Viaje Solidario al Durazno, Provincia de Jujuy

4 de Julio de 2021 al 11 de Julio de 2021

Contexto

Las ansias de ver nuevamente a nuestros amigos de los valles nos impulsaron a programar un viaje fugaz. Pasaron solo tres meses desde la última vez que nos dijimos hasta pronto. Juani deseaba profundamente que Maru conozca el lugar donde Siete Vueltas desarrolla, año a año, su labor filantrópica. Ante lo inminente de la propuesta se suma Ale. Por su parte, Sandro, considera que no están dadas las condiciones para que pueda afrontar la travesía, por problemas particulares, cuestión que resulta más que entendible.

El objetivo de este viaje consiste en entregar libros a una estudiante de Sumaj Pacha, en equipar parcialmente al puesto sanitario y ver el avance de la construcción de un puente sobre el Río Chico, para el cual la gente nos ayudó muchísimo. Entregaremos también una máquina de coser a la escuela con el fin de que puedan reparar prendas de vestir, confeccionar cortinas y manteles y aprender el oficio. Curiosamente, al comprarla, nos dan como clave para recibir el paquete, la palabra “Escuela”.

Conseguimos muchos insumos médicos, pero, aun así, nos faltan más de la mitad de la lista. Además, visitaremos la escuela llevando con nosotros algunas donaciones e idearemos el proyecto 2022 junto a la directora de la institución.

Las donaciones enviadas con mucha antelación nos juegan una mala pasada y nos tienen en vilo hasta 24hs antes de subirnos al avión.

Se nos presenta, además, la incógnita del clima. Durante la última semana, ha nevado intensamente, y esto se presenta como una adversidad más a nuestra travesía.

La pandemia sigue con la misma fuerza, pero esta vez nos encuentra recientemente vacunados y eso nos tranquiliza.

Siete Vueltas está en camino de convertirse en una Asociación Civil.

Querida escuela y queridos amigos, no nos alcanzaba con visitarlos una vez al año, así que allá vamos, a nuestro lugar en el mundo.

Sábado 3 de Julio

4.30AM Maru y Juani viajan hasta la casa de Ale. Allí dejan el vehículo y solicitan un Uber para trasladarse hasta aeroparque. Durante la espera, Juani recuerda no haber traído su campera, por lo que Ale le presta una. Llegamos rápidamente al aeropuerto. De entre las sombras nos dan una grata sorpresa. Sandro, quien no pudo viajar, nos fue a despedir. Gran gesto de nuestro amigo. Nos entrega algunas delicias para el viaje. Lo cierto es que algunas tienen un destinatario en particular. Papas fritas, maní con chocolate y bombones con licor nos dan la esperanza de poder saborear algo rico en nuestra estadía. Nos despedimos de nuestro gran amigo y el vuelo salió en horario pese a haber sido modificado previamente en dos oportunidades. Luego de dos horas de vuelo, aterrizamos en San Salvador. Allí nos esperaba Claudio, nuestro pilar jujeño. Es él quien se encargó de visitar varias veces el expreso para reclamar la entrega de las donaciones que no llegaron oportunamente.

Nos dejó en el Hostel Waira, mismo hostel que habíamos utilizado en abril. Descargamos las mochilas y las cajas y tomamos dos habitaciones. Visitamos el tradicional mercado de Tilcara, que está situado en frente de la plaza grande. Ale compró el ungüento para su frente que lo previene del mal de altura y Maru compro tutucas extra dulces. Pasamos por el minimercado para compra comestibles para nuestra vianda de marcha. Buscamos camperas para Juani, pero no había. La directora nos pidió chorizo colorado y panceta para poder hacer un locro para la fecha patria.

Se hizo la hora de almorzar y junto con Rulo, su madre Carmen, Rosana, Johana y Jhonatan fuimos al restarurant Los Puestos, un clásico en nuestros viajes. La familia pidió milanesas, ya que les encanta ese menú y además las sobras servirían para su avío del otro día.

Por la tarde, Ale durmió su siesta y preparó su mochila y les regló un buff a Maru y Juani, quienes viajaron hacia Sumaj Pacha para hacer entrega a Noelia Cuellar de dos tomos de un libro de medicina que le eran sumamente necesarios para la carrera de Nutrición que estudia en la ciudad de Salta.

                A las 7.00PM nos encontramos nuevamente con Rulo en la ferretería. Allí, compramos repuestos para reparar los baños, el tiraje para una salamandra y una sierra para cortar carne. En la puerta nos encontramos a Carlitos Mamaní, el agente sanitario, con su pequeño hijo.

                Luego, fuimos hasta la carnicería de Humberto Ábalos. Él ha colaborado enormemente con el proyecto del puente, ya que el río pasa por su finca. Nos ofreció trasladarnos a Los Amarillos, tanto a nosotros como a las donaciones, de forma gratuita. También se encontraba Don Primitivo. Juani compró una campera para reemplazar la olvidada en Buenos Aires y sumamos a las compras 12 limones.

                La familia Varutti había donado la imagen de la Sagrada Familia. Esta imagen reemplazaría la que en algún momento supo estar en el patio de la escuela. Creen todos que se trataba de la Virgen María y que por diversas creencias religiosas, una ex directora había mandado a sacarla y desaparecerla. Nos dirigimos entonces a la iglesia de la plaza chica. Esperamos a que termine la misa y el sacerdote amablemente la bendijo dejándola lista para ser instalada y venerada.

                Por la noche, jugó la selección nacional contra Bolivia. Compramos unas pizzas en El Fondito e invitamos a Rulo y familia al hostel a ver el partido. Cervecitas de por medio, la Argentina ganó 4 a 1. Nos acompañaron el Vasco, dueño del hostel, y su amigo.

                Despedimos a nuestros amigos y definimos detalles de nuestras mochilas de marcha y viandas. A descansar.

Domingo 4 de Julio

Tal cual lo pactado, Humberto paso a buscarnos con su camioneta a las 7.15AM. Con él, viajaba su pequeño hijito, Benjamín. Folclore de fondo, cargamos las donaciones y salimos rumbo a los Amarillos por camino de cornisa. A las 8, ya estaba Rulo y familia esperándonos con sus cargueros. Un amable runner entabló conversación con nosotros. Una vez más, la casualidad jugó de nuestro lado: resultó ser el yerno de Ana Pantaleón, funcionaria del gobierno de Jujuy, con quien anteriormente habíamos dialogado en varias oportunidades. Emprendimos la subida a pie, pero no sin antes pedir permiso a la Pacha para poder transitar sus senderos y llegar bien a destino. Rosana nos explicó que la manera correcta de hacerlo no era la que estábamos empleando. Debíamos utilizar las dos manos juntas al momento de depositar las hojas de coca y el alcohol en el hueco de la tierra.

8.30 pusimos los pies en marcha, respondiendo, Maru y Juani, a los nombres de “Pol” y “Aina”, apodos impuestos por Ale. Casi 3hs después llegamos al puente de las Gárgolas. Allí, casi todo el curso de agua se encontraba congelado. Una semana antes de nuestro viaje había nevado intensamente. Maru hizo un gran sacrificio en este trayecto. La subida es de moderada a exigente y te quita piernas para lo que viene. Luego, nos montamos hasta “Sobre el Chorro” y allí desayunamos. Recorrimos una hora más hasta las apachetas, donde dejamos nuestra piedra y pedimos un deseo. Treinta minutos más hasta la bifurcación de las Ánimas y veinte hasta Corral Ventura. Doña Simona, tía de Rulo, nos invitó a pasar a su puesto. Ella vive de manera muy precaria. Duerme sobre cueros y pasa un frío terrible por las noches. Nos convidó café y acariciamos su pequeño corderito atado. Juani le regalo su campera nueva y le prometimos hacerle llegar un colchón. Ale la agasajó con golosinas y un chocolate. Ella jamás nos pidió nada, todo salió de nosotros. Maru estaba profundamente emocionada por la situación. También, nos contó que había sufrido un golpe de una vaca y que a partir de esa situación ya no se sentía tan bien.

En Abra Lajita, almorzamos sándwiches de crudo y queso y paté con galletitas, enmarcados de una vista impresionante. Caminamos treinta minutos hasta Piedra Parada y bajamos las Siete Vueltas llegando a Comederito cincuenta minutos después. Allí, montamos hasta el Río Chico durante una hora y media. Cruzamos el río caminando y observamos muchos materiales que se utilizarán en la construcción del puente. Allí, olvidamos una carga, que Primitivo encontraría días después y nos la daría en mano. Seguimos con paso acelerado hasta la escuela para ganarle a la noche durante una hora y veinte, pero no fue posible. Entre tanto, Maru y Juani escuchaban el rugido de un puma, que más tarde nos enteramos de que los lugareños saldrían a su caza: ya había matado muchos de sus animales. A las ocho avistamos la escuela. También llegaron los cargueros junto con Rulo. Previo saludo a los presentes entre los que se encontraban nuevos maestros, tomamos un café y dejamos las mochilas en el aula que haría de habitación. A Ale le toco el desvencijado colchón que anteriormente usó Juani. Nos duchamos con agua casi helada.

Maru sintió la necesidad de secarse el pelo. Para tal función, llevó un secador de pelo mini que puso en marcha enseguida después de su baño. Un minuto después, dejaba sin luz a la escuela y su humor se transformaba. Nos hicimos los otarios hasta el otro día, ya que todos desconocían la causa del corte. Diez y media de la noche, nos fuimos a dormir, previo plato de sopa.

Lunes 5 de Julio

Juani no ronca más. Al menos eso creeríamos hasta la próxima noche. Dormimos muy mal, incómodos y con frío. Equivocadamente, el despertador de Juani nos desveló a las 6.00AM. Intentamos recuperar el sueño y 8.15 salimos de la cama. Maru ostentaba un peinado de vieja escribana debido al no uso de secador. Mateamos en la cocina y ordenamos ropa. Ale no encontraba ningún pantalón largo, salvo el que tenía puesto, un short y algunas calzas. Amagó con ponerse las calzas por debajo del short y se convirtió repentinamente en Mickey Mouse. Juani le entregó un pantalón largo para evitarle el ridículo.

Walter, quien está a cargo de las prácticas agrícolas, nos enseñó la huerta grande y chica. Vimos cambios notables respecto de otros años, en relación con la importancia que se le da a la huerta. Ale y Juani repararon un cable caído. Entre los tres desembalaron las donaciones y Maru le dio un obsequio a la directora: crema y perfume que usaría todos los días durante nuestra estadía.

Jugamos un partido de fútbol con los chicos y Maru se entretuvo con los de jardín. Almorzamos ñoquis de papa con espinaca y pollo y luego la tradicional e ineludible sopa de cada día.

Acompañamos a los chicos a su clase de huerta. Livia nos contó que su familia encontró enterradas unas reliquias de plata y oro en una cueva. Más tarde, Maru clasificó ropa de niños por talle y género. Charlamos con Felipa y Mabel. Livia le contó a Maru el miedo que le provoca terminar el primario y dirigirse a Tilcara para continuar sus estudios.

Conocimos a Lorena, madre de Zoe. Ella es una madre que fue víctima de violencia de género. Es joven y acaba de enviudar. Alberga a su hija en casa de Rosana para ella poder cuidar las cabras de su patrón.

Vimos la clase de danza folclórica y luego comimos torta fritas simples y rellenas con queso y jamón crudo que había sobrado de nuestras viandas. La directora preparó Api, que es un postre a base de maíz morado, azúcar, canela y limón. Luego, continuó la charla en la cocina junto a la directora, Chabelo, Felipa, que se desgració, Mabel y nosotros tres. Tarde de fiaca y noche de bolsas de agua caliente, Bailys, los bombones de Sandro y charlas profundas.

Martes 6 de Julio

A las 9AM nos encontrábamos izando la bandera. Tarde para lo habitual, pero es debido a que en invierno modifican el horario en función de la salida del sol.

La jornada se presentaba con un día soleado, a diferencia de lo que esperábamos. Juani y Ale pusieron manos a la obra en el pañol de herramientas. Mucho desorden y mugre imposibilitaban ver con qué herramientas contaban y qué hacía falta. A la tarea, se sumó Walter. Ale pintó el lugar que ocuparía la Sagrada Familia. Maru colaboró en la preparación de las empanadas, que más tarde comeríamos, y ocupó la cabecera en la mesa, lugar que habitualmente ocupa la directora. Descubrimos que tildan de “chimuelo” a los niños que se le caen los dientes. Eso los avergüenza.  “Luzmila” no deja de llamar a Maru como Seño Maru. El pequeño Nahuel no escatima en alimentarse y se come cuatro empanadas. Los chicos miran con ojos de desconcierto los tatuajes que Maru les enseña.

A primera hora de la tarde, salimos en caravana hacia el puesto sanitario. Allí, Carlitos Mamaní debía cumplir con la obligación de vacunar a los niños y docentes contra la gripe. En el camino, los cóndores nos regalaron un show en el cielo, volando tan bajo como nunca.

Uno a uno, fueron pasando por la mano de Carlitos y ninguno lloró. Ni grandes ni chicos, incluido Kevin y Nahuel, que recibió tantas vacunas como empanadas se había comido.

Pegadito al puesto sanitario, se encuentra la capilla donde Maru y Juani ensayaron un casamiento sin testigos ni sacerdote. Afuera, las niñas desafiaban en un contrapunto coplero a los varones mientras esperaban su turno para ser vacunados. Más tarde, según ellos, ganaban la batalla. Ale disfrutaba al sol, mostrándole a los chicos fotos desde su teléfono y Maru les cantaba el Sapo Pepe a los jardineros.

Retornamos por los campos de cultivo en lugar del sendero. Nos acompañó Carlitos Robles. Nos mostró la casa de su infancia. Llamativamente, tenía dos pisos, cosa no habitual en construcciones de adobe. En el interior todavía quedaban algunas herramientas oxidadas. Vimos también un viejo molino de granos que funcionaba con tracción a sangre y que el viento al soplar sobre lo molido se encargaba de sacar lo inutilizable como cáscaras, ramitas o paja seca. Carlitos nos cortó Toronjil, que tiene un aroma cítrico y se utiliza para aromatizar infusiones. Vimos los durazneros en flor. En el camino, Yolanda Choque le entregó a Juani la tarea de matemáticas de su hija, para que le dé una mano, junto con una bolsita con manzanas que nos daba como obsequio. También visitamos, lo que alguna vez fue, un almacén. Junto a este, Ale se sacaba una foto haciendo uso de la letrina que funcionaba como baño, y que hacía resaltar lo sucio del lugar con lo blanco fantasma de su traste. Llegando a la escuela, subimos por el río que la abastece de agua con el fin de evitar la cansadora trepada final. El río estaba con poco caudal, pero igualmente fue complicado vadearlo. Juani se dio flor de golpe y sumergió sus patas en el agua. Una vez en la habitación, Juani apenado, se dio cuenta que en algún lugar del trayecto había perdido una corta plumas que Ale le había regalado en el viaje anterior.

Nos duchamos bárbaro, tomamos té en la cocina con Juana y la tarde noche la pasamos de fiaca y música. Cenamos empanadas que sobraron del mediodía. Ya queda poco alimento en la escuela y hay que administrarlo inteligentemente. Mabel y Walter tejen canastas con falso mimbre.

Ya en nuestras camas, hicimos ronda de Bailys para entrar en calor y escuchamos el 1 a 0 de Argentina vs Colombia. Los ruidos de la noche nos acompañaron durante unas horas. Posteriormente, se cortaba el internet y no sabríamos cómo terminaría el partido, hasta el otro día.

Miércoles 7 de Julio

Amanecimos 8.30 como de costumbre. Mates y chocolatada en la cocina y la novedad de que Argentina había ganado por penales ante Colombia. Un desconsiderado perro había entrado por la ventana y se había comido las empanadas que quedaban, entre otras cosas. Nuestras ropas apestaban, por lo que tomamos la decisión de lavarlas, obviamente a mano. Más tarde preparamos mochilas de marcha y nos dirigimos hacia la casa de Don Primitivo, único dueño real de las tierras que van desde el Durazno hasta Molulo. Nos acompañó Juana.

Una vez allí, Primi nos mostró su finca. Desbordaba de plantas y árboles frutales, de Nogales, Palmeras y Pinos. Hierbas aromáticas, ríos, cerros, playas, canales de riego y hasta un viejo molino de agua, que todavía está en pie. No sabe exactamente de cuándo data. Nos cuenta de la fauna que puede observarse en su campo: zorros, pumas, cóndores, oso hormiguero, venados y chanchos salvajes, entre otros. Mientras mateábamos en su casa, nos convidó Manaos de Pomelo helada. Nunca pudimos creer su frescura sin estar conservada en una heladera. Maru observó que solo la tenía embutida en la pared de adobe.

Hablamos de temas varios:  de cuatrerismo y de las diferencias que existen entra las diversas familias que componen la comunidad. Sus problemas datan de antes de que ellos nazcan y ni siquiera saben exactamente por qué algunos no se hablan. Primitivo es un gran anfitrión.

Ya de regreso, dejamos una nota en el puesto sanitario para que Carlitos la lea y volvimos sobre nuestros pasos del día anterior en busca de la corta plumas de Juani. El resultado fue negativo. Eran las dos de la tarde cuando arribamos a la escuela y Mabel nos esperaba con pollo, arroz y papas. Exquisito. De postre, Vigilante.

Entregamos la imagen de la Sagrada Familia y las donaciones para la escuela. Los hombres del grupo continuaron con la revisión del pañol.

Más tarde, Ale jugó al fútbol con los chicos. Alistamos nuevamente mochilas y rumbeamos con destino a la toma de agua y cascada. El sendero estaba imposible. El agua que baja por la acequia había angostado el camino considerablemente y casi debimos caminar de costado, apoyando las dos manos contra la montaña, esperando sentir algo de seguridad. Esto provocó que Maru entre en pánico en la altura de la acequia. Desgraciadamente, mojó su calzado con agua helada. Por suerte pudo dominar el miedo y llegamos bien a la cascada. La mateada prevista se frustró porque los malos humores que había generado el miedo le ganaron a la aventura. Volvimos por otro camino que no fue efectivo y que nos obligó a retomar el camino inicial por un exigente barranco, haciéndonos pasar por las mismas circunstancias, aunque esta vez con paso firme y más decididos.

Tarde de siesta para Maru y fiaca para los muchachos. A las 20hs y ya de noche, Carlitos, luego de haber leído el mensaje que le dejamos en el puesto, pasó a retirar los insumos médicos que le donábamos al puesto. Cargó sus burros y partió.

Chabelo y Walter prepararon cordero al horno de barro que Felipa había traído de Molulo esa misma tarde. Lo acompañaba una ensalada completa que tenía hasta palta. De postre compartimos un vino en caja y una tableta de chocolate con los docentes y el personal auxiliar. La charla se tornó divertidísima escuchando historias sobre las distintas versiones del carnaval jujeño. Humahuaqueños y tilcareños se disputan lo original de la festividad.

Nos fuimos a dormir habiendo olvidado calentar agua para las bolsas. El frio aprieta.

Jueves 8 de Julio

Nos despertamos, preparamos un mate e izamos la bandera. Teníamos previsto visitar a la familia de Rulo en su casa, por lo que preparamos mochilas y emprendimos la marcha alrededor de las 10.30am. Arribando, encontramos un cartel de bienvenida hecho por los chicos y nos cantaron “Les damos las muchas gracias”. Todo era emoción. El día se perfilaba para ser hermoso. Entramos a la cocina para matear y comer unas tortillas caseras cocinadas a leña. Mientras tanto, Rulo y su amigo bien jujeño Sebastián preparaban el fuego para hacer un exquisito asado. Rulo junto con Carlitos e Hilda son, a partir de este año, personal de la escuela, cuestión que lo obliga a faltar a su trabajo para poder agasajarnos.

Enseguida preparamos una picada con salame y queso que habíamos llevado para compartir. Armamos una mesa improvisada con viejos pupitres y una puerta. El almuerzo entre familia y amigos fue espectacular. Al tiempo, fueron llegando los hermanos y hermanas de Rosi y Carlitos Mamaní. No fue necesario insistir para que arranque la música, la guitarreada y las coplas. Sebas nos regaló unos pasos de cumbia chicha que no supimos copiar. Eran inentendibles, como sus palabras para nuestros oídos. Los cóndores sobrevolaban nuestras cabezas y Nilda llamaba a su burra Naila, que la miraba desde lo alto de un cerro. Luego de hacer la digestión se armó el fulbito. Partido mixto de género y de edades con pocas reglas y muchas risas. Terminó empatado y con definición por penales, resultando victorioso el equipo de Ale.

 A las 5 de la tarde, emprendimos el regreso a la escuelo después de haber pasado un hermoso día. En el camino avistamos a lo lejos a Daniel Mamaní, un vaqueano encargado de trasladar al personal docente de la escuela montados hasta Los Amarillos. Él nos gritaba desde lo lejos y nosotros lo saludábamos con nuestras manos. No paraba de gritarnos. Una vez arribados, Felipa y Mabel lo observaban desde lo lejos y creían que o estaba dormido sobre la mula o estaba machado. El tiempo pasó y una hora después, Livia, observa volviendo a su casa, como Daniel se despeña junto a su mula, cayendo sobre un río rocoso y de poco caudal. Corrió hasta la casa de Rulo en busca de ayuda. Él fue a su encuentro y envió emisarios a la escuela para sumar gente. La noticia amargó el día. Rulo y otros, junto a Ale y Juani, bajaron para socorrerlo. Estaba muy golpeado e inconsciente. Encendieron un fuego y lo apartaron del agua. Le pusieron ropa seca y Juani retornó a la escuela para solicitar un rescate aéreo. Los que se sumaron a ayudarle, movieron una piedra de un acantilado que milagrosamente, al caer, no mató a nadie, pero que pasó cerca de la cabeza de muchos. Fue necesario trasladarlo hasta la escuela en una rústica camilla hecha con materiales del lugar. Le brindamos nuestro cuarto y nosotros nos mudamos al albergue. Seguía inconsciente. El agente sanitario habló por WhatsApp con hospital de Tilcara mientras Juani recibía instrucciones de un emergentólogo. Media hora después, el ejército nos confirmaba el rescate para el día posterior, dado que la noche ya era cerrada y los helicópteros no vuelan en esas condiciones en ese lugar.

Había que aguantar. La noche la pasó entre amigos. Todos colaborando. Muchos de ellos construyeron una nueva camilla para el caso de que el rescate no fuera posible. Se sirvió té para todos. Llegada la medianoche recobró la conciencia. El agente sanitario le suministró calmantes a través de una vía. Decía incoherencias y pedía que le masajeen sus brazos y piernas, que sentía heladas. Las bolsas de agua caliente parecían no surtir efecto alguno.

Luego de un chequeo de la sensibilidad de sus miembros, el agente detectó que no los podía mover voluntariamente. El cuadro empeoraba. Llegada la noche, compartimos en la cocina unas cervecitas y lo que le quedaba al Bailys. Prendimos un fuego y nos reímos con Chabelo y familia contando gratas historias. La noche repuntó un poco.

Más tarde, a dormir. Los ronquidos de Juani se presentaban esplendorosos. Ale salió decidido de su cama para a callarlo. El problema se suscitó al moverse en dirección equivocada de la cama. La pared salió a su encuentro, y lo encontró, al igual que la cucheta de arriba.

Viernes 9 de Julio

A las 8.00AM nos encontramos con la noticia de que el rescate había sido cancelado porque el piloto daba positivo de COVID. Además, nos aseguraban que un hombre con la altura de Daniel no cabría en el helicóptero sanitario. Por supuesto, desconfiamos de todas estas excusas. La imagen de la sagrada familia acompañó toda la noche a Daniel.

No había más tiempo que perder y se armó una cuadrilla de 12 hombres para trasladarlo en la camilla que habían estado fabricando con maderas y un colchón viejo. Su mujer, Ester, se hizo presente. Viajó desde Tilcara esa misma noche. A las 9 partían los hombres hacia los Amarillos, previo desayuno con locro para obtener las fuerzas necesarias. Cada 5 minutos rotarían para poder atravesar, con el herido, varios cordones montañosos en un camino con terribles subidas. El acto del 9 de Julio, obviamente, fue suspendido. Las mujeres se hicieron cargo de los trabajos de los hombres y los niños fueron enviados a sus casas. Solo quedamos los docentes, los padrinos y algunos pocos niños que esperaban ser retirados. Desde Tilcara, saldría un rescate terrestre compuesto por bomberos y ambulancia, con el fin de encontrarse con la caravana y el herido, a la altura de Los Amarillos.

Almorzamos el locro que estaba previsto y a Juani, como no le gustaba, le cocinaron carne a la plancha con arroz. Despedimos algunos niños y padres. No había clima de festejo. Supimos que en el camino se fue sumando gente para colaborar con comida, agua y hombros para cargar al herido. Terminaron siendo como 30 hombres.

Fuimos armando las mochilas, incluidas las de marcha. Juani se llevó el viejo cartel enlozado, que alguna vez supo colgar de una pared de la escuela.

La tarde para los que nos quedamos en la escuela fue triste. Volvimos a retomar la búsqueda de la corta plumas, pero esta vez en el río. Mabel, Celeste y los hijos de ambas nos acompañaron. Otra vez el resultado fue negativo, aunque las charlas fueron un alivio para el momento. No hubieron noticias de Daniel.

A la vuelta, Felipa se amasó unas riquísimas tortas fritas que acompañamos con mates. Juani le explicó temas de matemáticas a Zahira, que cursa el secundario y que aprovechó a ir a la escuela para poder conectarse a internet. Aprovechamos para sacar las últimas fotos. Nos entregaron unas remeras y gorras con nuestros nombres. El anochecer estaba al caer.

La cena fue improvisada. Arroz, huevo frito y papas criollas doradas. Exquisita combinación. Ale no deja de quemar sus últimos leños, provocando una humareda insoportable, como todos los días. El fuego lo atrae. Juana, por su parte y haciendo notar el poderío que cree tener, intenta que Mabel le cocine bombas de papa. Nos indigna su trato con el personal, sus aires de diva, y su mangueo interminable. Charlando con Felipa, pudimos dar con un paquete perdido con pulseritas que Maru había comprado para dar de regalo al personal. Sin saber cómo, el paquete fue encontrado dentro del horno de barro. Mabel lo recuperó y pudimos hacer la repartija. Todo fue muy llamativo y gracioso, aunque claramente sabemos cómo es que fue a parar ese paquete en aquel extraño lugar.

Una vez más, ya siendo de noche tarde, la energía trifásica volvió a fallar.

Sábado 10 de Julio

                6:00AM nos despertamos y cobramos energías para lo que sería una larga jornada de regreso. Té caliente y despedida de nuestra querida escuela y nuestra amiga Felipa. Emprendimos la bajada al río, llevando con nosotros las mochilas que cargarían los burros. De esta manera, alivianaríamos a Rulo y le evitaríamos subir por nosotros. La caminata comenzó con buen ritmo y linternas prendidas. Nos acompañaban Juana y Raquel. Por detrás, Rulo, su familia y los cargueros nos pisaban los talones. Una hora y veinte después, es Jhony quien nos emana un pedido de ayuda. Solo escuchábamos el grito y Juani se adelantó para ver qué estaba sucediendo. Al llegar al cruce, entendimos la situación. Un caballo blanco, con sus últimas fuerzas, intentaba mantenerse con vida y no morir ahogado. Se lo veía exhausto. Sebastián, que también escuchó el pedido de auxilio, trajo consigo una soga que atamos al bozal del caballo. Esta serviría para mantener su cabeza afuera del agua. Los tres nos encargábamos de esta tarea, mientras Sebastián, ya inmerso en el agua, trataba de sacarlo del curso. Enseguida llegaron Rulo y Rosana, que acompañaron a Sebastián en su odisea. Más tarde, se sumaron Chabelo y las mulas de todos para traccionar y hacer un gran trabajo en equipo. Solo los niños miraban desde la costa. Una hora más tarde, con el último aliento de todos, logramos sacar al caballo del río, pero la felicidad fue efímera. El caballo había tragado demasiada agua, presentaba un golpe en su cabeza y parecería haber agotado todas sus fuerzas para seguir viviendo. Murió mientras Juani acariciaba su hocico. Para los lugareños, la vida recobró su curso inmediatamente. Nosotros todavía estábamos shockeados. “Son cosa de todos los días” dijo Rulo. Daniel Mamaní sumaba una pérdida más. Era su caballo. Rulo y Sebastián tenían sus ropas mojadas. El frío era intenso y Juani les obsequió la poca ropa que quedaba en su mochila, que, al estar seca, les haría menos hostil el andar.

Casi en silencio, salimos montados del río en una interminable subida hasta llegar a Comederito. Un tirón más e hicimos descansar las monturas en Abralajita. Hermoso paisaje mediante, cerramos los ojos y descansamos por unos minutos. Fue reconfortante. A partir de allí, las espinas en el culo nos acompañaron hasta Corral Ventura. En el trayecto, pudimos saludar a Chabelo, que se desviaba hacia Molulo junto con sus cargueros. Doña Simona estaba a la vera del sendero. Nos saludó efusivamente e hizo hincapié en que, en nuestra próxima visita, deseaba compartir un cordero con nosotros. Agradecidos, seguimos viaje y Ale se entretenía mirando cómo los perros corrían vacas y vizcachas.

                Pensamos en lo incansable de los animales. Sus nombres eran El Marcelo, La Dominó, La Peruana, El Bayito, La Torera y el Zambo. Habiendo salido desde El Durazno a las 7:20, y disfrutando un viaje tranquilo y con buen clima, arribamos a Los Amarillos a las 16hs. El remis ya nos esperaba desde las 14hs. No debimos esperar ni un minuto para volver a Tilcara. Mientras tanto, en la acequia, Rulo sufría la patada de una mula en su cara, provocándole una herida en su boca y el sangrado de su nariz. Rosana lo asistió. En cambio, Johana y Jhony, subieron con nosotros al remis, y se bajaron en Garganta Del Diablo.

Hostel, ducha y siesta. Otra vez jugaba Argentina. Los restoranes explotaban de gente y decidimos cenar en El Nuevo Progreso. Comida gourmet, con aires de bruma, para contrarrestar la semana. La Argentina campeona de América frente a Brasil, endulzó el amargor producido por la cuenta del restorán dibujada en un papel. La gente copó las calles y los machados estaban por doquier. Para nosotros, el cansancio se hizo notar y decidimos acostarnos relativamente temprano.

Domingo 11 de Julio

Desayunamos en el hostel y arreglamos con Marta para que nos deje la habitación hasta la tarde. Visitamos por enésima vez la plaza y el mercado. En la cola del banco, nos encontramos con Hilda. Hicimos compras de último momento. En la plaza grande nos reunimos con Mabel, Celeste, los niños y Abel, con quién tuvimos una reunión para que nos presupueste la construcción de un pasillo, de un baño y la reparación de la antecocina de la escuela. Fue él quien realizó las obras anteriores. Los hijos mayores de Mabel se acercaron a Tilcara para saludarnos. Entre paseos, Juani le regaló una pipa a Ale. Compramos tantas pequeñeces que decidimos caminar hasta el hostel y dejarlas allí.

Yendo a almorzar, y según Maru, la francesa Amelí, ex empleada del Club Hostel, “se tiró” del auto para saludar a Juani. Esto creó un mal clima que duró solo unos momentos. Nos regaló tres alfajores. Combinamos con la familia de Rulo en la parrilla Los Puestos para almorzar juntos por última vez. A Jhony le obsequiamos un cuchillo. A Joana, Maru le regaló sus zapatillas junto con una pulserita. Rosana obtuvo una igual y Rulo se quedó con la bolsa de hidratación de Maru. Rosana expresaba su felicidad viendo que Rulo estrenaba sus nuevas zapatillas. Almuerzo plagado de chismeríos, fotos de picadura de serpiente y una despedida emotiva. Mateada en el patio del hostel, acompañada por una hermosa tarde, en la que Maru tuvo una reunión de negocios con Mabel. Luego volvimos a la plaza grande. El azar hizo que entremos a un local que era atendido por la hija de Daniel Mamaní. Charlamos sobre la situación de su padre y nos hizo escuchar un audio de él. Volvimos al hostel a cerrar los bolsos. El vasco nos dijo que contábamos con él para enviar las futuras donaciones. Nos invitó a ver el partido de la final de la Eurocopa. La disputaban Inglaterra e Italia, siendo esta última la que se llevaría el premio.

 Claudio debía pasar por nosotros a las 19hs para llevarnos al aeropuerto. La hora avanzaba y él no se presentaba. En las reiteradas comunicaciones telefónicas, esbozaba que siempre estaba a diez minutos de llegar. Caminamos hasta la ruta para ganar tiempo. En el camino nos encontramos con Primitivo y nos despedimos hasta la próxima. Una hora más tarde llegó, sin pedir siquiera disculpas. Fue la primera vez que nos fallaba. Hicimos escala en Sumaj Pacha y levantamos un sweater que Sabina había tejido para Maru. La ruta estaba imposible. Fin de semana largo más el retraso de Claudio, lo obligaron a llevarnos a alta velocidad en caminos de cornisa y de contramano. Los nervios aumentaban y el avión estaba cada vez más próximo de despegar. No llegábamos. El clima en la camioneta era fatal. Con toda razón, Maru le recriminaba en llantos que no nos merecíamos la situación que estábamos padeciendo. Él, mudo. Juani llamó a Esteban, su vecino, piloto de Aerolíneas, para encontrar una solución a nuestra tardanza. Hizo algún trámite, pero nos tranquilizó al comunicarnos que el avión estaba demorado una hora. Las caras largas que observamos en el aeropuerto, producidas por el retraso, se contrarrestaban a las nuestras. Tostados y pizzetas amortiguaron la espera del despegue. Maru choluleaba a una influencer. El vuelo transcurrió tranquilo, mirando fotos y descansando un poco. Ya en Buenos Aires, y fuera del aeropuerto, hicimos la cola para tomar un taxi. Esta era de cien metros. Al faltarnos veinte, y luego de media hora, un taxista preguntó a los gritos “¿Quién va para provincia?”. Nos apuramos a hacerle señas y nos subimos en su auto. Al ritmo de la música de los Rolling Stones, llegamos a la casa de Ale en catorce minutos. Por segunda vez en el día, dejábamos las uñas clavadas en el asiento. Esta vez, el apuro se debía a las contracciones de la mujer del chofer. Llegamos a la calle Italia y, así, este viaje concluía.

Más allá de las adversidades y con un balance positivo, el amor por la escuela nos hará regresar más temprano que tarde.

“FRIO TIENE SIMONA”

“LOS QUE NO SABEN DONDE IR ESTAN BUSCANDOTE, LOS QUE FUERON Y VINIERON VUELVEN CON LA FE”