Viaje Solidario a El Durazno, Provincia de Jujuy
22 de abril de 2022 – 1 de mayo de 2022
Contexto
Un sabor amargo arrastrábamos desde nuestra última vez en El Durazno. Evidentemente, aquel lugar ideal, nos tenía mal acostumbrados. De cada visita realizada, solo traíamos constantes alegrías y bellas anécdotas. Lamentablemente, han sucedido cosas no tan felices en aquel viaje de julio de 2021, pero que de ninguna manera lograron opacar las ganas que teníamos de volver a visitar a nuestra querida escuela.
La muerte de Daniel Mamaní nos recuerda día tras día, el olvido que padece esta comunidad y las precarias condiciones en las que se encuentra el puesto sanitario que se ocupa de ellos. Sentimos que allí hay mucho trabajo por hacer. Los cambios constantes de directivos y docentes nos hacen volver a foja cero con cada campaña, y pensar en objetivos a largo plazo no parece la mejor alternativa.
Para nosotros en particular, también se suscitaron grandes cambios. El grupo inevitablemente creció y, por arrastre, lo han hecho, también, nuestros proyectos. Éstos son cada vez más pretenciosos y de mayor alcance. La informalidad con la que veníamos trabajando nos obligó a tomar cartas en el asunto.
Es por ello que durante 2021 decidimos crear una asociación civil llamada Siete Vueltas, en honor a una parte muy exigente del camino al Durazno. Este trayecto requiere de mucha voluntad y compromiso para poderlo atravesar sin rendirse en el intento. Al equipo de trabajo se suman Grubi y Rosana. Auxiliarmente, nos ayuda el Dr. Germán Millet. Los problemas de salud de Sandro lo obligan a no poder abocarse por completo al trabajo que la asociación demanda y, por consiguiente, a desistir de viajar. Maru lo reemplaza a último momento, dado que Grubi tampoco está en condiciones de enfrentar el viaje por una operación reciente que fue un tanto delicada.
Durante el año, articulando desde Buenos Aires, cumplimos dos enormes objetivos. Donamos 30 colchones con sus respectivas almohadas y sábanas y juntamos los fondos para construir un puente sobre el Río Chico que, con la ayuda de Don Primitivo Perez y la comunidad, sería construido y finalizado para fines de año.
En esta campaña les entregaremos mochilas completas a los alumnos, útiles para los maestros, camperas de abrigo, una motosierra, una tv, pizarras y un anafe a gas envasado, 2 garrafas, además de las cosas habituales de higiene, ropa, herramientas para la huerta, etc.
Ya no contamos con Claudio en San Salvador por una mala experiencia, ni con Chabelo, ni con Felipa en la escuela porque se encuentran de licencia por enfermedad y, tampoco, con la gente del hostel Waira para que reciba nuestras donaciones. Es así, que cambian los actores. Se suman Sandra de Hostal la Colorada, quien recibiera y resguardara las donaciones en el hostal La Colorada oportunamente y María, hija de Simona, entre otros para brindarnos su colaboración.
Viernes 22 de abril
Nancy, llevó a Maru y Juani a la casa de Ale alrededor de las 13.30 para almorzar una pizza y un vinito junto a Marcela, la esposa de Ale. Maru aún no comenzaba su licencia por vacaciones por lo que debía trabajar conectada hasta las 16.30hs.
Mientras charlamos y organizamos cosas del último momento Marcela, muy amablemente, cose en la mochila de Juani la bandera argentina y sus Islas Malvinas.
Las mochilas que habíamos comprado por pocos pesos empiezan a romperse de solo mirarlas. Nos preguntábamos si serían capaces de tolerar el viaje en mula. De cualquier modo, no había otra opción.
Un Uber nos pasó a buscar y nos dejó en el aeroparque a las 17:10hs. Si bien el viaje se presentaba de lo más tranquilo, en el camino, nos enteramos de que los valijeros del aeropuerto estaban de paro, cuestión que nos mantuvo preocupados hasta llegar y ver que, por suerte, se encontraban trabajando normalmente.
El vuelo despegó 19:25, con 25 minutos de retraso y llegó dos horas después a San Salvador de Jujuy. Al descender tardamos en concretar el traslado a Tilcara. En esta oportunidad, ya no contábamos con Claudio para tal fin y debíamos arreglarnos por nuestros propios medios. En el último viaje, él nos había fallado. No teníamos nada personal con él, pero los tiempos que manejamos deben tener cierta precisión y no podíamos retrasarnos. En la puerta contratamos un remis que nos llevaría por $6700.
Llegamos al hostel Waira cerca de medianoche. Había alojada una multitud de jóvenes. Con hambre, tiramos las mochilas y salimos rápidamente en búsqueda de algo que cenar, pero todo estaba cerrado. A último momento, el plantel de un restorán nos abrió sus puertas luego de que Maru les rogase. Allí compartimos unas empanadas, milanesas y unas cervezas con la presencia de Mabel Mamaní, hija de Chabelo y Felipa. Entre charlas se fue haciendo tarde. Y estábamos cansados. Siendo las 2 am nos fuimos a dormir.
Sábado 23 de abril
Nos despertamos temprano. El día iba a ser largo. Desayunamos en medio del caos con los mismos jóvenes huéspedes que habíamos visto la noche anterior. El quincho del Waira estaba colmado de gente y bullicio. Hasta el momento, era la primera vez que veíamos tanta gente en ese lugar y esto nos incomodaba un poco. Todos ellos resultaron ser estudiantes de arquitectura de la Universidad de Córdoba y, por suerte, al mediodía se irían dejando el hostel solo para nosotros.
A media mañana, nos tomamos un remis a Maimará. Allí, nos encontramos con Fernando España, presidente del Club Unión Deportiva Maimará. El motivo del encuentro fue conocernos personalmente, ya que Siete Vueltas colaboró con la vestimenta del equipo de fútbol de primera división masculina de este club. Una de nuestras bases fundamentales es promover el deporte y ayudar a los pequeños clubes para que mantengan a los niños y jóvenes alejados de las calles.
Todos ellos resultaron muy cordiales. Conocimos la cancha de fútbol 5 a la que, a pulmón, le han colocado césped sintético. Increíblemente, simpatizantes y jugadores mantienen el club sin ningún otro tipo de aporte. María, hija de Simona y Felipe juega, en la liga femenina y como casualmente se encontraba en medio de un partido, nos entretuvimos mirándola. Ella, además, es amante del running y eso se vio reflejado en la cancha. Era inalcanzable para sus contrincantes.
Al terminar el partido, y luego de recorrer las instalaciones del club, Fernando, nos llevó a recorrer el pueblito de Maimará en su auto. Increíble la tranquilidad de sus calles y el evidente contraste entre las viviendas de los maimareños y las de un tal Manzur, terrateniente del lugar. Ésta se destaca de una manera más que elocuente por sobre las demás. Este adinerado hombre relacionado a la política posee viñedos, fincas y hasta un hotel de lujo sobre las mejores tierras junto al río. También es cierto que es uno de los pocos que da trabajo a la gente del lugar.
Entre charlas surgió la posibilidad de contribuir con una futura escuela de fútbol dentro del club, idea que nos pareció más que interesante. España nos trató amablemente y quedó a disposición para recibirnos en nuestro próximo viaje.
Ya estando de regreso en Tilcara paseamos por el tradicional mercado. Allí abundan los colores de las frutas, las verduras y las especias. Están los puestos de siempre que ya no son novedad para nosotros, pero nos llaman mucho la atención aquellos que venden pociones mágicas para cualquier tipo de dolencia.
Almorzamos en la parrilla de Nico, justo enfrente del hostel. Este lugar sí fue novedad para nosotros. Su dueño es un muchacho joven y trotamundos que se encuentra a cargo del pequeño Tiago. Según él, hace de madre y padre. El niño, de lo más simpático, se entretuvo con nosotros durante todo el almuerzo convidándonos uvas inmaduras de la parra que nos cubría del sol.
Al encuentro asistieron nuestros entrañables amigos de los valles: Rosi, su hija Yovi y la no muy habladora Lore. El folclore siempre se escucha de fondo. Vayamos donde vayamos, siempre, endulza nuestros oídos, creando un ambiente especial. Comimos vacío, cerveza y vino en jarra que aún hoy decoran, seguramente, la Pacha. Haciendo la sobremesa, Nico nos ofreció probar el matambre a la pizza que le había sobrado y, por supuesto, no pudimos deshonrarlo. Realmente, estaba buenísimo. Yovi aprovechó para hacerle algunas confesiones, en privado, a Juani. Ella necesitaba ser aconsejada en cuestiones que comúnmente les suceden a los adolescentes, pero que en aquellos pagos no son para nada habituales. La charla se fue haciendo muy interesante y extensiva hacia otras mesas.
Ale, nunca pierde oportunidad de contarle a quien se encuentre cerca, que somos padrinos del Durazno. Esta acción la repite incansablemente a cualquiera que conozca por primea vez.
Nico nos dijo que escuchó hablar de El Durazno, aunque nunca fue. Sí, está seguro qué conoce a alguien que es oriundo de allí, por lo que hizo un gran esfuerzo por recordar su nombre sin lograrlo. Pero tal esfuerzo no fue del todo necesario. Inexplicablemente, una persona aparece detrás de una ligustrina que divide la parrilla de la calle; se trataba de don Primitivo y nos dice que era a él a quien quería recordar. Nos dimos todos un gran abrazo y Primitivo continuó su rápida marcha para encontrarse con su hermano que lo esperaba a almorzar. Esta situación nos dejó atónitos.
Luego de una reconfortante siesta, y como ya es un clásico en Ale, entregó como obsequio un gorro de lana a Maru y un cuchillo a Juani. Más tarde, fuimos a la plaza a dar una vuelta, encontrándonos con Mabel y sus hijos. Maru y Juani le regalaron a Ale un rosario y una ruana compradas in situ. Luego caminamos hasta el hostal La Colorada. Allí nos encontraríamos con Sandra. Ella fue quien recibió las donaciones, qué con 30 días de anticipación, habíamos mandado por camión. Las trasladamos desde el cuarto del fondo hasta un pasillo cerca de la entrada con la colaboración de Rulo. Tanto a Sandra como a su marido Reinaldo, les obsequiamos unas camperas por su inmensa amabilidad.
Todo había llegado en perfectas condiciones y a bajo costo, gracias al aporte de la empresa de transportes que trasladó la mercadería desde Buenos Aires a mitad de precio.
Aprovechamos para darle a Mabel otras camperas. Éstas, serían para Doña Felipa y Don Chabelo, quienes por motivos de salud no concurrirían a la escuela durante nuestra estadía. Luego, coordinamos con el carnicero Humberto Abalos y Román, sobrino de María, el traslado de la mercadería hasta los Amarillos en sus respectivas camionetas.
Por la noche cenamos lasagna y asado con fritas en Los Puestos. Vuelta al hostel y armado de mochilas. 23.45hs a dormir.
Domingo 24 de abril
5:30am sonó el despertador. El remis manejado por Eliana nos pasó a buscar para llevarnos a Los Amarillos, previa parada en el hostal. Sandra nos convidó agua caliente y té para que tengamos para la caminata. Humberto ya había pasado por el hostal a las 5:00am y había cargado su camioneta. Lo que no entrase en la de él, lo cargaría Román.
Emprendimos el camino que pasa por la Garganta del Diablo y que nos llevaría hasta los Amarillos. En un angosto lugar del camino nos encontramos a Humberto que venía bajando. Aprovechamos para saludarnos y para agradecerle su colaboración. El siempre colabora es bien predispuesto para colaborar. Sabemos que parte de su hacienda la tiene en campos del El Durazno y es Rulo quien se la cuida.
Una vez llegados a la acequia nos reunimos con la querida comunidad durazneña y sus cargueros. Algunos de ellos habían pasado la noche allí, esperándonos, en un frío lugar desprovisto de alguna chapa donde guarecerse. Enseguida, nos preguntamos porque no construir un refugio alguna vez.
Un grupo de gringos, entre ellos un tal Martín, llegaron en camioneta. Nos contaron que realizarían la travesía que llega hasta Calilegua pasando por Huaira Huasi y el Molulo. Casualmente, nos conocíamos telefónicamente. Eran amigos de Grubi y dueños de un hostel de Tilcara. Oportunamente, nos habían ofrecido su ayuda para recibir las donaciones, pero nunca se concretó debido a la escasez de tiemp, por parte de ellos, para responder nuestros llamados.
Como siempre, y debido a lo hostil del clima, había un fuego prendido en el que hervía una café dentro de una lata. Maru se le animó, pero ni Ale ni Juani se sumaron a dicha aventura.
8:30 atacamos la mortal subida montados. La primera trepada es durísima y de esa manera se aliviana mucho. A las 10:00 cruzamos el puente de las Gárgolas. Luego de media hora más de caminata hicimos la primera parada. Los lugareños almuerzan en ese momento. Nosotros incorporamos algunos frutos secos y barras de cereal, como para tener algo de energía. Resultó ser una parada de media hora con siesta incluida.
En marcha nuevamente, seguimos montados hasta las apachetas, que es el lugar más alto del trayecto. Juani puso una piedra por él, por Ale y por Maru para pedirle a la Pacha llegar a destino sanos y salvos.
En Campo Laguna se vieron gran cantidad de guanacos salvajes que los perros insistieron atrapar, pero fue en vano. Si bien a los guanacos se los veían sanos, nos comentan sobre una enfermedad que padecieron hace un tiempo, que les imposibilitaba correr demasiado. Por tal motivo, eran presa fácil para pumas y perros salvajes.
Rulo y Rosi, nuestros amigos guías, son de lo más serviciales para con nosotros.
Al llegar a Corral Ventura, vimos que el puesto se encontraba abandonado por su dueña. Doña Simona y su esposo, don Felipe Culcui, ya están demasiado grandes para vivir en ese desolado paraje, por lo que decidieron mudarse cerca de Primitivo, en las cercanías del Durazno.
Llegados a Abra Lajita, paramos a almorzar. Habíamos llevado sándwiches de jamón y queso, salame y algunas cosas dulces para nosotros y, también, para compartir con nuestros amigos.
El día estaba hermoso, pero allí soplaba un viento terrible. Luego de esta parada retomamos el camino hasta el puente sobre el Río Chico. Este puente fue construido con el aporte económico de Siete Vueltas y con la mano de obra de la comunidad. Fue más que emocionante cruzarlo por primera vez. Era muy peligroso cruzar por el cauce del río en los meses de verano, donde la corriente toma mucha fuerza y trae un gran caudal. El puente servirá para evitar más pérdidas humanas y de animales y asegurará una conexión permanente más allá del estado del río.
El último tramo después del río no es complicado, solo sucede que el cansancio acumulado hace que se haga muy pesado. A pesar de esto, a las 18:00hs, arribamos a nuestra querida escuela de El Durazno.
Desde afuera todo se ve igual que la última vez que estuvimos. Nada parecía haber cambiado. La flamante directora, María Canavire, los maestros y los niños nos dieron una hermosa y sentida bienvenida.
Merendamos con un chocolate caliente mientras Rulo calentaba el agua para que pudiésemos tomar una reconfortante ducha más tarde.
Mientras tanto se fueron presentando los nuevos docentes. Conocimos a Hugo, maestro de educación física; Claudia, la maestra de los jardineros; Blas, el maestro de grado; Iván como el de técnica agrícola; Raquel, con mucho tiempo en la escuela siendo docente del taller de actividades prácticas y María como antigua maestra de grado, pero actual directora de la institución.
A la hora de la cena comimos guiso de fideos y pollo que estaba riquísimo. María, la directora, nos comenta que la falta de personal hace que la escuela este necesitando algunas tareas de mantenimiento y refacción de las cuales tomamos nota. A las 21:00hs ya estábamos acostados en el cuarto que habitualmente utilizan Hugo y Blas, pero que gentilmente nos prestaron para nuestra estadía en la escuela. Desde lo cómodo del colchón, organizamos la semana de trabajo basándonos en las notas tomadas. Entre charlas, compartimos algunas golosinas hasta que nos sobrepasó el cansancio.
Lunes 25 de abril
Amanecimos a las 8.00am, horario que luego se volvería rutina. 8:30hs izamos la bandera con Aurora, el himno a nuestra bandera. Luego, mates para uno y mate cocido para otros con pan y palta con azúcar.
La jornada empezaría con el desmalezamiento de las cercanías de la escuela. Los chicos no se alejan del edificio debido a tanto yuyo. Estas hierbas atraen muchas serpientes y la directora prefiere que los chicos no anden por esos lugares. Ale y Juani trabajan junto a Martin Apaza y Nelson desmalezando el lugar. Los lugareños tienen un excelente manejo del machete y, además, son incansables. Maru los abastece de agua fresca y pone música para hacer más llevadera esta dura tarea.
El trabajo nos llevó toda la mañana. Por su parte Hilda la cocinera, Maru, Karina Robles, Celeste y Nilda hacen lo propio en la cocina. Con gran ritmo elaboran empanadas de carne y de queso y cebolla para el almuerzo de los padrinos, niños, docentes y padres colaboradores. Las tapas de empanadas sobrantes se fritarán y se transformarán en exquisitas tortafritas. Se utilizará el horno de barro para las de carne y fritura para las de queso y cebolla.
Con un descanso previo, Ale y Juani fueron junto a Martín y Nelson a reparar la toma de agua. Las tareas consistieron en desviar el curso de agua que estaba socavando las bases del calicanto, repararlas y luego conducir nuevamente el agua hacia él. Además, se reparó la angosta acequia para que el agua baje por gravedad hasta la escuela. El fin es poder regar la huerta y que los animales tengan de donde beber.
El trabajo fue duro por el peso de las piedras. Ale tuvo un pequeño accidente, pero no fue nada grave. Se resbaló hacia atrás con una piedra cargada en su pecho. Maru, luego de su descanso, se sumó al trabajo consiguiendo y trasladando piedras para construir un dique. Parte de la acequia había desaparecido por las crecidas del río, por lo que los muchachos reconstruyeron las pircas caídas. De paso, aprovechamos para limpiar los filtros, tarea que no se hacía desde nuestra última visita. El trabajo quedó impecable.
Maru consiguió una gran foto en donde se aprecia como se mimetizan los animales con el entorno. La imagen, en donde un sapo se encuentra escondido entre las piedras, requiere demasiada concentración en el observador para ser descubierto.
De regreso en la escuela Juani perdió todos los partidos de canicas que jugó contra los chicos. Ale, mientras tanto, trasplantó unos Lirios en el cantero que rodea el patio.
Se bajó la bandera a la hora señalada. Luego merendamos todos juntos. Té y pan bollo con mortadela cortada bien gruesa. Desde Tilcara, nos enterábamos qué Yovi aprobaba una materia pendiente del secundario. En la escuela merodeaban Rosana, María Avalos y Sole, mamá de Xiomara.
Hubo descanso y ducha para Maru. En el patio se armó paleteo entre Ale y Juani y un posterior torneo de tejo con maestros que salió muy divertido. Se engancharon un montón con este juego. Pese a la oscuridad de la noche, nadie quiso dejar de jugar y el uso de linternas fue inevitable.
Cenamos las empanadas del mediodía. Kevin siempre entretiene la cena. En este caso con coplas, chistes y adivinanzas. Realmente, armó un espectáculo.
Se cerró la noche con charlas y Bailys. Resultó ser una jornada agotadora.
Martes 26 de abril
Amanecimos a las 8.00am. Charlando desde la cama, compartimos los sueños que habíamos tenido durante la noche. En ellos los protagonistas son Tinelli para Ale y el pombero para Maru. También coincidimos todos en lo mal que veníamos durmiendo. No por las comodidades, sino más bien por la altura, la presión, etc. Mejor dicho, nadie sabe bien porqué. Hasta el momento era imposible dormir más de una hora seguida.
Izamos la bandera y luego vino el desayuno. A las 7.30 se reanudaron los trabajos en la toma de agua. Nuestra misión para este día era la de organizar en el patio de la escuela las donaciones traídas. Desembalar, acomodar y evidenciar eran parte del trabajo. Alrededor de las 2.30pm ya estaba toda la comunidad dispuesta y organizada en turnos para pasar a recolectar lo que habíamos llevado para ellos. Entre las donaciones se destacaban un Smart tv de 44”, una motosierra, pizarras, un anafe con garrafa, camperas de abrigo y mochilas completas, entre otras muchas cosas.
Todo sucedió en armonía. Fue un hermoso momento. Uno ve plasmado el esfuerzo de mucha gente en el patio de la escuela. Al terminar esta actividad una gran araña visitaba la escuela. Nadie se animaba a matarla porque, según ellos, son saltadoras y pueden causarte la muerte. María Avalos se convirtió en la valiente exterminadora. Ale se oponía fervientemente a su asesinato, pero nada pudo hacer contra los certeros palazos que recibió.
Los hombres fuimos a jugar el tradicional partido de fútbol que se disputa entre padrinos y maestros versus padres del Durazno. Nuestro equipo lo conformaban Ale, Juani, Hugo, Blas, Ivan y Rulo. El otro, David, Mario, Martín, Pedro, Solano y Nelson. Al cabo del primer tiempo, y tras un rotundo 7 a 1, decidimos salir a jugar el segundo tiempo más tranquilos. La charla técnica del equipo contrario conducida por Solano fue para descostillarse. Los niños hicieron de aguateros. El resultado final 7 a 3 a nuestro favor. En el partido todo fue risas, aunque sabemos que se lo toman en serio.
Indispensable ducha para los hombres de Siete Vueltas y posterior charla en el cuarto con Rulo primero y Rosi después.
A las 20hs el fuego ardía para cocinar cordero y jabalí a la parrilla. La espera para cenar se hizo eterna, pero valió la pena. Comunidad, escuela y padrinos cenamos todos juntos acompañados por el denso humo de la cocina en donde se cocían choclos y papines para acompañar la carne. También hubo ensalada. Unas cuantas Manaos de naranja sobre la mesa nos alegraron la noche.
Tras una jornada extenuante nos fuimos a dormir pasada la medianoche. Un temporal de viento nos mantendría en vilo y en silencio.
Miércoles 27 de abril
Nos despertamos a las 7.00am a causa del viento. Nos habían comentado que esta rareza climática trae náuseas, dolor de cabeza y alergia, y así fue. A las 8.00 izamos la bandera y luego desayunamos cantándole el feliz cumpleaños a Ivana Robles. El viento norte nos acompañaría parte del día. Con él, las arañas salen de sus nidos y las hay por doquier. Lo bueno, es que el clima se vuelve casi veraniego si uno se encuentra dentro de las ráfagas de aire caliente que azotan la escuela.
Juani y Ale se volvieron locos con el armado del anafe y el cambio de picos de las hornallas, debido a la falta de herramientas correspondientes. Debieron realizar unas cuantas modificaciones para que quede óptimo y apto para darle suministro de gas a partir del gas envasado. Maru, por su parte, ayudaba a Doña Hilda en la cocina. Ella había sido picada por un escorpión hacia dos dias, que se encontraba oculto entre el perejil. Untaron pan bollo con picadillo para el desayuno y milanesa de hígado a la napolitana con papas fritas para el almuerzo. También las había de cuadrada. Obviamente, solo Maru se animó a probar las milanesas de hígado.
Solano insistía desde el día anterior con la posibilidad de que el jueves nevara. Parecía imposible debido a lo caluroso y despejado que se encontraba el día.
Por la tarde, Maru lavó ropa. Ale hizo fiaca y Juani instalaba la tv y solucionaba la señal del wifi. Durante el recreo de la tarde jugamos a “Dígalo con mímica” por el cumple de Ivana. Se sumó todo el plantel docente y salió divertidísimo. Ivana recibió una bolsita de golosinas como regalo de Siete Vueltas. Kevin había amanecido enfermo. Sus padres se acercaron a la escuela para tomar la decisión de llevarlo a Tilcara. Karen se despidió de nosotros llorando y Kevin nos regaló e intentó leer una hermosa tarjeta de agradecimiento que nos hizo emocionar. Casualmente, el agente sanitario, llegó a la escuela para cargar su teléfono, dado que en el puesto no funcionaba el panel. Carlitos Mamaní revisó a Kevin y le bajaron la fiebre frotándole limón en la espalda.
Por la tarde, organizamos mochilas de marcha y rumbeamos para el puesto sanitario. Teníamos programada una reunión con Carlitos y Primitivo.
Llegamos rápido y fácil espantando algún que otro intimidante toro. Saludamos a Primitivo y nos dijo que, cerquita de su casa, estaban de “marcada” y allá fuimos a vivir esa gran experiencia que parecía estar esperándonos.
En un corral de pircas había más de cien animales entre vacas, toros, terneros y perros. Un grupo de hombres de lo más fornidos y sudados hacían girar sus lazos tratando de capturar aquellos animales que quedaban por marcar. Esta tarea consiste en enlazar, voltear y sujetar al animal en cuestión para señalar su oreja, a partir de un corte a cuchillo que será distinto para cada familia. De esta manera, podrán distinguir, a simple vista, a que apellido corresponde el animal. Luego, se lo marca con un hierro incandescente y se cuelgan unas coloridas y autóctonas tulmas de sus orejas. Las heridas causadas por lo caliente del hierro se tratan con bosta de vaca como ungüento. Los pedazos de orejas cortadas se entreveran con hojas de coca y alcohol para luego ser enterrados como tributo a la Pacha un día en especial.
Doña Simona, entradísima en años, no tiene miedo de pechar a los animales que se le arriman como bestias. No los ve, es casi ciega, pero los siente venir. Todos allí parecen ser valientes y desaprensivos. Nosotros, los gringos, sufrimos al ver lo que consideramos una tortura hacia los animales, pero Mario, Graciela, Martín, Zulema, Pedro y Gabriel parecieran disfrutarlo a pleno. Parecen estar en trance.
Los sonidos guturales que utilizan para separar al animal que deben marcar del que no, resultan ser de lo más graciosos para nuestros oídos. Los perros que parecieran ser de raza “superior” hacen su parte trayendo de vuelta a las vacas que se escapan. Son verdaderos expertos y no hace falta que sus dueños les den la indicación de hacerlo.
El fuego siempre está prendido. La pava siempre está caliente. El poncho sobre el hombro distingue en cualquier marcada al más vaqueano de los marcadores. Armando Cachagua, hermano de nuestra amiga Hilda, era el merecedor en esta oportunidad. La solidaridad entre familias al momento de trabajar en conjunto deja de lado cualquier antecedente de peleas entre familias.
Si bien los gringos fuimos solo espectadores del asunto, Ale participó de algunas acciones durante la señalada. A pesar de esto, María nos hizo emocionar colocándonos una tulma a cada uno. Esta es una ofrenda que otorga el organizador de la marcada a quienes colaboran con las tareas. Fue realmente emocionante, y es por ello, que en ese momento nos olvidamos de sus manos ensangrentadas por el oficio y tan solo vimos y sentimos la hermosa actitud.
Nos despedimos, nos dirigimos junto con Primitivo hacia su casa. No son más de cinco minutos. En el camino nos encontramos con un personaje de lo más llamativo. Se trataba de Felipe Culcui, esposo de doña Simona. Desalineado y de lo más respetuoso nos causó gracia que el mismo se hace llamar “el peoncito de Doña Simona”. Llegados a lo de Primitivo conversamos unos minutos y nos invitó a movernos hasta el puesto sanitario.
Allí nos esperaba Carlitos Mamaní para tener una reunión que teníamos programada previamente. Cuando llegamos, estaba solo, como de costumbre. Se hizo de noche muy rápido y dejamos de vernos las caras debido a que los paneles solares no funcionaban. Implementamos el uso de linternas para podernos ver, aunque sea los contornos de la cara. Juani metió manos en el panel y luego de modificar algunas conexiones hizo que vuelva la luz. Hacía varios días que estaba a oscuras. A nosotros nos surgió la enigmática dudad de cómo es que con una mínima reparación del panel, que no llevó más de cinco minutos y que probablemente el pudiera realizar también, haya estado días y días sin luz.
Nosotros llevamos unas botellitas de Domingo Hermanos para compartir. Como es costumbre, unas gotas de vino iban a ser derramadas sobre la Pacha entes de ser bebido.
Tanto a Carlitos como Primitivo les entregamos una campera que le llevamos como obsequio. Sobre la mesa esperaban hipnóticas empanadas de carne y masa casera para ser freídas. La reunión avanzó con brindis de por medio.
Esta vez sellaríamos un nuevo proyecto: trabajar por las mejoras del puesto sanitarios. Si bien es un proyecto un tanto ambicioso para nuestras capacidades nos parece que debemos comprometernos con esta causa. Habrá que trabajar duro y conseguir fondos para abastecerlo de energía solar, darle comunicación y proveerlo de insumos médicos. SI bien no determinamos una fecha para la concreción del proyecto, de palabra, pensamos que, para el mes de noviembre podríamos estar cumpliendo alguno de los tres objetivos propuestos.
La cena con nuestros amigos fue estupenda. Ya nos tocaba partir y la noche estaba más que cerrada. Con cielo estrellado y música de fondo emprendimos el regreso con linternas encendidas. Transitar esos senderos de noche es más complicado porque son extremadamente angostos. A todo esto, se suma que el sendero se bifurca muchas veces y uno no cuenta con los puntos de referencia habituales. El temor al tropiezo lo obliga a uno a caminar mirando para abajo. Por suerte tomamos siempre la decisión correcta y no nos equivocamos. Fue así qué llegamos a la escuela como a las 23:30hs habiendo comido innumerable cantidad de empanadas y con Ale ampollado.
En la piedra que está en la entrada del predio de la escuela nos abrazamos y emocionamos muchísimo. Ni siquiera había un motivo, o a lo mejor sobraban, pero el Durazno te provoca estas cosas Por supuesto, todos dormían desde hacía unas cuantas horas. Nosotros repasamos el día y nos lanzamos a la aventura de poder dormir. Sabíamos que nos iba a resultar difícil por lo que nos venía costando desde la primera noche. Mientras hablábamos matamos un par de arañas y apagamos la luz alrededor de las 00:30hs.
Jueves 28 de abril
A las 8.00AM sonó el despertador. Al despertar, los tres compartíamos el malestar por haber dormido pésimamente, pese a acostarnos más tarde y cansados de lo habitual. Desayunamos lo mismo de siempre. Los alumnos de a poco empiezan a marcharse a distintos lados y por distintos motivos. Se supone que el día número 20 de clases corridas es cuando deben irse, pero allí nada es tan riguroso, salvo lo que el trabajo del campo demande. Eso es lo primordial y lo que regula el día a día de la gente.
Junto con el adiós a los niños va creciendo la sensación de que la escuela va perdiendo vida.
Ale y Juani aprovecharon la falta de clases para colgar en el aula de los jardineros y en la de actividades prácticas las pizarras que nos habían donado.
A las 11:00am partimos hacia la casa de Rulo previo armado de mochilas. Tradicionalmente comemos junto a él y su familia un asado cada vez que visitamos el Durazno. Para poder agasajarnos faltó a su trabajo dentro de la escuela y Axel Jhonatan Abraham hizo lo mismo. El sendero a lo de Rulo es extremadamente angosto y con barro. Hay que prestar mucha más atención porque el precipicio que lo acompaña supera los 100 metros de altura. Fuimos despacio, pero constante. Alrededor de 40 minutos más tarde llegamos a su casa. En el último tramo del camino saludamos a Pedro que rumbeaba hacia una marcada.
En la puerta del patio de Rulo nos esperaba toda la familia reunida. Axel con un cartel de bienvenida en la mano y Rosi lavando ropa a mano se acercaron a recibirnos. Ellos son de lo más hospitalarios con nosotros.
Lo primero que Rosi nos muestra al entrar a su casa es una sorpresa para Maru. En lo que ellos llaman heladera se escondían dos cervezas sumergidas en agua fría. Están en todos los detalles y se brindan por completo. El valor de una cerveza fresca allí es incalculable. Por nuestra parte le regalamos a la familia un set de cubiertos y un mate con bombilla. En nuestra última visita solo contaban con algunos cuchillos y dos o tres tenedores. Además, Ale le entregó un cuchillo personal, como regalo, Rulo.
Ale fregó un mate deteriorado por el uso que alguna vez le perteneció y que actualmente utilizaba Rulo. Juani le untó grasa de cordero y lo colocó al calor de las brasas con el fin de que ese cuero vuelva a quedar reluciente. Mientras tanto cortaron salame y queso. Rosi hizo tortafritas para acompañar la picada. La parrilla no tenía un centímetro libre. Asado de cordero, papines y unas provoletas de queso de cabra junto a los infaltables y carnosos choclos de siempre, definían el menú del día. En ese momento creíamos estar en el paraíso.
Por supuesto llevamos el vino Tucumen en caja, como es nuestra costumbre. Siguiendo el ritual, fue que bebió la Pacha primero y nosotros después, mas no sin antes comunicarle a la familia que habíamos decidido regalarles los materiales para la construcción de un baño que hasta el momento no tenían. Entre lágrimas nos agradecieron y nos abrazamos. Minutos más tarde, almorzábamos conversando y escuchando folclore, como no podría ser de otra manera.
Ya con la panza llena y el corazón más que contento la modorra nos invitó a improvisar con unos cueros de cordero las mejores camas del mundo para una siesta que estábamos por tomar.
Con una vista envidiable mejorada por el uso de largavistas y en la que se destaca la posibilidad de poder observar la mayoría de las pequeñas y antiquísimas construcciones que se esconden en los cerros, nos fuimos quedando dormidos. Al despertar llegó el postre, duraznos en almíbar. ¿Qué más podíamos pedir?
Con unas tortafritas que sobraron del almuerzo en las mochilas y luego de los sentidos abrazos y agradecimientos emprendimos el regreso a la escuela. Al llegar, calentamos agua y recalentamos la vianda. María, la directora, compartió con nosotros el momento y las riquísimas tortafritas.
Terminada la merienda fuimos a descansar un rato. Había que hacer tiempo para la cena.
En la escuela se sentía la ausencia de los chicos que ya no estaban. El termotanque quemaba leña tratando de calentar agua para nuestra ducha. La única que tuvo suerte de bañarse con agua caliente fue Maru. Juani y Ale padecieron el agua fría.
20:10 estábamos sentados a la mesa del comedor. El menú de la noche era novedad para nosotros, guiso de trigo. Claramente, la única valiente que se le animó ante este desconocido plato fue la mujer del grupo. Ale lo reemplazó con un té y Juani con nada.
Antes de acostarnos hicimos una rondita de Bailys, casi como todas las noches, acompañado de algunas golosinas que habíamos comprado en Tilcara. Solo nos permitíamos tomar pequeñas cantidades para que dure toda la semana, ya que era con la única bebida que contábamos.
Viernes 29 de abril
A las 8.30hs sonó la campana para la formación. Con los pocos alumnos que quedaban, la escuela se mostraba media desolada. Con un gran gesto, la directora nos invitó a los padrinos a izar la bandera. Avergonzados y orgullosos lo hicimos.
Escuchar el himno a la bandera en ese lugar tan particular nos provocó sentir, realmente, el amor por nuestro pabellón nacional. Al momento de izarla, Juani recordó que la bandera era una de las tantas cosas que alguna vez habíamos conseguido para ellos. Esto le daba un valor extra. Tratar de que ésta llegue a la parte más alta del mástil al mismo tiempo que la música terminase era todo un desafío. Podríamos decir que, al final, casi lo logramos.
Con los chicos en el aula pusimos manos a la obra. Preguntamos a la directora con que tarea de mantenimiento podíamos contribuir y, luego de pensarlo, nos invitó a que reemplazáramos los mosquiteros de la cocina que se hallaban rotos. Sin dudarlo eso hicimos. Nos dio gran trabajo, pero se pudo.
En la cocina, el maestro Ivan amasaba fideos de acelga y las mujeres preparaban la salsa. Como hay escaso personal, los docentes se turnan para colaborar con las tareas diarias, ya sean de la cocina o del albergue. Nosotros aprovechamos para mover la más antiguas de las cocinas y ponerla junto al anafe que habíamos donado.
Al terminar el sabroso y frío almuerzo, los docentes, levantaron sus pocas pertenencias del albergue y con una pequeña mochila cada uno decidieron tomar el camino que los conduciría a Quebrada Amarilla. Este lugar está en la zona de Molulo y por ahí se está construyendo un camino vehicular que, según dicen, algún día llegará al Durazno también si no es que alguna comunidad de pueblos originarios frena el proyecto.
Supuestamente, este camino ahorra entre dos y tres horas al que tomamos nosotros en nuestros viajes. Lo cierto es que nunca se pudo demostrar que sea más rápido.
La directora, nosotros y tres hermanitos somos los únicos que quedamos en la escuela. Su función le impide retirarse mientras haya algún chico en el establecimiento. Fue así, que decidió volver al otro día con nosotros para no hacerlo sola. Si bien se suponía que a las 14:00 retirarían a esos niños, no lo hicieron sino hasta las 18:00hs. En el mientra tanto, la acompañamos a casa de María Robles con el fin de encontrar a su hijo David, quién a cambio de un dinero, le alquilaría una mula y la acompañaría hasta los Amarillos en concepto de guía. Antes de salir apareció Milton en busca de un burro perdido. Lamentablemente no pudimos darle ni media pista para encontrarlo. Él no se hizo muchos problemas al respecto y aprovechó a conectarse y mandar algunos mensajitos.
El camino a casa de María es corto y hermoso. No son más de 15 minutos lo que se tarda en llegar. Por momentos nos da la sensación qué es más verde que la escuela, pese a su cercanía con ésta. Llegando a la casa de María Avalos nos la cruzamos. Ella iba con una hija a trabajar al campo. Le preguntamos si su hijo se encontraba en casa y nos dijo que sí y que luego pasemos por donde ella se encontraría para despedirnos. Fue así, que al llegar a la casa dimos con él y la directora pudo arreglar su medio de transporte y conductor.
David es un chico de 16 años que casi ni habla y que al momento se encontraba herrando un caballo. Nosotros aprovechamos para recorrer su más que humilde casa. Había gran cantidad de perros y gatos. Las hijas de María son capaces de distinguirlos y reconocerlos pese a que parecieran idénticos a simple vista.
Habiendo pactado la hora del encuentro del día posterior volvimos para la escuela, pero no sin antes pasar a despedirnos de María. La encontramos junto a su pequeña hija Ivana dentro de un corral pircado alzando el pico al ritmo de la cumbia chicha. Con cada movimiento salían a la superficie papines de todos los tamaños. Al verla nos invitó a reemplazarla y lo hicimos con gusto y con poca destreza. Nuestro trabajo dejaba mucho que desear, pero fue divertido hacerlo durante 20 minutos. Nos despedimos de ella obsequiándole un mate y bombilla y quedamos que para nuestra próxima visita almorzaríamos en su casa.
Seguimos viaje haciendo una escala en la casa de Doña Valentina. Si bien no la conocemos personalmente sabemos que fue ella quien dono oportunamente los terrenos donde hoy está emplazada la escuela. Su casa es humilde como la de cualquier durazneño, de hecho, parece abandonada. La directora nos cuenta que no es común verla por allí.
Arribamos nuevamente y los tres niños seguían esperando por su madre. Rulo nos preparó el agua para ducharnos. En la habitación recibimos a Zulema, compartimos una linda charla y Maru le obsequió una pulsera. Fue emocionante para nosotros escuchar que nunca le habían hecho un regalo semejante.
Luego, en la cocina, compartimos unos mates. Prendimos un fuego porque ya empezaba a refrescar, siendo Ale el encargado de mantenerlo vivo mientras estuviéramos allí. Aprovechamos a sacarnos fotos con las remeras que llevaban nuestras caras y que Grubi había mandado a confeccionar.
A la cocina se sumó algún que otro visitante. Zulema mandó a buscar un panal recientemente cortado para agasajarnos con su riquísima miel. Ella le reveló un secreto a Maru que no podemos plasmar en estas líneas, pero que solo diremos que nos pone muy feliz por ella. También fue Hilda quien apareció con un tejido de regalo para Ale y nuevamente María Avalos con un pañuelo y un almohadón para Maru. Hila, por su parte, tejió dos hermosos gorros para la dama del grupo.
Gentilmente la directora separó toda la comida que se echaría a perder en los próximos diez días y la repartió entre todas las mujeres que estaban presentes al momento.
Ya con hambre, debatimos sobre que comeríamos esa noche. Solo estaríamos los padrinos, Rulo y la directora. Juani propuso hacer papas fritas a caballo y panqueques con dulce de leche de postre. Comida sencilla, pero no muy liviana para la jornada que nos esperaba al día siguiente. De cualquier modo, todos estuvimos de acuerdo.
Con las papas cortadas y el aceite caliente las visitas seguían allí, sin demostrar la mínima señal de marcharse pronto. La panza empezó a crujir y no hubo opción de que salga la primera tanda de papas que obviamente fue a parar a manos de la pequeña niña Xiomara, hija de Soledad, a quien intentamos engañar con papas de paquete y que, al servirlas, nos dijo “las quiero calientes”. De más está aclarar, que compartir no era el problema, sino que esta última noche en el Durazno la veníamos planeado hacía unos días y queríamos compartirla los tres en un clima más introspectivo. De cualquier manera, todos se fueron yendo y no dejamos de valorar el esfuerzo que hicieron, una vez más, por acercarse a la escuela con el fin de darnos presentes y despedirnos.
Ya estando solos los padrinos, Rulo y la directora aprovechamos para brindar con un vinito que nos quedaba y comimos hasta reventar. Parecía que nos habíamos olvidado la caminata que nos esperaba al otro día. Pero la última noche siempre es especial. Nos hemos reído mucho revoleando panqueques por el aire y ver la cara de satisfacción de Rulo al comerlos con dulce de leche no tuvo desperdicio. Sinceramente, fue una última, íntima y humilde velada que nos marcaba el final de otra visita al Durazno.
Luego de limpiar y dejar en condiciones la cocina brindamos en nuestra habitación con la último que quedaba del Bailys. Compartimos risas y anécdotas. Luego, pero no muy tarde, nos propusimos descansar.
Sábado 30 de abril
A las 5:00am nos despertamos. Había varias cosas por hacer antes de partir. Pasamos por el baño para asearnos y luego desarmamos las camas. Terminamos de guardar en las mochilas cosas de último momento para luego acomodar la que durante la semana fuese nuestra humilde morada. La obligación es dejarla en condiciones para aquellos maestros que diez días después la ocuparían y que amablemente nos la habían cedido yéndose a dormir al albergue de los niños mientras nosotros permaneciéramos en la escuela.
Ya en la cocina, tomamos nuestro desayuno. En ese momento, se suelen mezclar las sensaciones de tristeza por irse, nerviosismo por el camino y ganas de estar en la propia casa también. El camino de vuelta es muy duro, mucho más que el de ida. Las pendientes son eternas y no valerse de una mula para hacerlo es casi una locura.
6:40am pusimos las piernas en marcha. Dimos la última mirada a la escuela que va quedando atrás y una hora y media caminando nos separan del punto donde podremos montar. Este lugar es el cruce Río Chico. Allí llegamos sin cansarnos demasiado y habiendo escuchado hermosas palabras de agradecimiento de la directora para con Siete Vueltas. Fueron hermosas palabras que nos devolvieron un montón de energía para encarar la otra parte del viaje.
Al cruzar el puente nuevo, comprobamos que Primitivo, aquel primer soñador del puente, había colocado un cartel bautizándolo. Dicho cartel, además del agradecimiento a nuestra asociación, explicaba de manera muy detallada que poblador había colaborado con la construcción o acarreo de materiales. Siempre nos dijo que quería dejar asentada la colaboración de la comunidad.
Luego de unas fotos y de armar nuestra propia apacheta nos montamos hasta el primer descanso en Abra Colorada. Desde lo lejos nos saludó la mamá de Don Mario Perez. EL cielo se fue nublando mientras nosotros ganábamos altura. Fue así, qué en un momento, debajo nuestro ya se había formado un mar de nubes que nos acompañaría por bastante tiempo. Es realmente hermoso ver las nubes desde arriba. Por supuesto aquellos que estén debajo de ellas no podrán decir lo mismo.
Llegamos 11:45am a Abra Lajita. Allí hay un refugio abandonado que intentaba frenar un poco el viento terrible que azotaba, pero no lo lograba. Al refugio de una pirca derrumbada cortamos salame y queso. Rulo nos compartió tortas fritas que habían sobrado de nuestro asado, que aceptamos más que agradecidos.
Algún viento le hizo perder a Juani su sombrero y varios cóndores se hicieron presentes. Un burrito de poca edad llamó la atención de Maru y las ampollas de Ale por el momento no se hacían notar. Seguimos montados hasta la cruz, que es el punto más alto del camino. Luego, todo es bajada.
Las puntas de los dedos de los pies se van resintiendo al igual que las rodillas, pero de cualquier manera es menos cansador que subir.
El caballo de la directora parece estar exhausto. David le hizo hincapié en qué no lo deje beber agua durante el trayecto y lamentablemente ella no pudo evitarlo. Esto provocó que el caballo se acueste poniéndola en riesgo alguna que otra vez. Fue una situación graciosa después de todo.
La bajada la hicimos a buen ritmo y sin descanso. 14:30 pasamos por el puente de las Gárgolas y a las 15:30 llegamos a Los Amarillos. Podemos decir, entonces, que llegamos sin contratiempos y la vuelta fue espectacular.
A las 16:00 un remis conducido por Flores, y con Rosi y Yovi de acompañantes, nos pasaba a buscar. Ale con algún dolor de cabeza propio de la altura y al igual que Maru tomaron algo para remediar el síntoma. Rosi nos trajo una gaseosa fría que endulzó nuestro paladar. Al poco rato llegó Pedro por detrás nuestro que venía pisándonos los talones, pero que había salido mucho después que nosotros.
La familia de Rulo bajaría con los animales. Volvimos a Tilcara junto a la directora. En el camino saludamos a Rocío y Valeria que participaban de una marcada cerca de Casa Colorada y más adelante nos sacamos una foto con la escuela de Alfarcito de fondo. Se ve hermosa y cuidada, pero está cerrada por falta de alumnos. Esquivando arrieros un tanto machados que van cortando el tránsito en un camino de cornisa llegamos, velozmente y por un camino alternativo, a Tilcara. La emotiva despedida con María fue en la parrilla Los Puestos. Allí, alguien la pasaría a buscar para llevarla hasta Humahuaca de donde es oriunda.
El llegar al hostel ocupamos las mismas habitaciones que habíamos dejado. Recuperamos una bolsa con ropa limpia que estaban en guarda y nos duchamos con agua caliente sin medir tanto el tiempo.
Tuvimos la visita de Primitivo con quien compartimos una cerveza en el salón comedor del Waira.
A las 20:30 nos encontramos nuevamente con Pedro, Rulo y familia para compartir la última cena juntos, como lo hacemos en cada viaje. Asado para los hombres, lasaña para Maru y milanesas para Rosi y los chicos, cerveza Salta fría, vino Paitelli y folclore. La cena estuvo cargada de charlas y risas. Ellos nos obsequiaron hermosas billeteras artesanales y luego hicimos la última foto.
Domingo 1 de mayo
Juani amaneció con mucha temperatura. Desayunamos al sol con unos ricos alfajores que Ale compartió. Mabel nos sorprendió en el hostel trayéndonos regalos para los tres. Ruana para Maru y llamas de la abundancia para Ale y Juani. Por la situación de Juani se suspendió el plan de ir a pasar el día a Humahuaca. Salimos a dar una vuelta por la plaza de Tilcara y tomarnos el día muy tranquilo. Aprovechamos para visitar la iglesia de la plaza chica. Juani decidió no almorzar y Ale y Maru comieron empanadas. Nuestras últimas horas allí las usamos para comprar algunos presentes para la familia y en acomodar mochilas de viaje.
Las horas pasaron rápido, sin dejar lugar de Tilcara por recorrer. A las 17:30 un remis pasó por nosotros y nos condujo al aeropuerto de San Salvador arribando a él a las 19:00.
Luego de despachar el equipaje nos enteraríamos qué el vuelo estaba demorado. Aprovechamos para cenar algo en el bar del preembarque. Tostados para Maru y pequeñas pizzas para Ale y Juani que hasta ese momento se sentía mejor.
El avión despegó con una hora de demora, pero el vuelo fue tranquilo. En Buenos Aires los padres de Juani nos esperaban para llevarnos a casa, no sin antes hacer un reclamo por la rotura de las mochilas que habíamos despachado.
A la 1:00am del lunes todos descansábamos en nuestras casas.
Conclusiones
EL sentir de los tres miembros de Siete Vueltas que ha viajado en esta oportunidad es coincidente. Nos hemos llevado una grata sorpresa en relación con el ambiente que la nueva autoridad ha logrado imponer en la escuela. Podemos agregar que la escuela se encuentra limpia, ordenada y prolija, con sus alumnos dentro de las aulas y felices. María, la directora, nos ha hecho sentir de lo más cómodos, como así también la comunidad entera. Entendemos que nuestro trabajo y nuestra continuidad van generando confianza y eso nos ayuda a proyectar. Nuestro equipo también se va consolidando. Si bien la escuela se encuentra muy deteriorada, en lo que respecta a necesidades básicas, hemos hecho un gran trabajo. Esto nos conduce a pensar en dividir nuestra ayuda y, quizás, ponerle más atención a la comunidad y sus carencias.
Entendemos que la ausencia del personal que no empatizaba con la comunidad de El Durazno, por ser de otro lugar, ha traído un poco de paz también.
En concusión, podemos decir que hemos logrado los objetivos propuestos, que el grupo ha funcionado de maravilla y que nuestra estadía allí ha sido, probablemente, la mejor hasta el momento.
