Viaje Solidario a El Durazno, Provincia de Jujuy

14 de octubre de 2022 – 24 de octubre de 2022

Contexto

Siete Vueltas creció. Al momento de este viaje tenemos el orgullo de poder contar que, hoy día, colaboramos con dos escuelas de los valles jujeños, una del Chaco, una de Formosa y una de Entre Ríos. Además, apadrinamos un puesto sanitario que será parte del relato en esta bitácora, ayudamos a construir un baño digno a la familia Gregorio, ayudamos económicamente a chicos que estudian en la escuela secundaria, apadrinamos una escuela de fútbol mixto infantil, damos conectividad a un hogar de niños, contribuimos con alimentos a comedores y otras cosas más, que harían demasiada extensa esta lista.

El grupo esta afianzado y la voluntad de trabajo no ha menguado en ningún momento del año. Cada uno aporta desde su lugar lo que más puede. La idea es seguir creciendo, ya que tenemos en vista algunos proyectos que nos harán trabajar más duro aún.

Desde lo personal, las situaciones de salud de nuestros cercanos nos tienen a mal traer. En este caso, a Ale, le toca sufrir por su padre y a los demás acompañarlo en su preocupación. Tito, su padre, transcurre una enfermedad que, por suerte, lo deja fortalecido y sano, pese a haber pasado por momentos críticos. Sandro, uno de los nuestros, se encuentra curado luego de haberse operado y Grubi, aún, no se siente en condiciones de viajar, debido a no estar en óptimas condiciones físicas luego de su cirugía de corazón. La labor de Rosana y Marcela facilita la gran cantidad de trabajo que nos da mantenernos a flote. Toda la familia nos ayuda. Son indispensables.

El nuevo desafío es abastecer de energía solar al puesto sanitario del Durazno, además de proveerlos de insumos médicos, herramientas y medicamentos. Para ello, sumamos al equipo del Tano y sus alumnos para que, como técnicos que son, instalen el equipo donado. Este grupo es oriundo de Necochea. No nos conocemos personalmente y fuimos presentados a través de nuestro amigo Jesús. En principio, tenemos buenas expectativas sobre nuestra convivencia.

Las donaciones conseguidas por nuestra asociación fueron enviadas por expreso y llegaron a Tilcara con mucha anticipación. Desde Buenos Aires cambia de vehículo infinidad de veces antes de arribar su destino final, siendo éste, el hostal La Colorada.

Previo a nuestro viaje, recibimos la mala noticia que la carga que enviamos por camión llegó por micro a la terminal del lugar y no al hostal. Amablemente, una trabajadora de dicha terminal nos avisó que las cosas se encontraban a la deriva sobre un andén y que corrían riesgo. Si bien la gente del hostal fue rápidamente a su encuentro, no hallaron la totalidad de las cosas.

Viernes 14 de octubre

Llegó el día. Susi y Juanca pasaron a buscar a Juani y Maru por Pilar, alrededor de las 10.30hs. Ya teniendo todo el bagaje armado, ajustaron detalles de último momento en sus mochilas. El largo de las correas fastidia a los valijeros de los aeropuertos y lo obliga a uno a que no queden sin estar bien sujetas.

45 minutos después arribaban a la casa de Ale. Abrazos mediante, el grupo se despidió, tanto de ellos, como de Hilario, el perro de los pilarenses que quedaría al cuidado de Susi y Juanca.

Marcela, esposa de Ale, amiga de todos y sin perder la costumbre, tenía preparada una elaborada picada y una rica pizza que sirvió de almuerzo. Minutos después llegaba el Pollo, hermano de Marce. Él se ofreció oportunamente a llevarnos hasta el aeropuerto, mas no sin antes comer un rico plato que Marcela improvisó. La sobremesa fue de lo más agradable en su compañía. Hablamos de viajes, comida y, de paso, filosofamos un poco, cosa que es para nosotros inevitable.

A las 15.30 salimos hacia el aeropuerto. Ale y Maru se pusieron en modo viaje. Juani intentaba resolver un inconveniente de trabajo que lo tuvo preocupado hasta el minuto antes de subir al avión.

El vuelo despegó a horario y el viaje fue de lo más placentero. Al tocar tierra, los tres se indignaron al ver a una señora apurada por bajar del avión. Ésta, sin importar sobrepasar a los demás pasajeros, intentaba ventajear a quien estuviera delante en la fila. Nadie pudo contenerse las ganas de decirle algo sin faltarle el respeto. La devolución que les hiciera la pasajera fue de lo más desubicado y, encima, logró su cometido, bajar antes y no esperar su turno.

Retiramos mochilas y salimos al estacionamiento del aeropuerto de Perico en San Salvador de Jujuy. Allí, nos esperaba Fernando España, presidente del Club Unión Deportiva Maimará quien se tomó la molestia de trasladarnos hasta Tilcara desinteresadamente. Estaba acompañado por su agradable esposa llamada Romina.

Siete Vueltas apadrina el club que preside Fernando, comprando material deportivo para la escuela de fútbol infantil y sponsoreando la camiseta que viste la primera división de fútbol masculino. En el trayecto, hicimos un desvío hacia la ciudad de San Salvador para pasar a buscar a Renata, su pequeña hija que estaba al cuidado de su tío. Ella se encontraba afiebrada y no se sentía del todo bien.

Conversando, Fernando recordó que debía comprar unas medallas que tenía obligación de entregar al otro día. Este equipo no vaciló en aportar el dinero para que esto se haga realidad, y pasamos a buscarlas por una casa de productos de limpieza, que también vende trofeos.

Continuamos viaje hacia Tilcara. Éste fue de lo más ameno. Nos contaron sobre el enero tilcareño, diablos y el alud que sepultó a la localidad de Volcán. Éste último, fue un terrible suceso, qué si no fuera porque el pueblo estaba de festejo aquella noche, hubiese terminado cobrándose muchas vidas. Fue un 10 de enero y la gente, aún, estaba despierta. Cuando el cerro sucumbió por acumulación de agua, y el lodo bajo de él, arrasó todo lo que encontraba a su paso. La gente huyó despavorida. De los parajes más cercanos se acercaron para colaborar en el rescate de las personas atrapadas, que vieron perder lo poco que tenían en minutos. El pueblo quedó desbastado, y aún hoy, se continúan realizando obras para reparar los daños causados.

Ese fatídico día del año 2017, Fernando España, fue uno de los primeros en llegar al lugar, con el afán de ponerse a disposición. Hoy es muy conocido gracias a esto, y otras cosas que hizo por otra localidad cercana, llamada Maimará. Algún día no muy lejano, nos comentó, tiene la esperanza de convertirse en el intendente del lugar.

Arribamos al hostal La Colorada, en Belgrano 163, de la localidad de Tilcara. No conocíamos el lugar, pero sí a su encargada. Sandra, es quien recibe las donaciones que enviamos desde Buenos Aires y quien las guarda hasta nuestro arribo. Además ella, también, está a cargo del Hotel Casa Colorada de los Amarillos, lugar de partida de nuestro ascenso al Durazno.

Desensillamos lo más rápido posible en las dos hermosas habitaciones que nos tenían reservadas. Como los comercios cierran medio temprano, nos apuramos para ir en busca de un restorán abierto.

El grupo que se anexaría a nosotros, todos ellos oriundos de Necochea, estaban desde el día anterior en la ciudad de Tilcara. Llamado mediante, nos encontramos en el restorán “A la Payla” sobre la plaza grande. Con ellos, no nos conocíamos personalmente, así que hubo presentación.

Ellos habían terminado de cenar y estaban escuchando la actuación de un grupo folklórico, en cambio, nosotros recién nos estábamos sentado. El grupo estaba comprendido por el Tano, profesor de un curso de energías renovables y 3 alumnos suyos: Mariano, Isaías y Luis. Los cuatro serían los encargados de donar e instalar el panel solar a 220 volts al puesto sanitario, que tan requerido era por el agente de salud Carlitos Mamaní.

El Tano, hacía chistes frente al público que nos incomodaban, tanto a nosotros, como a sus alumnos. Además, obligó a cantar a Mariano en público, más allá de su voluntad. Éste último lo hizo muy bien pese al desgano. Evidentemente, tenía oficio de cantor.

Desde ese momento, El Tano, líder del grupo de Necochea, ya nos provocaba cierta incomodidad y dejaba adivinar que la convivencia no iba a resultar sencilla.

Se retiraron antes que nosotros del restorán. Cenamos tranquilos unos papines para el recuerdo, además de pizza y empanadas. Nuestras caras expresaban cierta preocupación por los días venideros.

Nos fuimos a dormir a medianoche.

Sábado 15 de octubre

Nos levantamos alrededor de las 9.30 y en el comedor del hostal nos esperaba Sandra y su compañero Diego. Desayunamos de primera. Diego es un personaje. Ex porteño, vivió en San Juan y Boedo. Emigró en busca de una vida más tranquila y la encontró. También, colaboró en trasladar las donaciones a la casa de Amelia, cuñada de Sandra, cuando éstas quedaron a la deriva en la terminal de ómnibus de Tilcara. Todos son super amables.

Salimos a dar una vuelta después del desayuno. Compramos unos vinos en un pequeño comercio para regalarle a Humberto y a Diego. Al pagar con tarjeta, la chica que atendía no la aceptó por no saber cómo se utilizaba.

Enfilamos en busca de un cajero automático y nos encontramos en la calle con María, hija de la accidentada Simona que vivió hasta hace unos meses en Corral Ventura, parada casi obligada cuando se desea ir al Durazno. Por nuestra parte, le prometimos a María, qué a nuestro regreso a Buenos Aires, le estaríamos enviando un andador para facilitarle el desplazamiento a su madre que casi no puede caminar.

Luego de extraer dinero fuimos al tradicional mercado. Siempre, es lo primero que hacemos por la mañana porque cierra entre las 12 y la 1 para convertirse en un polideportivo. Allí, se consiguen las frutas y verduras más ricas, las tutucas más dulces, las cosas más ocurrentes provenientes de Bolivia, las falsificaciones más burdas y los precios más económicos de la quebrada.

Dentro, nos encontramos con nuestra amiga Rosi, su hijo Jhonatan Axel Abraham, Soledad y, el casi mudo, Celestino. Es imposible caminar por allí y no encontrarse con alguien.

Volvimos rápidamente al hostal para ir, junto a Sandra, a casa de su cuñada. Allí debíamos separar algunas donaciones que quedarían en Tilcara y que no subirían, al otro día, a los Amarillos. Es el caso de donaciones para: el club de Maimará, una bolsa de ropa de bebé para Zulema que se extravió y tintas para lana que nos habían solicitado.

Sandra, ni bien terminamos, se fue al hotel Casa Colorada de los Amarillos. Las cosas las trasladamos al hostal en un remis que conducía una mujer. De copiloto iba su niño llamado Lauti, y en asiento de atrás, su perro. Minutos después nos encontraríamos, como todos los viajes, a don Primitivo caminando por la calle.

No teníamos reservadas habitaciones para nuestra vuelta del Durazno. Decidimos visitar el hostel Wayra. Yendo, nos cruzamos con el grupo de Necochea. Si bien parecía, hasta el momento, que los dueños del hostel Wayra se alegraban cada año con nuestra visita, no nos salieron a saludar. Una empleada del lugar nos despachó contestándonos que no tenían disponibilidad para la fecha buscada. Debíamos resolver este tema para tener donde dormir luego de bajar de los valles la semana próxima.

A la hora del almuerzo visitamos un restorán llamado Chicha Libre, a metros del Wayra. Siempre tuvimos la intención de conocerlo porque se veía lindo desde afuera. Desde la calle, se observaba una hermosa terraza con vistas a los cerros y estaba situado dentro de un pequeño paseo comercial abierto. Pedimos cerveza Salta Amarga, un Gin Tonic de pomelo, papines en oliva, pizza y empanadas. Todo riquísimo con el sol pegándonos duro a esa hora del mediodía.

Terminado el almuerzo, caminamos por la plaza y sus tradicionales puestos para comprar algunos regalos.

De vuelta en el hostal, Celestino y su suegra retiraron las tintas para lana que le habíamos llevado. Cero palabras, pero cumplidores.

De vuelta a la plaza a poner en movimiento las piernas. Le llevamos un vino a Humberto, el carnicero, porque siempre colabora con nosotros. Luego, nos encontramos con el grupo de Necochea y le presentamos al agente sanitario para ir rompiendo el hielo. En el almacén de Tomy compramos víveres para nuestras viandas de marcha. Lo mismo hicieron los que viven cerca del mar con las recomendaciones pertinentes del caso.

En el hostel le entregamos dos vinos a Diego. Luego, llegaron la embarazada Zulema, su hija Zahira, Nilda y su niñita Sofia, a retirar las cosas de bebé que no encontramos y las tintas.

El hijo de Mabel llegó después para retirar cosas para su tía Gimena y medicación para su abuelo Chabelo. Fernando España hizo lo propio y retiró material deportivo para la escuelita de fútbol.

A cenar fuimos a la clásica parrilla “Los Puestos”, con la familia de Rulo. Vinieron los cuatro y pidieron, como siempre, milanesas. Ale: lasaña, Maru igual y Juani asado con fritas. Los Gregorio jamás llegan a horario, pero de cualquier modo la pasamos genial.

Durante la cena nos entramos que la persona que nos haría el traslado de las donaciones a los Amarillos en camioneta nos cancelaba el viaje. Realmente nos desesperamos por la hora en que nos estaba avisando, pero diez minutos más tarde, lo pudimos solucionar.

Volvimos no muy tarde al hostal. Armamos mochilas y descansar. Siempre la subida es dura y debíamos estar bien descansados para afrontarla.

Domingo 16 de octubre

5:00am arriba. Pese a las comodidades del lugar nunca se duerme bien las primeras noches. Quizás sea el aire, la almohada o vaya a saber qué, pero nunca se descansa cómo en casa.

Sandra y su esposo Reinaldo nos esperaron con el desayuno preparado. El grupo del Tano debía venir a nuestro encuentro a las 6 para salir en caravana. A la misma hora debía venir la camioneta que nos llevaría a nosotros y a las donaciones. Ni los necochences, ni el flete, llegaron a horario. La mala espina que teníamos con el líder de los paneles se acentuaba. Una hora más tarde salimos los dos vehículos en fila hasta la casa de Amelia, cuñada de Sandra, donde cargamos las cajas. Terminada la estiba, rumbeamos a los Amarillos con la compañía de Soledad. En el camino, olvidamos levantar a Rosana, por lo que debimos esperar en el camino de herradura a la intemperie, mientras la camioneta volvía por ella.

Nuestro vehículo, increíblemente, llegó a destino sin frenos. La van marca Kia del Tano llegó sin agua, a causa de la ruptura del depósito de líquido refrigerante. Ésta última avería ponía en jaque el regreso de los de Necochea a sus pagos, ya que no es fácil conseguir repuestos en Tilcara. Ellos, dejarían el auto estacionado en el Hotel Casa Colorada, subirían al puesto, y al bajar tendrían el auto esperándolos. Por suerte, la repararon de manera casera. También, la camioneta que nos llevó a nosotros pudo volverse a Tilcara previa reparación de sus frenos.

En los Amarillos, además de los burros, mulas y caballos, que entre todos ellos sumaban alrededor de 70 animales, nos esperaba la comunidad con la fraternidad que los caracteriza. Siempre bien predispuestos nos besamos y abrazamos con todos. Además, conocimos a un personaje de caricatura, don Modesto, cuidador del Hotel.

El Tano estacionó su vehículo en garage del hotel y volvió caminando los 400 metros que lo separaban del lugar de partida. Una vez más, nos poníamos nerviosos al ver que tardó más de una hora para recorrer tan corto trayecto. Cada pocos metros paraba por la agitación que padecía y, como si fuera poco, fumaba un cigarrillo en cada stop. La relación entre nosotros se tensaba. A los paneles solares, y demás bártulos, los habían traído sin seguir nuestras instrucciones respecto a su embalaje. La gente de allí necesita tener las cargas bien embaladas para armar cargas parejas y que los animales no sufran tanto la subida. En nada nos habían hecho caso, hasta el momento. Su vestimenta tampoco fue la adecuada, pese a la lista que les había enviado Ale, oportunamente.

Una vez todo listo para encarar el cerro, y debido a la falta cumplimento de las indicaciones dadas, le pedimos al agente sanitario que en vez de montar de entrada los haga salir caminando. De esta manera, tomarían en serio las indicaciones al enfrentarse a la realidad de la montaña. Dicho y hecho. Según lo supusimos, a los cien metros ya no querían caminar más. Fue así, que se montaron y dejando la soberbia de lado, emprendieron la subida escoltados por nosotros que salimos cinco minutos después, luego de pedirle permiso a la pacha, enterrando en sus entrañas algunas hojas de coca y dándole de beber un poco de alcohol.

En definitiva, encaramos la subida más bien tarde, eran alrededor de las 9.15 am. Con las monturas avanzamos al paso hasta el primer descanso en Agüita Dulce. Eran alrededor de las doce del mediodía. Allí almorzamos y dormimos una siesta, en la que los ronquidos de Juani se hicieron notar. Mientras tanto los perros que acompañaban la caravana persiguieron y dieron final a un guanaco. Si bien esto es parte de la vida misma por esos lados, no nos hizo bien ver el desenlace de ese pobre animal.

Pasamos por los 4.200 metros señalados con una cruz cristiana y luego por las dos apachetas. Éstas últimas cumplen la misma función que la anterior, pero son propias de su cultura. Juani bajó de su montura para rendir culto a la misma. Una piedra por cada uno de los viajantes y una pequeña plegaria para que la pacha nos deje llegar bien a destino.

Ya en Campo Laguna avistamos el primer cóndor. Otros guanacos nos observaban desde lo alto mientras avanzábamos a tranco manso. El viento se empezó a hacer notar y cuando hicimos la segunda parada en Abra Lajita el frío se empeñó en dificultar el viaje. Para llegar hasta esta parada hubo que bajarse de las monturas más de una vez. En cada una de ellas se le preguntó al Tano si estaba seguro de continuar y en todas dijo encontrarse bien, pese a que sus expresiones no decían lo mismo.

En este stop aprovechamos para descansar y comer algo también. Allí se disfruta de una de las mejores visas del recorrido. El frío y el viento se pusieron más hostiles. Las nubes subieron hasta nuestra altura y nos obligó a caminar las próximas tres horas dentro de una nube.

La visibilidad era tan escasa que logró desorientarnos. No podíamos ver aquellos puntos de referencia que nos sirven, habitualmente, de guía. Pasando Piedra Parada íbamos sin ver más allá de 5 o 6 metros por delante. De cualquier modo, logramos ubicarnos sin grandes inconvenientes.

Isaías, uno de los de Necochea, no pudo contra el mal de altura. Los vómitos y el dolor de cabeza lo tenían a mal traer. No pudo, ni si quiera, asimilar el medicamento.

En Peña Alta hicimos otra larga parada y un grupo de cargueros nos alcanzó. Eso nos tranquilizó porque quería decir que íbamos por buen camino. Desde allí bajamos al río caminando. Isaías seguía apunado. Cruzamos el puente que Siete Vueltas construyó junto a la comunidad y pudimos evaluar que sigue en óptimas condiciones estructurales.

Como si fuera poco, la llovizna y la noche se sumaron al viaje formándose la combinación perfecta para hacer más dificultosa la llegada. Algunos de los cargueros debían desviarse en el sendero de bajada al puesto sanitario, pero siendo noche cerrada no pudimos identificar cuáles de ellos debían desviarse y cuales debían seguir derecho. Por ende, todos terminaron en la escuela, a la que arribamos alrededor de las 20.30hs, 11hs después de haber salido de los Amarillos.

El último tramo fue de nerviosismo absoluto. La oscuridad no nos dejaba vernos ni las manos. Como no es recomendable prender linternas cuando se va montado, solo nos quedó confiar en las mulas y su percepción. Evidentemente, ellas tienen mejor vista que nosotros en la oscuridad absoluta. Hubo un gran recibimiento del cuerpo docente y auxiliares. Nos cambiamos la ropa mojada mientras Chabelo, portero de la escuela, asaba un cordero bajo techo dentro de la cocina. La lluvia le impedía, obviamente, hacerlo afuera. El humo fue intenso, pero no opacó la alegría del reencuentro.

Ver a Primitivo y a Chabelo juntos nos causó una alegría enorme. Hasta el momento sabíamos que estaban distanciados, aunque ninguno de los dos podía explicar bien los motivos. Hicimos un gran brindis por el día de la madre y no muy tarde nos fuimos a acostar. Si bien nos tenían preparada una noche especial la pospusimos por el cansancio que traíamos. Ya en la cama, rogábamos poder descansar bien.

Lunes 17 de octubre

Amanecimos 7.30 am. A las 9 en punto izaron la bandera. Mates de por medio, saludamos a Hilda, una de las cocineras. También, fue la primera oportunidad que tuvimos para saludar a los niños, dado que habíamos llegado muy tarde y se encontraban durmiendo a esa hora.

Los tres coincidimos en lo mal que habíamos dormido, más allá de que nos habían preparado un lugar con todas las comodidades que en el Durazno se puedan pretender.

Desembalamos las donaciones con la intención de separar lo que debía volver al puesto sanitario. Amablemente, algunos padres, se ofrecieron para armar sus cargueros con el fin de llevar a destino todo lo referido al abastecimiento del puesto y los paneles solares.

Casualmente, los niños tenían una jornada de pesaje y medición de altura, así es que fuimos todos en caravana. Niños, docentes, padres, padrinos, mulas, etc. En el trayecto, doña Carina nos contaba las situaciones de violencia que había vivido y sus terribles carencias, al no recibir ayuda.

Al llegar, el agente sanitario hizo su trabajo y el grupo de Necochea puso manos a la obra en la instalación del equipo de energía solar que reemplazaría a un antiguo panel que solo le brindaba 12 voltios a un foquito de auto. Esa, era toda la iluminación que allí existía. Demás está decir que ese panel nunca andaba.

Siete Vueltas, por su parte, entrego medicamentos, insumos médicos, herramientas de primeros auxilios, etc., dando cumplimento al objetivo que se había propuesto para esta oportunidad. Hoy podemos decir que solamente, al puesto, le falta tener conectividad.

La casa de Don Primitivo se encuentra a 2 minutos de la salita. A la una del mediodía nos recibió con un espectacular cordero a la cruz de madera, que nunca se quemó, y ensalada de cebolla y papas asadas. Los platos no alcanzaban, entonces, el método utilizado fue usar el pan de plato, el pulgar apretando el pedazo de carne y cuchillo para cortar. Tan simple cómo eficaz. Ellos no utilizan cubiertos, su método fue más sencillo aún, comieron con la mano.

Para beber Primitivo siempre tiene gaseosa para convidar, y aunque no esté fresca, reconforta el alma, además de la garganta. Nosotros también contribuimos con un vino que llevamos especialmente para dicha ocasión. Imposible, es describir lo bien que la pasamos en ese almuerzo. Risas, anécdotas, mirlos, show de cóndores queriéndose acercar a un pequeño burrito, Mariano cantando y Maru bailando chacareras con Rulo y Martín, convirtieron la tarde en algo que queríamos que nunca termine. Nos sentíamos en el paraíso.

Al almuerzo también asistieron, Rosi, Carlitos Mamaní, Mario y el Tano que se mantuvo al margen de la mesa sin hacer el mínimo esfuerzo por integrarse.

Si bien la casa de don Primitivo es austera, su baño es un lujo. Maru, no dudo en pedírselo prestado para tomar una ducha. Además de una toalla limpia y calentarle el agua a leña le entregó un jabón sin usar y champú. Atrás de Maru, Juani no vaciló en copiar su idea. Éste fue un verdadero placer al que Ale prefirió evitar por pudor a pedir prestado el baño.

Volvimos con tranco lento hasta la escuela. Tomamos un pequeño descanso y a las 19.15hs ya estaba servida la cena. Lo cierto es que no teníamos hambre, por lo que casi, ni comimos.

En la mesa compartimos charlas y juegos con los niños. Marcela, esposa de Ale, nos confeccionó, en Buenos Aires, unos hermosos manteles individuales personalizados que llevamos para usar y dejar allí, junto a los de los maestros y alumnos. Cada mantel tiene una frase que nos representa, un dibujo y una letra de canción, además de nuestro nombre.

Terminada la cena y con los chicos en el albergue, los docentes, nos invitaron a un café literario. Si bien nos gusta la lectura nos parecía extraña dicha invitación. Lo cierto es, que la banda de docentes nos tenía preparada una sorpresa que consistía en compartir un fernet con coca y hielo. Grata sorpresa nos llevamos. Nos hemos reído hasta descostillarnos haciendo tonteras. Al terminar, fuimos a nuestra habitación y nos espantamos al ver que un perro había entrado y comido las viandas de marcha de Juani y Maru, que servirían de alimento en su regreso a los Amarillos. Primero fue la furia y después vinieron las risas. Luego, a dormir.

Martes 18 de octubre

Amanecimos a las 8.00am. Maru pasó a la bandera y Juani , a modo de juego, saludó a los chicos en inglés. Luego de varios intentos y carcajadas pudieron devolver el saludo a la perfección.

Volvimos a sentir que no habíamos descansado bien. Nunca dormimos toda la noche de corrido.

Para desayunar hubo chocolate con masitas.

Con los chicos en las aulas, nos pusimos manos a la obra. Desembalamos y acomodamos las donaciones que ese día repartiríamos entre la comunidad. Colaboraron: María Ávalos, Celeste, Fabiana, Ricardo , David y Celestino. Terminada la tarea descansamos un rato hasta la hora del almuerzo. Mientras tanto, David llevaba la misión de viajar hasta el puesto sanitario con el objetivo de invitar al grupo de Necochea, a Carlitos Mamaní y a don Primitivo a participar de la jornada de entrega de donaciones, y a disfrutar del clásico partido de fútbol que anualmente disputamos allí arriba.

Un riquísimo arroz con estofado de doña Hilda calmó la ansiedad.

A las 14.00hs arribaron y conocieron la escuela por primera vez. Los maestros nos tenían preparada una sorpresa: confeccionaron remeras con nuestros nombres y una hermosa foto estampada. Las palabras de María, la directora, nos emocionaron hasta las lágrimas. Mariano, Isaías y Luis vivenciaban desde otra perspectiva lo que genera el Durazno. Luego, hablaron Ale y Juani. Obviamente, a Maru, se lo impedía la emoción. Mariano se animó y pronunció palabras que nos terminaron de desestabilizar emocionalmente. Fueron profundas y sentidas. Nos recordaron a aquello que sentimos la primera vez que vistamos los valles. A él, lo siguieron Isaías y Luis, también con hermosas palabras de agradecimiento.

Parece mentira, pero es cierto, que uno viaja con el fin de ayudar y ante dicha ayuda uno recibe ineludiblemente las gracias. Más allá de lo que la lógica indica, y por más trillado que parezca, somos nosotros los agradecidos. De alguna mágica manera, la taba, se da vuelta.

 A las 14.30 estaba todo listo para empezar la repartija. Las mujeres de la comunidad fueron quienes se ocuparon del asunto. Todo sucedió en paz y armonía, como siempre.

Los padrinos entregamos las cosas que llevamos, pura y exclusivamente, para la escuela Finalizado el acto, los hombres, nos atábamos fuertemente los cordones para comenzar el partido de fútbol. Por suerte, a ellos, nunca se les ocurrió medir el talento enlazando animales o hachando, porque seguramente nuestra dignidad se derrumbaría.

El partido resultó fácil para nuestro equipo, porque también sumó a los de Necochea en su plantel. Desde el primer viaje existe una divertida pica en cada partido. Por nuestra parte, rogamos que nunca quieran medir nuestra destreza de otra manera.

Nuestros tres amigos de Necochea pasaron a la bandera. Increíble emoción nos causó verlos allí junto a los niños y escucharlos cantar con tanta efusividad.

Tomamos el té alrededor de las 6 de la tarde. Se confeccionaron las actas correspondientes a las donaciones entregadas y propusieron proyectos para el año entrante. Además, la comunidad y el cuerpo docente votó de manera unánime para aceptarnos como padrinos, frente a las instituciones oficiales pertinentes, cuestión que nos llenó de orgullo y responsabilidad.

19.30hs todos nos sentamos para cenar. Los muchachos aprovecharon para dar una revisada a los paneles instalados por nosotros en un viaje anterior y nos recomendaron agregar más cantidad de baterías para mejorar la autonomía del equipo. El estado también colocó paneles en la escuela este año. La obra realizada, realmente, es digna de admiración.

Carlitos Mamaní se apersonó a la escuela para venir a buscar a su grupo y de paso quedarse a cenar. Hubo truco y risas, además de papas fritas con huevo frito. El Tano quedó solo en el puesto sanitario.

Si bien hubo otra noche literaria, ésta fue más tranquila. El maestro Blas, sin ánimos, se fue a dormir previamente. Charlamos de cine, música y enfermedades. No hubo nada de timba, pero si un brindis con Tía María escuchando a Iván hablar sobre su familia.

Miércoles 19 de octubre

El tiempo, por primera vez desde nuestra llegada, nos regalaba un sol hermoso. A la bandera pasó Juani. Unos días atrás nos avisaban que seguramente la perra de Carina iba a parir y ese día sucedió. Tres hermosos cachorros amamantaban de su madre mientras su dueña pensaba como darles el triste final, dado que no podía hacerse cargo de ellos. Maru no soportaba la idea de que, éstos, terminen muertos y no paró hasta conseguir que de boca de Carina salga la promesa de no matarlos.

Ale y Juani armaron unas estanterías para la cocina. Una vez armada, el pequeño y gran Kevin, junto a Ale, haciendo extrema fuerza de mentira trasladaban una de ellas hasta la cocina. Kevin se sintió un titán.

Mientras el sol nos castigaba, colocamos las imágenes de la Sagrada Familia y la Virgen en un nicho, protegiéndolo con un acrílico para evitar los pelotazos de los niños. Maru, valientemente, probó el arroz con leche a media mañana. Algunos padres ya se iban yendo de la escuela y nos fueron saludando emotivamente.

Para almorzar hubo guiso de trigo y sopa de vitina. Tuvimos una divertidísima sobremesa con los niños.

Los futuros egresados peinaron sus cabellos, vistieron sus impolutos guardapolvos y se dispusieron a sacarse las fotos pertinentes, acompañados de los docentes y de nosotros. Fue hermosos verlos vestidos de esa manera.

El calor obligó a Maru a tomar una siesta. Ale descansó y la ansiedad de Juani hizo que se despabile para comenzar a poner las cortinas de baño, espejos y percheros que habían llevado. Poner un tarugo en esas paredes de adobe es casi más difícil que ganarle a la muerte misma. La frustración, gracias a la colaboración de Rulo, no nos venció. Rehicimos el trabajo un par de veces hasta que quedó culminado. Solo el destino sabe cuánto tiempo aguantarán esos ladrillos de barro el peso de lo que hoy cuelga sobre ellos.

El mate, los cerros y el avistaje de los cóndores terminaron de hacer que la tarde sea casi perfecta. Los lamentos de Yolanda Choque, por sus carencias, nos bajonearon un poco y cambiamos el disfrute del paisaje por prestarle la oreja a quien tan mal la pasa.

Por la tarde noche nos visitó María, la directora, en nuestro cuarto. Tuvimos una interesantísima charla sobre los más variados temas y se nos pasó la cena. Lindo susto nos pegamos a casusa fuerte viento que azotaba la escuela en aquellas horas.

Otra jornada literaria, sin libros que leer, nos reunía en la cocina. Con hambre y sin comida a la vista, tomó Maru la iniciativa de hacer una tortilla de papas de 3kg. Aparentemente, la cocinera, se llevó “sin querer” lo que quedaba para nosotros. De igual manera, hasta el momento, nadie quería cenar. Todos, menos nosotros y María, ya habían comido.

Cuando el plato estuvo listo una avalancha de tenedores ultimaron la tortilla en menos de 10 minutos. Estaba riquísima. Maru se congratulaba en tan difícil desafío, cuestión que le valió los aplausos de todos.

A alguna mente brillante se le ocurrió que era momento oportuno para hacer un karaoke. Armado el set, comenzaron las risas desde el primer minuto.

Ale y Juani hacían el ridículo haciendo imitaciones. Maru y María intentaban afinar, mientras Hugo e Iván no pegaban una. Blas, en cambio, nos regalaba los temas románticos que propiciaron arrojarle alguna que otra prenda de vestir. Su interpretación era de lo más elocuente. También, hicimos un video con auspiciantes del que participamos todos. Fue para descostillarse de risa.

Chabelo nos miraba serio en todo momento y eligió el silencio como canción, convirtiéndose así, en el más sensato del grupo. Hasta esa noche, Chabelo no había descubierto el Jenga, juego de mesa que lo cautivó desde el primer momento que lo jugó. Con tal de verlo feliz se le perdonaron todas las faltas al reglamento cometidas. Nos daba ternura verlo jugar.

Más allá de todo lo divertido, a Juani, le salía un sarpullido en todo el cuerpo que lo tenía incómodo. El chamán del valle, de nombre Isabel Mamaní, apodado Chabelo, aseguraba tener la cura para dicho mal. Un poco de vino, una cervecita y algunos chocolates dieron fin a esta noche para el recuerdo.

Jueves 20 de octubre

A las 8.00AM sonó el despertador con una canción de Tonolec que nos acompaña en cada viaje. EL viento arremetió contra la escuela toda la noche. No mentimos, si decimos que tuvimos un poco de miedo que, obviamente, no nos dejó dormir. El ruido del chaperío era terrorífico.

A la bandera pasamos los tres acompañados por los pequeños Xiomara y Kevin. En este caso no tomamos el desayuno en la escuela, pero si compartimos la mesa con los niños. Al terminar, armamos las mochilas pequeñas y salimos rumbo a la casa Rulo que se encuentra a unos cuarenta minutos del lugar. En el trayecto apostamos quien de los tres acertaba el horario de aparición del primer cóndor. Todos erramos por mucho, fue inmediato.

Al llegar al hogar de los Gregorio, Rosi nos esperaba con unas crujientes tortafritas, exquisitas tortillas y el agua a temperatura, para el cebado que solemos tomar los gringos.

El humo acompañó la mateada. Verla sentada a Rosi con su pequeño palito estirando la masa, pone de manifiesto que tan sencillamente puede vivir uno, sin dejar de ser feliz. Su preocupación, hoy día, pasa por otro lado. Su hija intenta lo imposible para dejar de estudiar y ponerse a trabajar.

Mirando los cerros, mientras Rulo preparaba el cordero para las doce en punto, se lo veía a Primitivo volviendo del monte. Mucho antes de darnos cuenta, estaba sentado a nuestro lado. Nosotros pensábamos que faltaba un montón para que llegue. Este hombre, evidentemente, no camina, vuela. Por supuesto, lo invitamos a compartir la mesa.

Como regalo llevamos vasos y platos para su humilde morada, que recibieron con lágrimas en sus ojos. Brindamos por la salud de Tito, padre de Ale, y viendo reflejado en él a todos nuestros padres. También, lo hicimos por la amistad y por ver a Chabelo y Primitivo intentando recomponer su amistad.

Rulo nos enseñó el baño que poco a poco va tomando forma. Siete Vueltas colaboró a comprar los materiales necesarios para que disponga de algo tan básico.

Con la comida servida, cerveza casi fría, chicha sin alcohol y vino en la mesa nos dedicamos a devorar el cordero cocinado en la improvisada parrilla. Realmente allí, siempre comemos de primera, y es que Rulo cocina más parecido a lo que estamos acostumbrados y por eso nos gusta tanto.

Rosi nos entregó hermosos presentes. Polainas para Maru y Juani y un ergón para Ale. Por su parte, él, le obsequió un chuchillo a Rulo.

Descanso en la mejor vista del mundo, avistamos a otros padrinos que pasarían día y medio en la escuela y que, según se observaba, estaban prontos a arribar al establecimiento.

Rulo partió hacia la escuela a las 14.00hs. El cansancio nos venció y dormimos una reconfortante siesta mientras Jhony no paraba de hablar con Ale.

El baño “viejo” lo visitamos todos. Compartimos golosinas, mate y té de arrayán. Luego, emprendimos la vuelta a la escuela, acompañados por Rosi y Jhony.

Al arribar, estaban los “Padrinos Rurales”. Éstos, son una asociación civil que apadrina las nueve escuelas de los valles, pero bajo otra modalidad. Debido al alcance, no tienen más remedio que pasar poco tiempo en cada una de ellas, por lo que nunca llegan a afianzar un vínculo personal con la comunidad. También es cierto que, pese a ello, hacen una excelente labor y las donaciones que llevan son de buena calidad.

Nos pegamos una ducha calentita y al terminar compartimos un té para conocernos personalmente. La charla no fue de lo más amena. Evidentemente, los celos de un lado y del otro nos jugaban una mala pasada. Quizás, ninguno de los dos grupos, supo poner por delante la labor que llevamos a cabo, gastando energía en ver quien hizo más cosas por el Durazno.

Todo es aprendizaje.

Para cenar hubo pizzas y, para romper el hielo, truco y Jenga. Si bien la idea era sobreponernos al mal trago de tener que compartir estadía con ellos, no lo logramos. Uno de ellos, el más hablador, nos causaba ira por sus modos. De postre, leche de cabra con algo más que nos había dejado Yolanda para probar. A nadie le gusto. La noche terminó sin más.

Viernes 21 de octubre

                Una vez arriba y despabilados, desayunamos todos juntos. Los niños están apegados a nosotros, al igual que los docentes y las familias.

Los padrinos rurales habían programado unos divertidos juegos para hacer con los niños a los que nos sumamos. Esta resultó una linda idea para imitar en el futuro. Pese a todo lo bien que la pasamos jugando, nos reunimos los tres a solas para evaluar una eventual partida antes de lo pensado. Pensamos en ir pasar la noche a lo de Rulo o María Ávalos.

Nos apartamos un poco de todos dejándoles cierto protagonismo. Dejamos que organicen sus donaciones mientras Juani y Ale asaban una choriceada pegadito al horno de barro, donde se cocinaban unas estupendas empanadas en manos de Chabelo.

Con ese contingente de padrinos viajaba Chuspita. Este personaje tilcareño es dueño, junto a su hermano, de la peña más conocida del pueblo. A los dos los llaman igual, pero uno es músico y el otro es concejal. Obviamente, al enterarse que unos gringos visitarían las escuelas de los valles se sumó a la caravana para sacarse algunas fotos que evidencien su “gran” preocupación por el bienestar de la gente de los valles. Hablador como todo político en campaña, no perdió oportunidad de sacar fotos que lo muestren haciendo cosas que, verdaderamente, no hacía. Desde los chorizos, hasta la butifarra y las empanadas. Ale hervía de la bronca de verlo, aunque después terminamos riéndonos de la situación y dejamos de prestarle atención.

Los Padrinos Rurales repartieron sus donaciones. Nosotros nos mantuvimos al margen del acto y mateamos bajo la sombra de los paneles solares. Nuestro malestar por la convivencia con ellos, sumado a la de Chuspita, nos sacaba de eje.

Tratando de cambiar la onda armamos un partidito de fútbol con los dos padrinos hombres, Chuspita, los docentes, padres y madres. Quizás allí tomaríamos “venganza”.

La onda cambió por completo. Nos divertimos muchísimo y el partido fue un descontrol. Al terminar, hicimos desopilantes reportajes con auspicios que nos devolvieron la felicidad. Todo estaba bien de nuevo. Chuspita, al ser entrevistado como jugador, habló como político. Esta vez, no nos molestó sino al contrario, nos hizo reír muchísimo.

Terminado el encuentro, la comunidad recibió información sobre educación sexual, violencia doméstica y de género. Fue interesante escuchar su perspectiva en una cultura que, de por sí, no se acostumbra a estos cambios. Mientras tanto, Ale y Maru dormían una siesta.

Por la noche, cena y baile con todos, incluidos los niños. El otro grupo llevó disfraces y nosotros unas luces psicodélicas.

Chabelo se encargó de curar a Juani de su sarpullido, bajo los métodos propios de su cultura y conocimiento. Le exhaló el humo de un cigarrillo por encima de cada roncha. Terminada la curación, se fumaba un cigarro para despuntar el vicio. Cinco minutos después una médica, parte del grupo de padrinos rurales, le daba un corticoide y un antiestamínico.

La noche se cerró con otro café literario en el que, tampoco, hubo ni café ni libros. Compartimos los últimos elixires que habíamos llevado con los docentes y Chabelo. A terminarse, les regalamos las petacas que los contenían. Estaban súper agradecidos. Se jugó un último partido de Jenga que duró menos de un minuto. La última noche en la escuela llegaba a su fin con el armado de bolsos.

Sábado 22 de octubre

A las 6:20am nos despertamos. Ultimamos el armado de mochilas y viandas de marcha. Al salir de la habitación nos esperaba Ivana con regalos. Vaya a saber uno a qué hora se había despertado y cuanto hacía que nos esperaba. Entregado el presente, así como vino se fue, para volver más tarde al colegio. Evidentemente, no sufren tanto como nosotros el andar por los cerros.

Milagrosamente, Juani no padecía más el sarpullido esa mañana. Todo había desaparecido. Ahora bien, cual habrá sido la cura de este mal: la magia de don Chabelo o la medicación suministrada por la doctora. Elijan ustedes.

En la cocina nos esperaban para compartir el último desayuno los docentes y Chabelo. Tristes por la partida, esperamos a Rulo que se retrasó en venir por nosotros. Llegó media hora después de lo pactado, serían 7.30 am. Vino con su hijo Jhony que, al despedirse, quebró en llantos. Llorando nos despedimos nosotros también y en la bajada de la escuela nos salió al cruce Hilda con su pequeño Nahuel. Y otra vez la congoja.

Un cóndor nos daba la despedida desde lo alto. Caminamos hasta el puente como es costumbre. Rulo nos alcanzó allí. Tomamos un extenso descanso porque fue a buscar animales a un lugar no muy cercano ni accesible.

Una hora y media después salíamos montados remontando la interminable subida. Por atrás, nos pisaba los talones Celestino que, como si nada, acarreaba en sus hombros un tronco de aliso de 10 metros de largo, para convertirlo en tirante para el techo de su casa, que no queda a menos de 6hs de allí y en subida.

Llegamos a Peña Colorada y encontramos, con previo aviso, una Coca Cola que don Primitivo dejaba de regalo para nosotros, con el fin de endulzarnos el viaje. Él siempre está pendiente de los detalles. Hicimos un descanso. Nos despedimos de Celestino y Celeste y Juani, por supuesto, se puso a roncar. Al menos eso le dijeron. Reanudamos la marcha una hora y pico después. Saludamos desde lo alto a Mario y Graciela, que se encontraban dentro de un corral de ovejas. Apenas se los veía en el horizonte.

En Abra Lajita pasamos muchísimo frío. No había abrigo que frene esa sensación. Sin embargo, Rulo prendió fuego bosta de burro seca para darle forma a unas herraduras que luego colocaría a las mulas. Este fuego, también, sirvió para calentarnos un poquito.

Montamos hasta los Amarillos de un tirón. 18.30hs marcaba el reloj cuando largamos los bastones, después de la sufrida bajada del final. El frío nos caló los huesos hasta el último minuto. Por suerte para nosotros, y por desgracia para la remisera, hacia una hora y media que nos estaba esperando para llevarnos de regreso a Tilcara. Si bien estaba media ofuscada por la demora, tuvo el gesto de esperarnos con una bebida fría. Aplacada la sequedad de garganta, puso su auto en modo rally y nos dejó en las cabañas que habíamos reservado para los estos últimos días, parando previamente a retirar las llaves por el hostal La Colorada.

Sorpresa 474, era la dirección, y sorpresa fue la sensación que tuvimos al entrar en ellas y ver tan hermoso lugar. Además de limpio y prolijo tenía una vista espectacular. La habitación de Ale era enorme, y la de Juani y Maru era pequeña, entonces, hubo enroque.

La cena fue, nuevamente, en Chicha Libre. Rulo y Rosi, luego de acomodar los cargueros y acicalarse, se nos sumaron con un poco de retraso a la mesa. Pedimos pizzas, Gin Tonic, papines, cervezas y postres. La charla fue de los más tranquila. Estábamos los cinco, más que cansados. Rulo se quedaba dormido en la mesa. Al terminar, hicimos compras de almacén. Ellos se fueron en remis hacia la Falda y nosotros caminando a las cabañas. Luego, a dormir, había sido un día eterno.

Domingo 23 de octubre

A las 7:00 am Ale ya estaba despierto. Fue a dar una vuelta por la feria esperando que los otros dos se despierten. Esto sucedió a las 10 de la mañana. Habiendo mateado un largo rato, encaramos la calle para ir de vuelta al mercado y al almacén. Allí nos encontramos a Basilio, ex de Carina, junto a Nelson.

Aprovechamos para comprar unos regalitos y para las cosas necesarias para hacer hamburguesas a la parrilla. El día estaba estupendo con un sol pleno. Comimos debajo de la parra escuchando música norteña.

Ya sentíamos que nos estábamos despidiendo. Por supuesto, nunca faltan los brindis.

Luego de ordenar un poco, nos fuimos en remis compartido hasta Purmamarca. El acompañante se bajó en un pueblo lindero a Tilcara, llamado Sumaj Pacha. Una vez en el destino, compramos regalos. Además, como Nilda atiende un puesto en la plaza, la visitamos para retirar un chaleco que había tejido para Juani. Su hija Fiorella y su sobrina Zahira también trabajan allí vendiendo recuerdos, cuando no van a la escuela. De alguna manera todos, trabajando y sin importar la edad, tratan de sumar un peso al hogar.

Nos fuimos a tomar una cervecita en el bar de al lado del añoso algarrobo, pero no sin antes obsequiarles un par de golosinas a las chicas. Supuestamente, este árbol tiene alrededor de 500 años.

Maru compró una hermosa cartera y, Juani y Ale, ruanas y bufandas. Terminadas las compras nos tomamos el colectivo de línea que estaba pronto a salir y viajamos a Tilcara por muy poca plata, a diferencia de la ida que nos salió $2.500.

Antes de ir a las cabañas pasamos por el Hostal La Colorada y nos encontramos a Diego. Este porteño sabe más de Jujuy y su Quebrada que los propios jujeños. Es un libro de geografía abierto. Allí, retiramos unas camperas que le habíamos prestado en la bajada a los Gregorio.

Organizamos un asado para la noche. Invitamos a la comunidad para que se acerque a las cabañas y, así, compartir la comida y el vino.

Salimos a comprar lo necesario y, como era domingo, las carnicerías estaban, en su mayoría, cerradas. Solo teníamos dos opciones. La primera, tenía muy pocas cosas y pésima apariencia. La segunda, tenía un cartel que decía que abría a las 18.00hs, pero eran las 19.30 y seguía cerrada. La vidriera dejaba ver un cartel con un número de teléfono.  Un hombre que esperaba en la fila como nosotros, se comunicó y el carnicero le respondió: “en un rato voy.” Sospechamos que, como boca se jugaba el campeonato, se había quedado mirando el partido. La espera nos sirvió para charlar con el que esperaba. En Tilcara, al menos, podrá no ser importante de qué equipo de fútbol seas, pero sí lo es, a que banda de Sikuris perteneces. Hay miles de sikureros en la Quebrada. Los dos o tres bocinazos y banderas avistadas nos reflejaban que Boca salía campeón. Para nosotros eso no significaba nada.

El carnicero tardó en llegar. Compramos asado, chorizos y cerdo. Al volver a la cabaña nos encontramos con Primitivo en la calle. Andaba mal de la vista porque había estado soldando sin protección. Lo invitamos a pasar a las cabañas y le hicimos las curaciones pertinentes con té.

El frío empezó a apretar de nuevo. Movimos la mesa del comedor al lado de la parrilla. La gente comenzó a llegar. Rulo, Rosi, Nilda, Zulema, Zahira, Yohana, Carlitos Mamani, Martín y don Primitivo con su perro Chucho completaron las escasas sillas que teníamos.

La cena fue divertida y llena de historias. En la parrilla no quedó nada. Lo que no se comió se lo llevaron como vianda para volver al Durazno.

Acomodamos todo y nos sentamos a charlar debajo de la galería. Profundas charlas y llantos, al son de música típica, remataron la última noche en nuestro soñado lugar.

Lunes 24 de octubre

Último día por esas latitudes. “Trempano”, como ellos dicen, suenan las campanas de la iglesia de la plaza chica. Luego del desayuno acomodamos las mochilas y nos fuimos a caminar. Nos encontramos con Mabel, la hija de don Chabelo. Mateamos y de vuelta al mercado.

Curiosamente, Maru sacaba una foto a una virgen que decoraba una puerta. Un hombre se nos acerca y pregunta si conocíamos la historia de esa virgen, puesto que es muy milagrosa. Al responder que no, nos invita a acercarnos a un pequeño museo donde te explican su historia. Una sensación nos invadió. Sentimos la necesidad de ir. Él nos acompañó unos metros, mientras nos contaba de su pertenencia a una banda de Sikuris que llevaba el nombre del único tilcareño excombatiente y caído en Malvinas. A Juani, este tema, lo sensibiliza y le preguntó de todo.

Doña Sara esta paradita allí hace más de veinte años esperando que algún curioso turista entre a preguntarle algo. Curiosidad a nosotros nos sobra, entonces le preguntamos que milagros había hecho esta virgen llamada Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral por la que los quebradeños tienen tanta devoción.  Ella nos respondió que “muchos”, pero que había uno en particular que la tocaba de cerca. Una pareja, hacía doce años, llegó como turista a Tilcara. Al visitar este museo, Sara les dijo que pidan sin prometer nada, ya que era milagrosa. La mujer le confesó que acababa de perder su cuarto embarazo consecutivo. Sara le rogó que no dude en arrimarse a la imagen de la virgen y pedirle el milagro. Así fue, que hace once años la pareja visita el lugar, sin excepción, en honor a la virgen y le agradece la posibilidad de poder haber traído al mundo a, la hoy casi adolescente, “Sara”.

Salidos del museo, entramos en la iglesia lindante, mas no sin antes comprar unos recuerdos. Mientras mirábamos la imagen de la virgen se nos acerca otra señora que toma a Maru por sorpresa. Sujeta su brazo y le de dice que no dude en pedirle porque ella es milagrosa. Minutos después, le comentaba que había oído la voz de la Virgen de sus pagos natales, siendo ella residente en Buenos Aires. Viajó entonces a Tilcara para pedirle por su hijo enfermo. Milagrosamente, éste se curó de una complicada enfermedad, pese al pronóstico desfavorable que los médicos le auguraban.

Luego de esta espiritual experiencia, comimos en “A la Payla”. Zahira se acercó a devolver una campera que la noche anterior le habíamos prestado. Ella, aprovechó para contar algunas malas experiencias vividas, pese a su corta edad y nos dejaba atónitos.

Dimos la última vuelta a la plaza, y es que a Maru siempre le queda algo por comprar. Paramos a tomar un último cafecito con algo dulce en un café literario. Éste, si es verdadero, no como los de aquellas noches en la escuela. Aprovechamos a comprar libros de autores jujeños.

De vuelta en las cabañas, cerramos las mochilas. Dejamos todo acomodado y Sergio, el taxista, nos llevó hasta el hostal La Colorada, donde entregamos las llaves y nos despedimos de Sandra y Diego.

Sin inconveniente alguno, llegamos al aeropuerto dos horas antes del vuelo. Las mochilas estaban pesadísimas. Despachamos, y comimos un tostado mientras hacíamos anotaciones para esta bitácora.

El vuelo fue un placer. El avión llegó a destino a las 21.45. El padre de Juani los esperaba para llevarlos a casa de Alejandro. La mochila de Maru tenía un cierre abierto y un faltante: un queso de cabra que nos habían regalado.

Llegados a casa de Ale y posterior despedida de Juanca, nos dispusimos a cenar una riquísima y estética picada que Marcela tenía preparada. Reunidos compartimos fotos y anécdotas.

Un Uber a altísima velocidad se ocupó de trasladar a Maru y Juani a Pilar, llegando así, al final de este inolvidable viaje.

Conclusiones

Los viajes hasta el momento fueron varios. Sin embargo, hay algo que nos moviliza a decir que, éste, fue el mejor. El afecto recibido por los niños, los docentes y los padres dejan de manifiesto que el padrinazgo fue superado por un sentimiento de amistad.

Hay un vínculo que se vio fortalecido con la incorporación de Maru al grupo en los últimos tres viajes. Las niñas y madres hicieron buenas migas con ella. Ale, aporta gran calidez, sensibilidad y simpatía. Los niños no paran de reírse con él. Juani, por su lado meticuloso con la parte logística y operativa hace que terminen de encajar las piezas y, también, pone el oído para escuchar las carencias y dolencias de la comunidad.

Este grupo está más fuerte que nunca. El Durazno, pese a ser una más, de las varias escuelas que apadrinamos, tiene algo particular que la hace distinta a las otras. Allí somos nosotros, sin corazas y con la sensibilidad a flor de piel. Todo nos emociona. Una canción, una copla, un ave en vuelo, una flor, una sonrisa nos provoca un quebranto.

Los objetivos fueron, una vez más, y con el orgullo que nos provoca decirlo: “cumplidos”,  pero quizás, hoy, no sea lo más importante. Lo mejor, es esta amistad que crece y se consolida, no solo como grandes amigos , sino también como grupo de trabajo.

Volveremos.

Memento Mori – Memento Vívere – Sine Metu