Viaje Solidario al Durazno, Provincia de Jujuy
12 de noviembre de 2019 al 20 de noviembre de 2019
Martes 12 de noviembre
El 12 de noviembre comienza la travesía. Una vecina de Sandro llamada Neves nos llevó amablemente a aeroparque. Ella fue quien colaboró donando los zapatos. Por motivos gremiales el vuelo programado para las 19.00hs se retrasó, pero pudimos llegar a San Salvador de Jujuy sin inconvenientes un poco más tarde de lo previsto.
En el aeropuerto nos esperaba Pablo, el remisero que nos trasladaría a Tilcara. Nos decía que estaba feliz por hablar con gente de Buenos Aires despotricando un poco con los lugareños que, según él, lo discriminan.
Dejamos los bolsos rápidamente en las dos habitaciones del Club Hostel Tilcara y salimos a cenar a la Peña de Carlitos. Vimos finalizar un show y luego nos fuimos a acostar.
Alquilamos dos habitaciones para que los muchachos no tengan que escuchar mis ronquidos.
Miércoles 13 de noviembre
El día empezó temprano visitando el Pucará de Tilcara. Ale compró una bolsita de hojas de coca en la entrada que le serviría durante toda la estadía. Una vez allí recorrimos el vivero, la piedra campana, las antiguas viviendas y el Pucará. Al terminar la visita fuimos a comprar los materiales para la construcción del baño de los maestros que está muy deteriorado. Conseguimos todo.
Al mediodía nos encontramos con Celeste, la hija de chabelo, y sus hijos. Compramos verduras en el mercado para subir a la escuela y un regalo para doña Felipa por su cumpleaños.
Dejamos las cosas en el hostel junto a las donaciones que ahí nos esperaban y fuimos a almorzar a una parrilla. La mesa de al lado, compuesta por una pareja, escuchó el motivo de nuestro viaje y la travesía que estábamos por emprender y decidieron pagarnos el almuerzo. Quedamos anonadados por la buena actitud que habían tenido con nosotros.
Por la tarde vino el Loco Ramos con su camioneta y la cargamos con las donaciones. Ale y Sandro le patearon unos tiros al hijo del Loco que se lo notaba feliz por la arenga de los muchachos.
La camioneta abarrotada de cosas salió camino a Los Amarillos, último lugar de acceso vehicular, donde los padres aguardaban con sus cargueros. Muchos de ellos pasarían la noche preparando y cargando los animales.
Mientras tanto nosotros hicimos las compras para preparar las viandas de marcha en un mercadito. Compramos fiambre, pan, algunas cosas saladas y chocolates que luego compartiríamos con los padres y maestros. Visitamos también la plaza chica donde se encuentra la iglesia y la plaza grande donde está la feria artesanal. Alli compramos el regalo para don Chabelo. Al volver nos sentamos en el patio del hostel a matear un rato.
Luego, doña Felipa paso con su familia para retirar una bolsa especial que trajimos para ella con ropa de bebé. Por la noche fuimos a la peña la chuspita con la familia de Felipa y con Rulo y Rosana Gregorio. Se nos hizo medio tarde sabiendo que al otro día debíamos madrugar.
Nos fuimos de la peña y los Mamani se fueron a su casa. Rosana y Rulo vinieron al hostel donde estaban guitarreando unos huéspedes y nos quedamos sentados con ellos. A las 12 de la noche se cortó la música por protocolo. En ese momento nos presentaron al padrastro de Rulo quien llego a para conocernos.
Al irse preparamos nuestras mochilas de marcha para el otro día y separamos lo que dejaríamos en el hostel para utilizar a nuestro regreso.
Jueves 14 de noviembre
Bien temprano el remis de Magín, amigo del Loco Ramos, nos llevó a Los Amarillos. Llegamos a las 6 y la gente estaba acomodando los animales. Ellos pudieron cargar casi todo menos algunos cerámicos y bolsas de pegamento que quedaron en el hotel Casa Colorada. Mientras tanto Ale y Sandro fueron presentándose con los padres.
Emprendimos la subida 40 minutos después de haber llegado adelantándonos al grupo sabiendo que después nos alcanzarían.
El primer tramo fue durísimo. Mucha subida hasta pasar el abra. Luego cruzamos el puente para mas adelante alcanzar las apachetas con 4200mts. Allí rendimos tributo como es costumbre dejando unas piedras con el fin de pedir permiso a la montaña. Éste es el lugar con más altitud, pero, al mismo tiempo, el mas llano. Almorzamos algunas cosas de las viandas refugiados del viento que corre allí arriba. Felipa y Chabelo nos acompañaron durante todo el trayecto con monturas por si alguno se canzaba. Solo montamos 20 mín dado que la lluvia nos perseguía. Se sintió la altura y los muchachos comenzaron a sentir dolor de cabeza y muscular. Pasamos luego por corral Ventura donde saludamos y nos separamos de dos senderistas que viajaban para Molulo sin conocer mucho el camino. Allí vimos unos cóndores comiendo una presa en lo alto del cerro. Alejandro estaba realmente emocionado al ver la situación.
Pasamos por el refugio abandonado. Vimos infinidad de cóndores. Apuramos el paso para llegar a la ollada con el fin de dormir un poco. Lo intentamos, pero la lluvia nos lo impidió. La lluvia nos corrió y continuamos viaje, pero esta vez en bajada.
Llegamos al río donde pusimos los pies en remojo. Fue una hermosa sensación que nos cargó de pilas para seguir. Yo sabía que ya faltaba poco y que si mis amigos habían llegado hasta allí seguramente llegaría a la escuela puesto que habíamos recorrido la parte más complicada del camino.
Algunos cargueros se escaparon y pasaron al lado nuestro mientras descansábamos en el río. Nunca nos dimos cuenta de que debíamos frenarlos. Solo nos limitamos a verlos y sacarles fotos y a pensar que parte de las donaciones estarían transportando. Sandro se animó a decir que seguramente era la computadora. Nilda Gregorio, hermana de Rosana, bajó corriendo del cerro y veíamos desde abajo las caídas que sufría llevando una gran olla en la espalda que nosotros confundimos con un niño. Lo que ella intentaba era frenar a los burros, pero no pudo. Al pasar por nuestro lado me dijo: “Pero juan! ¿Por qué no me atajaste los burros?!” Los tres quedamos mirándonos sin entender nada. Intentamos ayudarla a encontrarlos, pero su paso era muchísimo más rápido que el nuestro hasta que la perdimos. Chabelo fue quien los atajo más adelante y pudieron solucionar el problema.
El viaje continúo sin inconvenientes. Pasamos el puesto sanitario y la iglesia. Ya estábamos cerca de la escuela.
La emoción nos inundaba. Finalmente, recorrimos la última subida que resultó mortal para nuestras piernas y a las 17,30hs llegamos!
A medida que nos acercamos a la escuela el himno a la bandera comenzó a sonar. Esto multiplicó nuestras emociones.
Una vez que los niños bajaron la bandera vinieron a saludarnos. También lo hicieron los maestros y la directora Juana Palomo.
Descansamos un rato en el lugar asignado para dormir que pertenecía a los maestros Juan y Cristian. Merendamos con los niños en el comedor tomando té y pan casero que hace don Chabelo. Mientras tanto los cargueros seguían llegando.
Descansamos un rato y luego cenamos compartiendo la mesa con Raquel, maestra de actividades prácticas, Juan el maestro de grado, Vilma la maestra de huerta, Cristian el profe de física, Fermina la maestra jardinera, don Chabelo el encargado y las cocineras que son, doña Felipa y doña Yolanda.
Alejandro, se sentía bastante mal debido a la altura y el cansancio lo mantuvo en cama por unas horas, pero igualmente se levantó para cenar. Felipa le frotó alcohol en la frente y también se lo hizo oler. No sabemos bien si eso fue lo que mejoró su estado o el ibuprofeno. Tenía temblores y mucho dolor de cabeza. Sandro llegó un poco mejor pero también le dolía mucho la cabeza.
El cansancio fue tal que no hubo ganas de bañarnos y así como estábamos nos fuimos a dormir. Durante la tarde arreglamos con cuatro padres para que nos ayuden a concretar las tareas más duras para la instalación del césped que llevábamos como donación.
Viernes 15 de noviembre
Nos levantamos temprano e izamos la bandera con los chicos. A las 9.00hs comenzamos junto a la ayuda de los padres la nivelación del terreno donde pondríamos el césped sintético. Con nosotros colaboraron: Rulo, Martin, Mario y Carlitos. Al final de este trabajo decidimos abonarles la tarea realizada incluso dándoles un poco más de dinero del que ellos consideraban puesto que la tarea había sido muy dura.
Trabajamos todo el día. Las pequeñas piedras que asomaban en la tierra se convertían en enormes una vez que las sacábamos, pero la voluntad con la que trabajaron estos hombres fue increíble y sin descanso.
A medida que poníamos el césped los niños no dejaban de jugar sobre él, cuestión que dificultaba nuestra tarea, pero al mismo tiempo, era hermoso verlos disfrutar el nuevo patio. Aprovecharon a bailar y correr.
Por la tarde le hicimos entrega de la nueva bandera a la directora.
Las familias se divirtieron jugando al Tejo toda la tarde. Para ellos fue una novedad y les encantó. Incluso jugaron de noche alumbrados por una linterna.
Sábado 16 de noviembre
A las 8:30 de la mañana se hizo la nueva bandera. La sensación de escuchar el himno lejos de casa es el doble de intensa. La vieja bandera, nos sería entregada después firmada por todos los niños y padres y maestros para que la llevemos a recuerdo.
Al mediodía invitamos un asado donde participaron padres, maestros y niños. Comimos dos corderos que trajeron Mario y Rulo. Después de almorzar comenzamos a ordenar las donaciones para ser repartidas. Ocupamos todas las mesas debido a la gran cantidad de cosas para repartir poniendo, incluso, cosas en el piso y en otros lugares.
La colocación del césped estaba casi concluida. Sandro tuvo la hermosa idea de construir un cantero en el borde del patio. Los padres, muy voluntariosos, movieron piedras y acarrearon tierra y lo construyeron en muy poco tiempo. Luego plantaron flores. También arreglaron la pequeña escalera que llega hasta la habitación de la directora y las maestras.
Para evitar que el agua de lluvia caiga sobre el césped hicimos una canaleta para drenar el agua hacia otro lado.
La familia de Chabelo tuvo algunos inconvenientes para poder recibir las donaciones debido a que ellos pertenecen a Molulo aunque trabajen en El Durazno. Igualmente les hicimos un regalo para no dejarlos afuera y la comunidad permitió que levanten algunas cosas.
Los maestros colgaron un cartel que decía “gratitud: es reconocer y agradecer a las personas que nos ayudan y piensan en nosotros”.
Mientras los padres concluían la colocación del césped nosotros poníamos un piso de goma en el jardín de infantes en donde hoy concurren son los dos niños. Quedó espectacular y Fermina, la maestra jardinera, estaba feliz.
También fuimos poniendo césped sintético en el aula de actividades prácticas que hasta el momento era de tierra. Con Sandro intentamos reparar la puerta de entrada al aula, pero estaba en muy mal estado.
Los maestros extendieron el cable de red que abastecería de internet a la nueva computadora que llevamos a la directora.
Mientras tanto, en las aulas, los niños contestaban las cartas que habíamos traído desde Buenos Aires escritas por alumnos Del colegio Parroquial de Pilar. A cada uno le tocó contestar muchas cartas debido a la diferencia en la cantidad de alumnos.
Domingo 17 de noviembre
Por la mañana decidimos visitar la toma de agua y la cascada. Para llegar allí atravesamos la huerta y caminamos sobre la acequia unos 1500 m. El camino es de cornisa y muy complicado. Sandro caminaba casi sin mirar para abajo, pero luego fue perdiendo el miedo.
Limpiamos los filtros de la toma de agua y almorzamos ahí. Allí decidí contarles un secreto que prometieron guardar. La charla se tornó de lo más interesante y profunda. Una vez finalizado el trabajo de limpieza y la construcción de una pequeña represa emprendimos la vuelta hacia la escuela habiendo visitado previamente una hermosa cascada que intentamos subir, pero no pudimos. La gente nos había recomendado no transitar por las rocas a esa hora de la tarde puesto que las serpientes salen a posarse sobre las piedras para calentarse con el sol. Así fue que nos encontramos con una a la que decidimos espantarla y no matarla.
Sandro tuvo la brillante idea de hacerme una broma para hacerme enojar y definitivamente lo logró. Obviamente tuvo como cómplice a Alejandro. Al principio fue durísimo y tenía ganas de matarlo, pero luego no paramos de reírnos. Realmente es un gran actor.
Cuando llegamos a la escuela notamos que no estaba bajando el agua a través de los caños. Estábamos realmente preocupados porque la escuela no puede funcionar sin agua. Pedimos ayuda a los padres que terminaban una reunión con la directora y nos ayudaron a solucionar el problema. Nos asombró con la velocidad en la que caminan en lugares tan angostos como la acequia.
Ya más tranquilos de haber solucionado el problema dimos inicio al torneo de fútbol. Hicimos dos equipos. El primero la formamos nosotros tres el maestro Juan y el profe Cristian. El segundo estaba compuesto por Carlitos, Rulo, Mario, Martín y Nilda. Luego Nilda fue reemplazada por Santiago, un vecino de Rulo que creímos que la iba a romper jugando, puesto que lo fueron a buscar para la ocasión. Más tarde demostraría que no tenía ni idea de cómo se jugaba. Nos llamó poderosamente la atención que jugaron en pantalones largos y zapatos. Las mujeres miraban de afuera mientras tejían unos gorros que después nos regalarían.
María, la esposa de Carlitos, ablandaba el charqui pegándole con una piedra para más tarde cocinar tamales junto a las cocineras.
El partido lo ganamos nosotros. Creo, que por cinco a uno. Sandro atajó casi todo el partido porque tenía una de sus zapatillas rotas. Habíamos llevado un trofeo para entregar al ganador junto con un premio en efectivo para el primer y segundo puesto. Finalmente terminamos entregándoles todos los premios a ellos, a pesar de que habían perdido. Algo que nos llamó la atención es que la las niñas juegan igual o mejor que los varones.
Por la noche compartimos unos chocolates y un vino “Matabirra” con algunos padres y docentes con debida autorización de la directora. Pasamos un gran momento. Todo fue muy divertido. Doña Felipa contó algunas experiencias de situaciones raras que vivió en los cerros y los demás dijeron no haber visto nunca “cosas raras”.
Lunes 18 de noviembre
Por la mañana temprano habíamos quedado con Rulo y Rosana en salir a hacer una caminata con el fin de conocer un lugar muy importante para ellos. Alrededor de las seis de la mañana caminamos junto a Cristian hasta la casa de Rulo. Fueron aproximadamente 45 minutos en subida. Allí nos esperaba la familia de él y la de Nilda para que conozcamos sus casas. Nos invitaron mate y tortillas recién hechas. Nos llamó la atención la manera en que vivían. Eran solo dos habitaciones. Una en la que se enciende el fuego en el interior y todos se sientan alrededor de él. La otra, una gran cama de tiento con cuero de oveja en la que duermen todos juntos. Realmente quedamos impresionados por la manera en que vivían.
Los niños de la familia nos regalaron unas coplas hermosas que nos emocionaron. Una vez desayunados emprendimos una caminata de tres horas hasta llegar a Cueva Pintada. El camino fue extremo. Rulo nos fue contando la variedad de fauna del lugar meta machete y machete. Vimos un ternero que había sido atacado por un puma. También vimos impresionantes paisajes. Caminamos por un angosto sendero hasta llegar a un cerro donde casi no se podía pasar. Apenas nos entraban los pies. A medida que lo cruzábamos las piedras se desmoronaban. Fueron momentos muy tensos.
Al llegar a las cuevas pudimos apreciar las pinturas de sus ancestros. Fue realmente increíble. Rulo nos contó que había vivido mucho tiempo en una caverna cuando era más joven.
Rulo junto a Martín, que también nos acompañó, invitó un asado de cordero y de verduras y papas a la parrilla. También cocinamos queso de cabra. Los tres coincidimos que fue la mejor comida de la semana. En el viaje, Rosana nos hizo probar chicha y ulpada. Ale decidió regalarle sus largavistas a Rulo.
Una vez terminado el almuerzo emprendimos el regreso. La idea era volver antes de que bajen la bandera porque sabíamos que era el único momento de despedirnos de aquellos niños que no se albergan en la escuela. Al otro día nos iríamos muy temprano antes de que entren a clase.
Los niños habían preparado unas chacareras y nos hicieron bailar a Sandro y a mí. Los chicos leyeron unas cartas de despedida realmente hermosas. Terminamos muy emocionados y ellos también. Delfina, la hija de Yolanda, no pudo terminar de leer su carta de tanta emoción. Doña Felipa nos regaló una copla y Fermina cantó junto a los más chiquitos un par de canciones.
Nos dieron hermosos presentes: gorros tejidos, pulseras, cuernos de vaca tallados, queso de cabra, tulmas, querosilla, dibujos y cartas. Nos hicieron entrega de la bandera que flameo en su mástil durante mucho tiempo firmada por padres, niños y maestros. La emoción era incontrolable. Les dedicamos unas palabras a ellos y no paramos de llorar.
Más tarde festejamos el cumpleaños de don Chabelo. La directora le preparó una torta y le aplastamos su cara en ella luego de soplar la velita junto con la complicidad de Cristian. Los chicos se murieron de risa.
Martes 19 de noviembre
A las seis de la mañana encaramos el regreso. Despedimos a la directora y a los maestros. No pudimos contener las lágrimas. Caímos en la cuenta de que faltaba mucho tiempo para volver.
El primer tramo lo hicimos a pie hasta llegar al río. Luego montamos las mulas porque las subidas eran muy difíciles y estábamos cansados del trabajo duro de la semana. Lo más duro hubiese sido subir las Siete Vueltas, que según nosotros eran setenta. Una vez que llegamos al corral de Ventura almorzamos y los cóndores nos regalaron un gran espectáculo. Seguimos viaje. Cada tanto bajábamos de las mulas para dejarlas descansar.
Cuando pasamos cerca de la casa de don Mario Pérez su madre salió a nuestro encuentro para presentarse y entregarnos una carta.
Nueve horas tardamos en llegar a Los Amarillos. Las rodillas no nos daban más. Una vez allí nuevamente el remis de Magín nos vino a buscar y nos trajo tres bebidas que disfrutamos mucho porque estaban frías.
Durante la caminata organizamos un asado de despedida. En un primer momento pensamos en hacerlo en un camping, pero luego decidimos hacerlo en el Hostel para todos aquellos que se encuentren en Tilcara.
Ni bien llegamos al hoste fuimos a hacer las compras a la carnicería la estancia, donde en el verano Rulo ayuda a los carniceros. Compramos para hacer choripanes y sándwiches de bondiola y cuadril. Cocinamos también provoletas de queso de cabra que nos regaló Hilda Cagua.
Mientras cocinamos comimos una picada junto a Hilda, su hijo Manuel y algunos huéspedes del hostel. Luego vino la familia de Felipa y los Gregorio. Comimos y tomamos vino y cerveza fría que tanto le antojaba a Ale.
Rosana me pidió hacernos una escapada para conocer a su madre porque se encontraba muy enferma. Ella vive cerca del Pucará. Rosana y Nilda les habían hablado mucho de mí y quería conocerme. Vive en una casa muy austera de una sola habitación donde lo único que tiene son los dibujos que le hicieron sus nietos y algunas otras pequeñas cosas.
Volvimos rápido al Hostel para seguir con el asado. Luego de cenar, María, ya con algunos vinos de más y junto a Felipa nos regalaron un montón de coplas. María repetía una y otra vez la frase: “Para que me invitan si saben cómo me pongo?”
Festejamos el cumpleaños de Felipa y de Manuel. Felipa trajo una gran torta. Tanto a Felipa como Manuel la enterramos su cara en la torta. Manuel asistía a la escuela del Durazno, pero al terminar el primario se mudó lejos de su madre y está albergado en una escuela en Maimará donde hace el secundario.
Pasamos un gran momento. Como era tarde nos pidieron que nos hagamos más ruido y propusieron seguir la farra en la Peña de Chuspita, pero estábamos muy cansados. Todos nos fuimos a dormir. Ellos al otro día volverían en el durazno.
Despedirse de ellos fue durísimo. De solo pensar que faltaría un año para volvernos a encontrar todo se volvía desgarrador. Rulo nos saludo como amigos y hermanos. Impresionante.
Miércoles 20 de noviembre
No despertamos alrededor de las cinco de la mañana porque Pablo nos venía buscar para llevarnos al aeropuerto. Durante el viaje discutimos temas muy interesantes. El avión despegó a horario y cuando aterrizamos en Buenos Aires nos esperaba Neves para llevarnos a nuestras casas.
Sin dudas fue un viaje que no olvidaremos jamás.
