«Y prendido a la magia de los caminos, el arriero va, el arriero va»
Athaualpa Yupanqui
«Los que no saben dónde ir están buscándote, los que ya fueron y vinieron vuelven con la fe»
Flor de Tilcara – El Plan de la Mariposa
» Viajando te espero, mi escuela: el camino, cuando el tiempo llegue me darás mi flor»
Mi escuela el camino – La Mancha de Rolando
«Boca seca de tanto mascar y mi espina dorsal hace ruido por mucho subir en el nivel del mar, pero habrá que subir igual.
Ábreme ya, viento sabio y sin edad. Voy a esperar que vuelvas acá.
Tanto tiempo que no venía, y extrañé de verdad a esta gente que me hizo sentir que soy de este lugar.
Ahora voy subir igual. Lejos en la altura podré respirar y mostrarte mi locura para que sepas quien soy. Lejos en la altura respiro mejor.»
En la altura, La Mancha de Rolando
«Amanecí allá en Tilcara, con los amigos de la indiada. Llevarme allí, quiso el destino junto con quienes mi camino comparten.
Tal vez grabada en las pircas, mi voz, como un recuerdo haya quedado; como grabado ha quedado en mi ser, de aquellos, su trato amable.»
Allá en Tilcara., Ricardo Iorio
«El senderito está arriba, la cumbre y el cóndor y abajo el abismo y el río q pasa…y lo demás, o está adentro de uno, o no hay nada»
Atahualpa Yupanqui
«Donde no llega el hombre con sus jaulas, ni la maquinaria de la supervivencia».
Hablando de Libertad, La Renga
«Valles sonoros del pedregal, piedra por piedra el viento va, borrando huellas a mi dolor. Silencio puro es mi dolor».
Doña Ubenza, M. Carrizo
«No me siento extranjero en ningún lugar, donde haya fuego y vino tengo mi hogar».
Vagabundear, J. M. Serrat
«Hoy volví del pago que me tiene prendado desde el día que puse un pie en él. Estando allí descubrí que todo se encontraba idéntico a mi última visita y eso me llevó a pensar que allá en Tilcara hoy, seguramente, esté sucediendo lo mismo que ayer. Sin temor a equivocarme podría aseverar que en sus calles están resonando inocentes coplas, guitarras, erkes, quenas y charangos que le aportan al ambiente una mística especial. También que en la recepción de cualquier hospedaje, por más exclusivo que este sea, no habrá nadie detrás de su mostrador para atenderte. Seguramente en una esquina, alguien está reavivando las brasas de un chulengo para recalentar las tortillas que ayer no vendió y que se niega a descartar. Habrá gente caminando sobre sus angostas veredas sorteando heces de perro sin dueño. Otro hippie encontrará allí su lugar en el mundo. Alguien entrará a la iglesia y jamás encontrará su sacerdote. Habrá quien compre algo y no sabrán cuanto cobrarle. Alguien visitará la Garganta del Diablo y lo considerará una proeza, sin saber que más arriba hay mucho más por descubrir. Se escucharán turistas diciendo que la altura no los afectó y otros tantos a los que los mató. Habrá quien atienda un puesto en la plaza sin hacer el mínimo esfuerzo por generar una venta. Muchos, darán una vuelta más a ella esperando encontrar cosas distintas entre un puesto y otro y no lo lograrán aun haciendo el mayor de sus esfuerzos En el mercado, se seguirán vendiendo ungüentos mágicos para todo tipo de dolencias. En el Durazno, la campana y el himno sonarán día tras día a la misma hora, aunque solo concurra un solo niño. La humeante cocina a leña de la escuela buscará dejar ciego a quien esté cerca. Esta calentará y recalentará una sopa añeja, que será tomada en el almuerzo y en la cena sin que nadie proteste. Los niños y adultos agradecerán los alimentos a Dios y a las manos que los elaboraron. Los cóndores sobrevolarán un cielo infinito con ansias de no pasar desapercibidos ante la mirada humana. Querrán ser contados en pleno vuelo, porque están seguros que no le traerán mala suerte a quien se anime a hacerlo. Todos mirarán hacia arriba intentando dilucidar si lloverá o si el viento azotará el paraje. En el algún puesto de campo el pico irá descubriendo papines mientras la cumbia chicha hace el arduo trabajo más ameno. Alguien se machará con puro alcohol sin saber bien porqué lo hace. Se los escuchará decir lo bueno que sería poder estar comunicados. Una piedra al costado del sendero seguirá siempre parada como si fuera un mojón. Un transeúnte contará si las vueltas de una parte difícil del camino son realmente siete. Alguien con rostro primitivo pondrá rumbo hacia los valles caminando más rápido que el viento y se sentirá realizado al divisar un fornido puente que, de no existir, lo atormentaría día tras día. Un trozo de carne colgará como ropa al sol esperando convertirse en charqui. Se podrán ver decenas de perros acompañando inseparablemente a sus dueños, pero no se los verá pelear ni, aunque deban comer todos el mismo y único hueso. Un fuego calentará un hierro que dejará una eterna marca en el cuero de un animal. Un trozo de su oreja será cortada y ofrendada como tributo a la pacha, acompañado de hojas de coca y alcohol. Todos, ineludiblemente, pedirán permiso a la pacha para poder caminar sobre ella y así poder llegar bien a destino. Una apacheta ganará más y más altura cuando un caminante deposite sus piedras sobre ella. Mulas y burros aprovecharán la niebla matutina para esconderse y burlarse de sus arrieros. Los ojos bien abiertos de una comunidad entera estarán en vilo buscando el rastro del puma. Alguien se arrimará a la escuela, como quien no quiere la cosa, esperando recibir un plato de comida caliente, un mate cocido o conectarse un rato con el mundo. Unas manos agrietadas por el frío tejerán tulmas. Un adolescente abandonará el pueblo y esperará ansioso volver a los valles donde, por más duro que sea el trabajo, se siente parte y de donde cree que nunca debería haber partido. Mañana, en este lugar del mundo, seguramente sucederá lo mismo que hoy.»
En Tilcara, J.I. Varutti
