creando una especie de escalera natural. El paisaje en esas coordenadas es impresionante. Inevitablemente, ameritaba tomar fotos y videos y luego de varios intentos en los que se intentó hacer una buena captura, lo lograron y continuaron con el descenso. Si bien este fue complicado, pareciera ser, que fueron ganando confianza al momento de pisar. El temor se convirtió en diversión. Lograron bajar a la playa sin inconvenientes, más que algún que otro raspón ocasionado por el filo de las piedras. Una vez abajo caminaron bordeando el río con la intención de llegar a la costa opuesta. Si bien es de poco caudal en esta época del año, baja embravecido arrastrando todo a su paso. Si fuera verano, cruzarlo sería imposible. Es por ello, qué en un viaje anterior, y en este mismo río, pero más arriba, Siete Vueltas construyó un puente que garantizó el paso en toda época del año.

Luego de varios intentos de cruce frustrados divisaron una oportunidad. El lugar coincidía justo debajo de la cueva. En conclusión, desde la posición tomada tenían arriba a unos 30 metros la cueva, y desde ese mismo lugar también podían cruzar el río que era el otro objetivo. Decidieron cruzar primero y a la vuelta llegar a la cueva. No mojarse fue imposible. Juani sacrificó el calzado que era de más rápido secado y cruzó dando cierta tranquilidad a Ale para que pise sin miedo. Ale se descalzó y arrojó zapatillas del otro lado. Lo mismo hizo con la mochila de Juani quien la tomó desde la otra orilla. En ese preciso momento se percata de que su teléfono, que debiera estar sujeto a unas de las correas de la mochila, ya no está. La preocupación los invadió y el trekking estuvo a punto de frustrarse. Anduvieron siguiendo sus propias huellas una y otra vez. Una de las posibilidades era que el teléfono haya caído en la bajada de la peña, y la otra qué en el traspaso de la mochila de orilla a orilla, haya caído en el río. Ante la desazón y el fracaso en el hallazgo del aparato, decidieron darlo por perdido. No quedaba más que seguir disfrutando de la caminata, entonces, analizaron la posible subida a la cueva y eligieron por donde encarar.

Juani fue por delante. El silencio imperaba mientras intentaban subir. Este, era síntoma de lo riesgoso de la trepada. Entre ellos había una separación de no más de diez metros y el suelo pedregoso impedía que el calzado se aferre a un plano por demás inclinado. Se subían dos pasos y se resbalaba uno. Resultaba agotador y frustrante. Ambos sabían que deberían haber declinado de la idea de subir mucho antes de haber llegado a la mitad de la peña.

De repente, el silencio se vio interrumpido por un llamado de Ale en un pedido de ayuda. Juani desanda el camino en su búsqueda. En un intento por querer avanzar, Ale, vio desprenderse la vegetación de la que se había agarrado para poder trepar. Primero una, después otra, hasta el momento de ya no poder contar con ninguna sujeción. Inmovilizado y casi resignado dijo en voz muy tranquila y en una paz absoluta: “Ya está, me caigo amigo”. Juani llego al lado de él. Un cardo y una piedra filosa le dieron sustento y pudo sujetarlo para que con extrema precaución pueda descender. El cardo provocó que las manos de Juani se conviertan en un colador. Ale se llevó unos cuantos raspones como recordatorio. Dicen que la confianza mata al hombre y la naturaleza se encarga de demostrarlo. ¿O será que la cueva no quería ser visitada?.

Volvieron tranquilos, sin asumir grandes riesgos. El día ya había tenido demasiada aventura. Pasaron por el puesto nuevamente. María, la exdirectora e Ivan, el exmaestro de huerta, estaban apenados. La directora les prohibió el ingreso al establecimiento por no contar con la autorización pertinente negándoles la posibilidad de saludar a los niños, pese a haber ido profesamente desde sus pagos para tal fin. Los pequeños realmente los quieren mucho y los extrañan, y es que las cosas han cambiado. Por suerte, en días anteriores habían podido tomar contacto con ellos en la tapera, y esto al menos fue un aliciente. Por tales motivos deciden emprender su regreso a la madrugada siguiente.

Por la noche recibieron en la tapera la visita de Maria Avalos y sus niñas. Cocinaron pizzas a la parrilla y disfrutaron de un fuego hipnotizante.

A las 23:30, y luego de un día que parecía infinito, cerraron los ojos.

Sábado 21 de octubre

La comunidad se hizo presente por la mañana con el fin de recuperar el teléfono de Juani. La predisposición es absoluta y casi parece una competencia. Aseguran que tendrán éxito, salvo que se haya caído en el río durante el revoleo de la mochila. Piensan dentro de las acciones a tomar construir un dique para desviar su curso y ver si se oculta allí. A las ocho salieron los primeros expedicionarios. Mientras tanto, otro grupo de trabajo construye un fogón circular que servirá, en un futuro, como punto de encuentro. El fuego nocturno y la buna música para estos compañeros de viaje representa muchísimo desde lo simbólico, y funciona como hipnótico y como herramienta de “reflexión y confesión”.

Al mediodía cocinaron lo que a la improvisada alacena le quedaba. Medio chivo que cocinó Ale, fideos con tuco y algunas galletas. Si bien la comida era escasa se compartió con los que fueron en busca del aparato. Estaban cansados y mojados y lo peor fue que del teléfono no había rastro.

La sobremesa fue divertida. Los niños juegan alrededor de la mesa y solo necesitan de la naturaleza para divertirse. El pequeño Joaquín, hijo de Zulema y Martín y de pocos meses de vida, fue el que más comió. Todos perplejos, lo veían babear mientras disfrutaba de los huesos del chivo. Al mismo tiempo intentaba dar sus primeros pasos con mediano éxito. Las chicas ,casi adolescentes, pusieron manos a la obra en un cantero hecho de piedras recién construido. Juntaron plantas, flores y cardones que lo embellecieron notablemente.

Si a esta altura se preguntan porque no se nombró más el tema de la ducha es porque hasta aquí no volvió a existir. Ninguno se quería bañar con agua fría nuevamente. Zulema se puso al mando y calentó el calefón a leña como para que el agua hierva. Salía humo por todos lados. Dentro de la ducha estaba irrespirable. Descubrieron que el problema no era que no calentaba, si no, que el agua fría se mezclaba con la caliente y no tuvo arreglo. Se dieron un baño acotado, simple, casi inexistente con agua casi tibia, pero al menos se sacaron de encima unos cuantos días de mugre.

Por la tarde, algunos volvieron en busca del teléfono porque la persistencia los caracteriza. La lluvia los trajo de vuelta. Se calentaron con unos cebados y compartieron bizcochos de grasa. Era necesario, a esta altura, poner punto final al tema del aparato. Juani lo decretó como “perdido para siempre”, evitando que sigan gastando energía en ello y poniendo en riesgo sus vidas y las de sus niños que portan en sus espaldas.

Las madres amasaron tortillas que se cocieron a la parrilla. Algunas de ellas fueron rellenas con queso de cabra y otras eran simples.

Ya sin visitas descansaron un rato e inventariaron los alimentos. No quedaba mucho debido a la cantidad de eventos sociales en el tiempo transcurrido. Ale tomó sopa y Juani comió una lata de atún. El ajedrez y el truco mantienen sus ganadores y provocan la somnolencia necesaria para que, luego de un brindis de petaca y siendo la una de la mañana, se vayan a dormir.

Domingo 22 de octubre

A las 8:00 se despertaron por la luz del sol. El día estaba asombrosamente radiante y sin nubes. Este día no era uno más para el país. En Argentina se votaba para la categoría de presidente. Los viajeros por estar lejos de casa se verían imposibilitados de ejercer su derecho al sufragio, pero verían esta gran experiencia de saber cómo se vota en los cerros, donde no llega el vehículo para trasladar la urna.

Luego de una mateada pusieron rumbo a la escuela, mas no sin antes hacer una visita al cementerio o antigal como ellos eligen llamarlo, que se encuentra a 20 minutos de la tapera sin desvíos. Este espacio alberga los cuerpos de los antiguos y también de quienes hayan fallecido no hace tanto, como es el caso de la mama de Rosi. Su ubicación no es casual. Como en todas las culturas, hayan tenido o no contacto entre sí, los cementerios se encuentran en lo alto, lo más cerca del cielo posible y todas las tumbas se enfocan hacia oriente desde donde proviene la luz. Lo mismo sucede con cualquier iglesia católica en donde el altar siempre estará ubicado en el este de los puntos cardinales.

Flores coloridas y de papel adornan las cruces católicas. De cualquier modo, la Pacha Mama ejerce su influencia y existe un entreverado concepto sobre qué pesa más, si lo religioso o lo pagano. Para estar cubiertos, se les brindan respeto a las dos posturas y se visualizan hojas de coca y alguna botella con Chicha esparcida por el tranquilo y santo lugar.

Llegados a la escuela tuvieron un primer contacto con personal del ejército y policía provincial. Ellos trasladaron la única urna que empadrona a la comunidad del Durazno, como así también, a la de las Ánimas.

Aproximadamente 60 personas están en condiciones de votar. A las 14hs solo habían votado 7 y parecía que no llegarían muchas más.

El calor empezó a apretar y aprovechando el buen tiempo jugaron con los niños y recibieron cartas con algunos pedidos de juguetes.

La directora los invitó a almorzar, pero no accedieron. Si bien la relación era cordial no se sentían lo suficientemente cómodos cómo para quedarse pese al ruego de los viejos maestros conocidos.

Luego de una emotiva despedida con los niños y el personal volvieron a la tapera. Queriendo disfrutar de la tarde.

Para no variar, la tapera se llenó de visitas. Algunos, pese a la desaprobación, fueron en búsqueda del teléfono nuevamente. Doña Felipa hizo leer las hojas de coca a una de sus hijas y le dio la ubicación exacta donde lo podía encontrar. Por ende, don Chabelo como obediente que es fue en su búsqueda. La lectura de la coca, esta vez y como quizás todas las demás, falló.

La lluvia se hizo presente una vez más y esto motivo a que la visita se volviera a sus casas. Besos y abrazos y otra vez el silencio. La lluvia se dispersó y Juani y Ale bajaron al correntoso río. Recolectaron piedras de diferentes colores en silencio. Cada uno en su mundo, vieron pasar los minutos. A su vuelta aprovecharon a hacer marcaciones y construir apachetas que servirán como orientación para futuras travesías. Luego remontaron el barranco para salir de playa y se toparon con algo asombroso. Sin proponérselo estaban en una especie de cueva donde había un artilugio hecho por el hombre. Luego de ubicarse en el espacio tomaron nota de que estaban por debajo del molino y que ese aparataje era, sin duda alguna, la maquinaria de madera que, con la ayuda de la fuerza del agua, hacía mover las pesadas piedras de la parte superior. Luego del asombro que les provocara este inaccesible lugar, retornaron a la tapera, descansaron algo y pelaron papas para la cena. El menú: papas fritas a caballo nuevamente; y es que ya no quedaba nada.

Partidos de ajedrez, chocolate y vino le pusieron fin a la noche. Al día siguiente estaba planificado el retorno a Tilcara y obligaba a tomar un buen descanso.

Lunes 23 de octubre

A las 6:00 sonó la alarma de Ale. La casa ya estaba ordenada y con todo embalado no les tomó más que unos cuantos minutos echar candados. En el patio, tomaron unos mates y aprovecharon para deleitarse con la última mirada a los cerros, a la casa, al molino.

A las 8:30 se hizo presente don Chabelo luego de ir a Molulo en busca de cargueros y mulas que pudieran montar para alivianar el cansancio del largo viaje que les esperaba. Este hombre pareciera no conocer la fatiga, jamás se lo verá en estado de reposo. Por supuesto, se mantuvo por delante de la fila. Extenuados, los padrinos iban por detrás de él tratando de sostener el paso acelerado que lleva constantemente cuando, de repente,  un cóndor les regalo el espectáculo más bello que hayan presenciado sus ojos. Empecinado en ser visto, éste desplegó sus alas y levantó vuelo rasante por sobre sus cabezas, giró en círculos y observando a los humanos a no más de 10 metros de altura descendió para posarse sobre una peña. El show duró apenas unos minutos, tiempo suficiente para retratar la situación y también para poder grabar en la retina y en la memoria todos los detalles que distinguen a esta impresionante ave.

Entre monturas y pasos la marcha continuó. La remontada del río les dio alivio a las mulas y los obligó a hacer el ascenso caminando agitadamente. Chabelo apura, no come, no toma y solo va para adelante. Sorteado el sacrificio de la trepada vinieron algunas bajadas que otorgaron un poco de alivio al grupo. Por el sendero que lleva al camino vehicular, una pareja de porteños camina decididamente hacia un punto con la ayuda que le aporta la localización por GPS. Chabelo los alcanza y sabe que yendo para ese lado es imposible llegar a un destino deseado por algún turista. A su encuentro, la intuición del guía no fallaba. Estaban perdidos. No hubiesen llegado jamás a ningún lado. Gracioso, fue cuando Chabelo les dijo: “dejo a los padrinos con la camioneta y vuelvo por ustedes, sigan caminando que en unas horas los alcanzo”.

Nadie duda, a esta altura, que así fue como terminó la historia. Casi con seguridad, por la noche estarían cenando en Molulo luego de que Chabelo improvise una nutritiva comida.

Cuatro horas y media luego de haber salido toparon con el camino vehicular.

A las 13:00, y según lo pactado, Chabelo les dijo hasta pronto, ocupando asientos en la camioneta que, vía Huacalera, los llevaría de vuelta a Tilcara.

La escuela de Alonso es de paso obligado. Esta escuela rural está dirigida por Juana Palomo, quien oportunamente fuera directora del Durazno. En la puerta, ella esperaba el paso de la camioneta que los trasladaba con la intención de invitarlos a pasar. La idea era solicitarles a los padrinos que incluyeran a esta escuela en la lista de proyectos. La principal demanda refiere a la falta de salamandras para transitar el crudo invierno. Si bien no hay leña, la pueden conseguir y de allí que Siete Vueltas asumió el compromiso de la compra de 2 artefactos, de la entrega de mochilas y útiles escolares y de una nueva visita para el año entrante. Muy agradecida, la directora, dejó seguir viaje a los muchachos que llegaron cansados a la cabaña para tomar una ducha decente que deje sin rastro la falta de agua y jabón de la estadía en los valles. Estiraron las piernas y aprovecharon para ponerse en autos sobre el resultado de las elecciones.

Por la tarde noche salieron en busca de unas refrescantes gaseosas que les generaban deseo y tomaron un café acompañado de un tostado de pan árabe. A las ocho ya se encontraban cenando en el restorán “Senador” de la plaza chica, frente al “Nuevo Progreso”. Comida gourmet y un vino Malbec etiquetado “La Hermandad” sellaron una noche de exquisiteces.

Al volver a la cabaña disfrutaron un poco de la estrellada noche y la paz de Tilcara sentados en las sillas materas del patio. Lo cierto, es que estaban muy cansados y a las 22:30 estaban prontos para caer rendidos hasta el otro día.

Martes 24 de octubre

Se despertaron a las 8:30 y compartieron la vista y las galletas. Cada uno toma su mate, uno dulce y otro amargo. Siete Vueltas quería retribuir el esfuerzo hecho por la gente que los acompaña en sus causas por lo que, luego del desayuno, visitaron la plaza y sus puestos en busca de presentes que llevarían como obsequios. Cumplida esta tarea visitaron a Humberto, el carnicero, para pagar el chivo que llevó Rulo a la tapera el día que comieron todos juntos. Cobró solo la mitad de lo que correspondía y aportó la diferencia, poniéndose a disposición de la asociación para cooperar en lo necesario para el próximo viaje solidario. De allí se dirigieron a un taller mecánico donde trabaja uno de los choferes de la camioneta de los bomberos. Los padrinos, en su bajada a Tilcara, habían recibido la petición de colaboración por parte del conductor y en nombre de los Bomberos Voluntarios para cambiar las pastillas de freno de una de las camionetas. Entonces, se dirigieron a cumplir su promesa. Siete Vueltas pondría los materiales y los bomberos la mano de obra.

Esta entidad siempre está a disposición de quien los necesite y es importante mantener los vínculos y los lazos de ayuda. Se mostraron muy agradecidos y le aseguraron al equipo el traslado para la próxima entrada al Durazno.

Casualmente la intendenta electa, que tomará funciones el 10 de diciembre del corriente, se encontraba en las cercanías de la plaza. Sonia Pérez es hermanastra de don Primitivo y, por ende, antigua dueña de la finca “2 de abril”. Sin entrar en detalles familiares y, según su versión, manifestaba cierto descontento con la adquisición por parte de Juani de la finca ya que no era nativo del lugar. Decidieron, entonces, visitarla. El objetivo fue, desde un principio, romper el hielo y que tome conocimiento de lo que Siete Vueltas realiza en los valles. Todas las escuelas rurales de esas latitudes estarán bajo su gobierno y resultaba imperioso que se enterase del trabajo solidario que realiza la asociación civil.

Si bien la charla fue distante en un principio, se fue haciendo amena con el paso de los minutos. Entendió la intención de la adquisición de la tierra con fines de conservación y de la búsqueda de progreso para las comunidades de pueblos originarios. Palabras después, lograron verle la emoción que no iba a poder contener en reiteradas ocasiones. Sus lágrimas cesaron y asumió un compromiso de colaboración conjunta en donde la política quede por fuera como condición irrestricta. Su intención, a priori, es recuperar antiguas tradiciones y culturas que se vieron abandonadas por las nuevas generaciones y esto, al equipo, le pareció una causa noble. Le tomaron la palabra y les fueron entregados presentes realizados por manos de gente de comunidades originarias a modo de agradecimiento por el trabajo desempeñado. Lo cierto es que solo fueron palabras. Ella, aún, no tiene poder de mando, por lo que sus acciones estarán por evaluarse cuando actúe como funcionaria. Si nada hace, nada cambia, Siete Vueltas seguirá trabajando de modo habitual más allá de sus promesas.

Siendo mediodía, cocinaron salchichas en la pava eléctrica y armaron unos panchos con papas fritas de paquete. Quedaba poco tiempo para disfrutar y la última vuelta a la plaza merecía dedicación.

Ale siempre está atento a algunas compras de último momento y las ejecutó rápidamente. Hilda Cachagua se apersonó para obsequiarles quesos de cabra en agradecimiento al aporte realizado en materiales para la construcción de su vivienda.

Ella es muy sensible y de una vida muy sacrificada. Manuel, su hijo, es un orgullo para Siete Vueltas. Mejor alumno, estudioso y trabajador, con apenas 16 años, es el mejor ejemplo para los de su generación, demostrando así, la importancia de perseguir los sueños y de enfocarse en la superación.

Marcelo los llevaría de vuelta al aeropuerto. Los veinte minutos de retraso en la recogida parecían no ser un problema si no fuera por los otros cuarenta que se tomó al realizar un desvío voluntario en búsqueda de cumplir con un recado. La demora generó unos nervios innecesarios que tensaron el clima. Pidiendo sinceras disculpas dejó a los muchachos en el aeropuerto luego de una fraternal despedida.

Los minutos restantes lo pasaron acompañados de un tostado y de charlas amenas hasta la hora de despegue.

Dos horas después llegaban a Buenos Aires con la alegría de retornar a sus hogares.

Conclusiones

Pensando en conclusiones, siento al escribir estas líneas, que quizás no fue el viaje más cargado de aventuras ni de anécdotas graciosas; tampoco fue el más emotivo, ni en el que más lloramos. Lo siento así porque fue el menos parecido a los anteriores.

Teníamos planificados fuegos y charlas que no sucedieron. No fue esto provocado por la falta de deseo, si no, porque los espacios de tiempo libre fueron ocupados por la grata visita de nuestros amigos locales. Ellos, con profundo amor, también sienten el rito de compartir de la misma manera que nosotros.

Nunca estuvimos tan dedicados a compartir con la comunidad tan valioso tiempo, incluso, postergando nuestros propios planes.

Hoy, al escribir estas últimas palabras, me doy cuenta del imponderable regalo que nos trajimos de los valles. Voluntariamente nuestros amigos y quienes cuidan de nosotros se acercaron una y otra vez a compartir un plato de comida o tan solo unas galletas. Cada una de las familias vive aislada en su cerro y solo en ocasiones muy especiales, la vida, los reúne con algarabía.

Esta fue la ocasión y merece ser reconocida, porque evidentemente se sintieron cómodos con estos gringos que, con diferencias culturales y desentendimientos, han preferido cobijarse al refugio de nuestro fuego, en vez de volver a la soledad de sus hogares.

La escuela nos necesita, pero nos queda aún la duda si la nueva directora siente lo mismo. La lista de necesidades que trajimos de allí es voluptuosa y describe a la perfección la falta de mantenimiento que carece un establecimiento de adobe construido hace cincuenta años o más. La sensación amarga de la falta de colaboración y predisposición de la señora nos hace mella. En la escuela se respira un aire distinto y no es amigable. Lo más doloroso es sentir que no es por su gente que, en definitiva, decidió cambiar el punto de encuentro, que siempre fue el patio de la escuela, por la tapera, donde todos nos sentimos más a gusto. Esta situación nos invita a reflexionar y nos obliga a redoblar esfuerzos para no sentirnos doblegados por esta situación, ya que los directivos pasarán, pero nuestras obras quedan.

Por otro lado, ver la urna de votación en un paraje tan inhóspito nos devolvió un sabor agridulce. Es indiscutible que el Estado tiene la obligación de llevar la posibilidad de sufragar hasta el lugar más recóndito de la república para que cada ciudadano tenga el derecho a emitir su voto, pero al mismo tiempo, queda expuesta la dejadez que manifiesta al no llegar a los valles con otras tantas cosas que son de igual o mayor importancia que garanticen una vida digna para quienes habitan esas tierras ancestralmente.

Para concluir, y luego de mucho esfuerzo, la tapera toma aspecto de hogar. Entendemos que se volvió un espacio habitable y que, dentro de las posibilidades, garantiza una estadía más o menos ordenada e higiénica según nuestros hábitos citadinos.

Este viaje no dejó en la superficie las conclusiones. Nos interpela y nos obliga a ir bien adentro para hallar las respuestas, para rescatar lo importante y lo bello. El éxito de este viaje es más profundo que en otras ocasiones y nos hace sentir como nunca lo agradable de la amistad sincera y lo placentero de una perfecta convivencia.

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Ni Mil Anécdotas, Ni Mil Cóndores, Ni Mil Lágrimas, Ni mil fuegos,

Mil Amigos.

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